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Jóvenes de delegaciones rurales del DF sufren discriminación

Por Guadalupe Cruz Jaimes

Para tener información acerca de cuáles son sus derechos sexuales y reproductivos y contar con los insumos para ejercerlos, las adolescentes y jóvenes rurales en el DF afrontan múltiples obstáculos, como las largas distancias entre sus comunidades y los servicios públicos de salud y educación.

Las más desprotegidas son las que están fuera del sistema escolarizado, ya que quienes cursan el bachillerato tienen más posibilidades de recibir información e insumos para gozar de una vida sexual sin riesgos de adquirir una infección de transmisión sexual (ITS), o de quedar embarazada sin desearlo.

Así lo informó Samantha Mino, coordinadora del Programa de Salud Sexual y Reproductiva de las y los Jóvenes de Salud Integral para la Mujer (Sipam), organización civil que desde hace más de una década imparte talleres de salud sexual y reproductiva a estudiantes del Instituto de Educación Media Superior (IEMS) en zonas rurales, semirurales y urbanas marginales de esta ciudad.

Las adolescentes y jóvenes rurales de las delegaciones Milpa Alta, Xochimilco, Tláhuac y Tlalpan, forman parte de los 2.5 millones de personas jóvenes que habitan en la Ciudad de México, las cuales representan el 29 por ciento de la población capitalina.

De acuerdo con la activista, entre las limitaciones que afrontan las adolescentes y jóvenes para ejercer sus derechos sexuales y reproductivos está la distancia entre sus comunidades y los servicios públicos de salud y educativos, ya que éstos se concentran en las delegaciones más urbanizadas.

Mino indicó que en las zonas rurales y semirurales las adolescentes y las jóvenes tienen menores oportunidades de desarrollo. Por ejemplo, al concluir la secundaria tienen pocas opciones para cursar el bachillerato en algún plantel de su colonia o cercano a ésta.

Su acceso a la educación es determinante para que conozcan y ejerzan sus derechos sexuales y reproductivos, debido a que en el sistema escolar es donde se les brinda información científica sobre el cuidado de su salud sexual y reproductiva, e incluso de métodos anticonceptivos para evitar un embarazo no deseado o la transmisión de una ITS.

Además de encontrar información e insumos en las instituciones educativas, éstas "fungen como enlace a centros de salud".

Con base en su labor con estudiantes rurales de la capital, Samantha Mino refirió que tanto en servicios escolares y centros de salud el método al que más acceden las mujeres rurales escolarizadas es el condón masculino.

Mientras que quienes abandonan la educación básica o media superior "viven otra realidad", pues con frecuencia se embarazan a edades tempranas y tienen más hijas e hijos. Y aunque estén en contacto con los servicios de salud (por el cuidado infantil), "no necesariamente tienen más información y acceso a métodos anticonceptivos".

Para ellas existen pocas estrategias gubernamentales, "salvo ferias informativas en explanadas públicas sobre sus derechos, donde tienen acercamiento con instituciones, pero aún es un reto llegar a estas poblaciones (adolescentes y jóvenes rurales no escolarizadas)".

Mino abundó que el embarazo en adolescentes también tiene que ver con "el reconocimiento social que reciben las jóvenes por la valoración de la maternidad", el cual se acentúa en las zonas rurales y semirurales.

En Milpa Alta y Tláhuac se ha identificado que los hombres jóvenes tienen problemas de alcoholismo ligado al consumo excesivo de esta bebida en sus comunidades.

Tal situación deriva en el ejercicio de violencia física y sexual de los hombres contra las adolescentes y las jóvenes, en las relaciones de noviazgo.

Ambos tipos de violencia, documentados por las autoridades de los planteles IEMS en Milpa Alta y Tláhuac, colocan a estas mujeres en una mayor vulnerabilidad de adquirir alguna ITS, incluido el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), advirtió la integrante de Sipam.

A su condición de desventaja, se suma que las adolescentes y jóvenes rurales sufren discriminación en los servicios públicos de salud por pertenecer a este grupo de edad, principalmente las menores de 20 años, sin importar si son solteras o están unidas.

Esta condición obstruye su acceso a métodos anticonceptivos cuando inician actividad sexual: "Hay jóvenes a las que les negaron la colocación del dispositivo intrauterino por su edad y porque aún no tenían hijos, a pesar de que ya hay (dispositivos) adecuados para las jóvenes sin hijos".

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