Juan Pablo II santifica solamente a mujeres e indígenas sumisos: Sylvia Marcos

    Ambos grupos llevan la voz disidente en la iglesia católica
Juan Pablo II santifica solamente a mujeres e indígenas sumisos: Sylvia Marcos
cimac | Cuernavaca.- 26/07/2002

Con su visita a México a partir del próximo martes, Juan Pablo II viene a reforzar su política retrógrada con la cual la Iglesia católica advierte que sólo aceptará a las mujeres y a las personas indígenas que cumplan con sus roles tradicionales de sumisión y abandonen de una vez por todas sus demandas de democracia y autonomía.

Quien afirma lo anterior es la especialista en el estudio de las religiones Sylvia Marcos, quien recibió al reportero en su rústica casa en un barrio clasemediero de esta ciudad, en la que el sol jamás parece intimidarse.

En su estudio, repleto de libros y revistas --lo mismo una obra de Sigmund Freud que un ejemplar de "Vanidades"--, así como de diversas artesanías, una estatuilla de San Miguel Arcángel y un olor a madera y tierra húmeda, la también socióloga bebe su cargadísimo café negro, mientras despotrica entre irónica y molesta contra Karol Wojtyla y la jerarquía católica mexicana.

La también doctora en sicología por la Universidad de Harvard equipara la situación de las mujeres y la población indígena en México, en su actitud de cuestionar y criticar preceptos católicos que los excluyen de una participación más relevante en la estructura eclesial y los consideran como "menores de edad".

"Ahora las primeras voces disidentes adentro de las iglesias son las mujeres. En segundo lugar, los indígenas. Ambos sectores compartimos espacios de marginación y explotación".

UN PAPA RETRÓGRADA

Sylvia Marcos subraya que la política de Juan Pablo II es retrógrada, toda vez que ha violentado los derechos de las mujeres e indígenas en su capacidad para decidir sobre sus cuerpos y sus tradiciones, respectivamente.

Y como ejemplo contundente de ello, señala que la visita del Papa para canonizar al indio Juan Diego --cuya existencia todavía está a debate, apunta—hace patente el mensaje de que el Vaticano sólo va a aceptar y a dialogar con los indígenas "desindigenizados, manipulables, que no siguen sus propios ritos, y a los que no se les respeta su mundo de creencias".

La autora de varios libros sobre género y religión asevera que lo mismo ocurre con los dos indígenas de la localidad de Cajonos en Oaxaca, que Juan Pablo II va a beatificar durante su próxima estancia en México. La leyenda narra que los dos indios fueron linchados por la población tras denunciar a otros nativos que celebraban un rito prehispánico.

"El mensaje de Juan Pablo II es claro: ‘vamos a aceptar al indígena cristianizado, transformado y asimilado. No al indígena autónomo y en relación democrática."

Igualmente, Marcos destaca que en años recientes Wojtyla ha canonizado o beatificado ("para el caso da lo mismo") a mujeres en el mundo como modelos de conducta para la población femenina.

Cita como ejemplos a las italianas Elisabeth Mora y Gianna Beretta. La primera "prefirió dejarse morir que abortar, y representa un caso muy similar a la recién anunciada virgen antiaborto (una virgen de Guadalupe que carga a tres infantes), que ya fue bendecida por el arzobispo Norberto Rivera Carrera". En tanto, Elisabeth aceptó hasta la muerte las golpizas del marido con tal de no separarse de él.

Otro caso que también ha resaltado el Papa, a decir de la integrante del seminario de Antropología y Género del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, es el de la niña-santa de 13 años Ana María Moretti "quien según la historia, que no me la creo, se dejó matar a puñaladas antes que permitir que un hombre la violará, y perder así su virginidad y pureza".

Sylvia Marcos advierte que esas beatificaciones o canonizaciones son sólo una muestra de la política papal contra las mujeres.

También recuerda la carta que el jerarca católico dirigió un mensaje a la población femenina del mundo en la que la llamó a cumplir su papel de sumisión, de represión de su sexualidad y a olvidarse de su pretensión de ejercer el sacerdocio y ocupar cargos en la Iglesia.

DEMOCRACIA EN LA IGLESIA

Partiendo de la idea de que ninguna religión como institución es democrática, ni igualitaria, ya que está estructurada en torno a la jerarquía, Marcos destaca el reciente papel activo de las mujeres católicas para conquistar espacios de liderazgo en el trabajo comunitario de la Iglesia, en las llamadas pastorales.

A su vez, confía en las investigaciones de académicas feministas quienes cuestionan el discurso opresivo y patriarcal de las religiones, para rescatar "el mensaje liberador" que inicialmente contenían las distintas creencias en el mundo, y desenmascarar así la manipulación política de la religión.

"Ahora las mujeres han empezado a tomar más puestos de liderazgo dentro de la Iglesia. Sin embargo, no es la gran cosa. Hay cambios notorios, pero no son ni la mitad de lo que exigimos. Vivimos un tiempo en que la horizontalidad y la democracia permean todos los ámbitos y se han vuelto exigencias de derechos humanos y civiles. La Iglesia católica no es ajena a ello, pero de todas maneras aún no responde a las demandas de las mujeres."

"QUE EL PAPA NOS DEJE EN PAZ"

Finalmente, Sylvia Marcos exige que Juan Pablo II deje descansar a la población "y ya no venga a crear tantas multitudes enajenadas". O al menos, reflexiona, "que tenga más respeto de su misión religiosa y deje de convertirse en una especie de ‘showman’, cuyas visitas a México han sido patrocinadas por la Pepsi y Sabritas"







       
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