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Intolerancia Moral y Política

Por Gloria Careaga Pérez

Nos encontramos hoy aquí frente a un debate que creíamos superado. Hace más de 25 años que en México hemos venido luchando por el respeto a la diversidad sexual, contra la coerción y el abuso sexual y por un ejercicio libre y pleno de la sexualidad. En mi carácter de profesora universitaria, a través de estos años hemos identificado la necesidad de profundizar en el estudio de la sexualidad, ahora como una dimensión social que impacta distintas esferas de la vida social.

Sin embargo, los pasos que habíamos dado se ven amenazados. La lucha contra la libertad sexual se ha constituido en una de las preocupaciones principales de los grupos e ideologías conservadoras, encabezadas hoy por fuerzas religiosas y políticas con gran poder, que no aceptan concesión alguna hacia las expresiones de placer y liberalismo de la sexualidad. Es decir, censuran la sexualidad misma al estar ésta íntimamente ligada al hedonismo y la libertad.

En México hoy esta censura adquiere una gran relevancia, ante el posicionamiento del Partido de Acción Nacional (PAN), en condición de poder en diferentes Estados y en el Gobierno Federal, partido en el que diferentes grupos y doctrinas ultraconservadoras han contravenido los propios afanes democráticos de su partido y traicionado las promesas de cambio y democracia que les llevaron al poder, orientándoles más bien a la exacerbación de restricciones a las libertadas más íntimas.

Las organizaciones sociales en México hemos venido trabajando a través de muchos años, por el respeto a la libertad sexual, es decir, el reconocimiento de la sexualidad como esfera importante de la vida de las personas, que hay que apoyar para su sana expresión.

Así, se logró la instalación de programas de educación sexual en distintos niveles de la educación escolar, la eliminación de la homosexualidad como un agravante en el Código Penal, incrementar y mejorar los servicios de atención a la salud de jóvenes y adolescentes y de prevención y atención al VIH/Sida, así como una modificación en la Constitución Nacional para combatir cualquier forma de discriminación, incluyendo la sexual.

Sin embargo, en los últimos tiempos estos avances se han visto amenazados. La alianza que sectores conservadores del Gobierno de México han establecido con las políticas impulsadas por Estados Unidos, en este campo, se ven hoy fortalecidas.

Así, se ha buscado expropiar al ámbito escolar del ejercicio de su función educativa en sexualidad, no sólo retardando el avance en los contenidos de los programas, sino evitando, a través de un Manual para Padres, el que el Estado asuma su responsabilidad educativa en este campo, y promoviendo concepciones conservadoras que no solamente impiden un desarrollo pleno de la sexualidad, si no que reafirman ideas conservadoras, semejantes a las impulsadas por el Gobierno de Estados Unidos en el denominado modelo ABC, en el que pregonan la abstinencia como el vehículo para la dignificación y el mecanismo para enfrentar las consecuencias de una sexualidad “no controlada”.

La imposición de una sola forma de concebir a la sexualidad, no solamente no logra el control sobre ésta, sino que en mucho contribuye a despertar ideas equivocadas respecto al sexo, y a favorecer la vulnerabilidad sexual de las personas, al no darle información eficiente para enfrentar sus deseos y necesidades, y dar lugar a embarazos tempranos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y sentimientos contradictorios respecto de la propia sexualidad y de las expresiones de los otros. La ignorancia nunca ha sido un buen remedio para los problemas, pero en el mundo de las comunicaciones hoy resulta un absurdo.

La problemática de los embarazos tempranos no deseados y las enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el SIDA, fueron ampliamente discutidos precisamente en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de 1994, en el Cairo, al reconocer que los programas implementados para la planificación de la familia, habían dejado sin protección y atención a las prácticas sexuales más allá del vínculo conyugal y con objetivos diferentes de la reproducción, y dieron lugar al planteamiento de la necesidad de instrumentar programas de educación sexual amplios y servicios de atención para jóvenes.

No continuar con estas políticas y dejar la responsabilidad sólo en los padres, tiene consecuencias económicas y sociales importantes y pone en grave riesgo principalmente a las y los jóvenes, en virtud de que no se desarrollan, ni se invierte suficiente en los programas educativos formales, pero si se apoya a grupos conservadores que buscan infructuosamente controlar la sexualidad.

Es más, si reconocemos que el inicio del intercambio sexual entre la juventud se inicia hoy a edades más tempranas en mujeres y en hombres, habremos de considerar que es necesario ofrecer más elementos para un ejercicio de la sexualidad sin culpas, ni temores, es decir, sin riesgos, lo que obligaría a dar mayor acceso y control sobretodo en el uso del condón, en virtud de ser un método ideal a esta edad, para las y los jóvenes.

Por otra parte, el centrar de nuevo la sexualidad en la reproducción y en lecho conyugal, reafirma la idea única de familia, también ya desechada en la Conferencia y no da posibilidad de reconocer en las políticas sociales, las diferentes formas de organización y expresión familiar que hoy vivimos.

El vínculo entre los gobiernos de Estados Unidos y de México en este tema fue evidente en la Conferencia Mundial de la Familia que se desarrolló en México recientemente, donde los discursos de la esposa del presidente de México y la Embajadora de Estados Unidos al unísono pretendieron reafirmar una concepción conservadora y limitada de la familia de la familia nuclear, desconociendo las tradicionales familias amplias de nuestra sociedad, los esfuerzos de las mujeres que encabezan por lo menos el 30 por ciento de las familias y las iniciativas legales por el reconocimiento de las parejas del mismo sexo, y así desacreditaron también, las afirmaciones vertidas respecto de la problemática social que enfrentan otros tipos de familias ante su no reconocimiento en los programas y acciones públicos, lo que las condena a la pobreza y les limita su acceso a los beneficios sociales que les corresponden.

Los gobiernos de la región han reconocido que las condiciones de pobreza que hoy enfrentan grandes capas de la población exigen de un análisis detallado de la vida de las personas, de la necesidad de búsqueda de soluciones a través del desarrollo de programas que se ajusten a la realidad de la vida cotidiana.

Las propuestas que ha traído el gobierno de los Estados Unidos a las últimas conferencias regionales no han tenido eco porque no corresponden con la realidad que vivimos en nuestros países.

La limitación de los recursos para el desarrollo de programas, que el gobierno de Estados Unidos ha impuesto a quienes no se ajustan a sus medidas moralistas en sexualidad es criminal, no corresponde con las preocupaciones de los gobiernos de la región para los servicios que la población necesita, por lo que las consecuencias de las restricciones del financiamiento, en estos momentos, es muy grave y dibuja grandes consecuencias en la salud, como en la organización social y da lugar al posible falseamiento de información que tanto trabajo ha costado transparentar. A través de la búsqueda de la imposición fundamentalista o de la estigmatización de algunos, no hay camino posible.

Quiero finalizar enfatizando que no hay avances reales para encontrar soluciones mientras se continúen planteando concepciones irreales de una ideología, más bien, reafirman problemáticas. La sexualidad es una realidad en la vida de las personas. Seguramente necesitamos conocer más sobre ella, pero apostar a la ignorancia y a la intolerancia nunca nos llevará a mejorar la situación.

El conservadurismo sexual expresado principalmente mediante la censura oficiosa y el terrorismo moral que llevan a cabo grupos de ultraderecha, con el apoyo de la jerarquía religiosa y poderosos sectores empresariales y políticos, contribuyen más bien a promover el SIDA, los abortos y los embarazos no deseados y vulneran la protección y ejercicio de derechos, al negar la expresión y ejercicio de la vida sexual de las personas y buscar imponer ideales de virginidad y castidad.

La intolerancia moral y religiosa, nacida del dogmatismo y de las certezas absolutas, es una amenaza que enseña a excluir, a perseguir y a expulsar a todos aquellos que no comparten sus creencias religiosas o morales, y se traduce en una de las principales amenazas para el futuro de las instituciones democráticas y para todos los que aspiramos a vivir una vida más libre y más feliz.

*Profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM

2004/GC/GVSM

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