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Jefas de familia de Sonora combinan trabajo asalariado con elaboración y venta de productos

Por Silvia Núñez Esquer
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Mujeres de diversos barrios de Hermosillo, como Poblado Miguel Alemán y Pesqueira, entre otros, estudian, conviven y aprenden la confección de productos decorativos, bordados, vestidos, comidas y postres, que posteriormente venden para obtener recursos para ellas y sus familias.
 
En su mayoría son jefas de familia que combinan sus trabajos asalariados como empleadas del hogar, de maquiladora, meseras, empleadas de puestos de comida o como amas de casa, con sus clases de costura, de comida, repostería, bordado y decorados.
 
La exposición de cojines, manteles, caminos de mesa, rebozos, muñecos alusivos a la Navidad, gelatinas, pasteles, y otros artículos, dan cuenta del trabajo que han realizado estas mujeres, quienes en su mayoría tienen a su cargo uno de los hogares con jefatura femenina en Sonora y que suman ya 25.7 por ciento del total de hogares en la entidad, según datos del Inegi. 
 
ESPERANZA
 
La lideresa del proyecto es Esperanza Molina Rojas, profesora de los cursos y presidenta de la Fundación Mujeres de Esperanza IAP, quien desde hace 12 años apoya aproximadamente a 200 mujeres de colonias populares de Hermosillo y otras localidades aledañas, con clases gratuitas y material para confeccionar sus productos, los cuales son puestos a la venta para obtener recursos para ellas.
 
Las destinatarias del proyecto son mujeres jefas de familia en situación de vulnerabilidad económica, y también se unió un grupo de mujeres jubiladas del IMSS, entre ellas doctoras, enfermeras y cocineras.
 
El objetivo de la Fundación es que las jefas de familia tengan dinero para sobrevivir y que éste sea el fruto de su trabajo al confeccionar las manualidades, algunos productos de decoración, comida y repostería.  “Si tú vas a un barrio, vas a conocer a un grupo que pertenece a Mujeres de Esperanza”, asegura Esperanza Molina, mientras conversamos en medio de la muestra de productos expuestos como actividad de fin de curso.
 
Esperanza  ha sido representante de la tribu Yaqui en Sarmiento de Hermosillo y ha vivido en carne propia la discriminación de algunos integrantes de su comunidad, quienes defienden la exclusividad de los hombres para representar a los pueblos indígenas, así como para ocupar puestos de gobernador o de regidor.
 
Recuerda aún cómo impulsó, junto con un indígena seri, la inclusión de las regidurías étnicas en los cabildos, y sin embargo, ella nunca ha ocupado ese puesto en ninguna administración.
 
La motivación que tuvo Esperanza para iniciar el proyecto, orientado al empoderamiento económico de las mujeres, fue que no veía en las instituciones acciones prácticas para dotarlas de herramientas de producción.
 
Se cumple cabalmente la meta de los talleres para que las mujeres al menos obtengan ingresos para la comida del día, y en algunos casos, les puede ayudar a subsistir permanentemente junto con sus hijas e hijos, cuenta Esperanza.
 
PRODUCTOS DE TEMPORADA
 
Los trabajos por lo general son orientados a cada época del año, para que despierten más el interés de los posibles clientes. En este momento sus productos son navideños, pero también producen otros. Por ejemplo, en febrero especialmente trabajan paletas, bollitos, dulces, galletas y chocolates con motivo de la amistad. En primavera, en cuaresma, que abarca marzo y abril, hacen los rebozos para las fiestas tradicionales de los yaquis.
 
Molina Rojas explica que no todas las mujeres que reciben los cursos son yaquis, pues la mayoría son migrantes, vienen de otros lugares del país y se encuentran sin red familiar o de apoyo, y son justamente ellas a quienes se busca para incorporarlas a los grupos.
 
La también integrante del Consejo Consultivo del Instituto Sonorense de la Mujer criticó a gobiernos anteriores por implementar programas como el Hábitat, cuyas sedes ubicadas en colonias populares se encuentran abandonadas, mientras ellas imparten y toman las clases de cocina en una casa facilitada por alguna de las participantes.
 
Los grupos se componen de hasta quince mujeres a la vez, en Hermosillo, Plan de Ayala, Poblado Miguel Alemán, en la costa de Hermosillo y Pesqueira. En esta población se utiliza un local con taller de costura acondicionado por el gobierno municipal, que compró el equipo, pero “no les enseñó a coser”, expone Esperanza, por lo que ella utiliza ese lugar para sus cursos de costura.
 
RECURSOS
 
Los recursos de la Fundación provienen de los programas estatales como el Peso por peso, y también de un patronato de mujeres que organiza eventos sociales para obtener dinero que apoye a proyectos como el de Mujeres de Esperanza. La Fundación provee de los materiales y las mujeres aprenden y trabajan para la venta, y así obtener un ingreso inmediato por su mano de obra y creatividad.
 
El taller de costura es el único que tiene sedes fijas. Uno se ubica en La Matanza, barrio en donde se asienta una comunidad yaqui, para la cual confeccionan la ropa, principalmente. Otro se ubica en Pesqueira y uno más en el poblado Miguel Alemán.
 
Aunque la finalidad es el empoderamiento económico de las mujeres jefas de familia en situación de vulnerabilidad económica, la Fundación Mujeres de Esperanza también hace acompañamiento a las mujeres que se encuentren viviendo situación de violencia, que se quieran divorciar o algún otro problema o emprendimiento que requiera asesoría.
 
La diferencia de Mujeres de Esperanza con otros programas gubernamentales es que algunas colonias donde viven las mujeres son territorios con inseguridad y violencia comunitaria, a los cuales no entran maestras que provengan de alguna institución, mientras que la Fundación Mujeres de Esperanza  llega hasta ellas, las motiva para que participen en los cursos y con ello da un vuelco a su destino.
 
15/SNE/GGQ

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