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Jubilada de Mexicana da ejemplo de resistencia en AICM

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa
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Cuando llegó el momento, la sobrecargo jubilada Ana Cecilia Bertrand de la Torre se interpuso a la Policía Federal (PF), a las autoridades del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), y hasta a sus compañeros pilotos para defender su derecho a manifestarse hoy, que se cumplen cinco años desde que Mexicana de Aviación cerró operaciones.
 
Al frente de una manifestación de cientos de personas al interior del AICM, Cecilia (con megáfono en mano y un letrero con la palabra “Justicia”) estaba lista desde antes de las 11 de la mañana para gritar al gobierno y a la sociedad la infamia en la que vive desde el 28 de agosto de 2010, que la aerolínea –con 95 años de servicio– dejó de volar y se suspendieron el pago de las pensiones de cientos de sobrecargos jubiladas, pues Gastón Azcárraga –entonces dueño de la empresa y ahora prófugo– la llevó a la quiebra.
 
No obstante, el grupo varonil de pilotos de la aerolínea que también se manifestaron en el AICM pretendieron ponerse al frente de la marcha y arrebatarle a Cecilia la oportunidad de que la causa de las y los jubilados –que por su edad no lograron conseguir otro trabajo para sostener sus gastos y se les suspendió hasta el seguro médico– abanderara la protesta.
 
“Dos años viviendo aquí (…) nadie me va a decir qué hacer; yo he tenido los huevos para defender esto”, le dijo la sobrecargo jubilada de 53 años de edad a un piloto veterano para impedir que la quitara del frente.
 
Y es que “nosotros hemos vivido en un plantón en el aeropuerto por más de dos años y (quien está) primero en tiempo, (está) primero en derecho”, remató la mujer en entrevista para esta agencia.
 
Es cierto, ya que luego de ser engañadas por el gobierno federal que les firmó una minuta para garantizar que reactivaría sus pensiones pero sólo les pagó un mes, Cecilia Bertrand y Rogelio Martínez (ambos sobrecargos jubilados) decidieron dejar sus entidades natales para plantarse el 1 de julio de 2013 con dos casas de campaña y dos mantas en el que fuera el módulo de la extinta aerolínea en el AICM.  
 
La mañana de hoy, los contingentes (repletos de mujeres con ropa azul marino y verde que en otros años portaban con orgullo por ser el uniforme de la aerolínea más grande y longeva del país) avanzaron a las 11 y media de la mañana desde la primera puerta del AICM hasta el último salón de la Terminal 1.
 
La seguridad de aeropuerto rodeaba a las y los manifestantes que formaban filas y filas de jubiladas con pancartas largas que tenían el nombre de la Asociación de Jubilados, Trabajadores y Extrabajadores de la Aviación Mexicana (AJTEAM), la cual fundaron las y los sobrecargos jubilados tras darse cuenta de que el gobierno federal dejó de fondear desde 2010 el Fideicomiso que se había formado, para reponer los ahorros con los que pretendían vivir durante su vejez.
 
La marcha se paró frente al módulo de las aerolíneas Interjet y Volaris. Cecilia levantó el megáfono y denunció que ambas usan ilegalmente las rutas y los “slots” (itinerarios) de Mexicana, por lo que deben pagar una indemnización a las y los trabajadores de la extinta empresa.
 
En la retaguardia de la protesta iban integrantes de la Asociación de Jubilados, Pensionados y Adultos Mayores y de sindicatos del personal en activo. No obstante, Cecilia siempre se mantuvo al frente, gritando secamente y levantando la cara frente al montón de pasajeros nacionales y extranjeros que fotografiaban y comentaban la manifestación.
 
Su fuerza en cada grito ronco escondió que lleva varios meses enferma de los riñones y los pulmones porque el aire y la suciedad del aeropuerto –donde incluso hay ratas– ya desgastó su salud.
 
Desde que vive en el plantón tiene que bañarse en un edificio frente al AICM, donde le dan permiso, y sobrevive de las monedas que le dejan las y los pasajeros en las cajas de zapatos que rodean a las casas de campaña. 
 
En el frenesí de la marcha, Cecilia no pudo frenarse cuando llegó a la última puerta de la Terminal 1. Le pasó como en 2013, que junto con su compañero Rogelio se le ocurrió el plantón porque tras una huelga de hambre y una protesta sin ropa, el gobierno los ignoró.
 
“La inquietud que teníamos por dentro no nos permitía quedarnos callados; la dignidad no te permite callarte, porque si tu sindicato no te apoya, si te da la espalda, si no hay quien alce la voz por ti, la tienes que alzar por ti misma; no puedes permitir una injusticia, que te pisoteen de esa manera”, relató la sobrecargo.
 
Entonces Cecilia –que dedicó 23 años de su trabajo a Mexicana– salió hoy por las puertas de cristal del aeropuerto y paró el tránsito del estacionamiento. Corrió entre algunos coches que tuvieron que dejar de moverse en su presencia.
 
Tal vez sintió lo mismo que el día que puso el plantón. “En ese momento no conocíamos el camino exacto que teníamos que seguir pero buscamos la manera de hacernos ver y oír”.
 
Mientras esquivaba coches, Fausto Guerrero Díaz, presidente de la AJTEAM (en cuyo saco brillaba un avión de plata) se mantenía a su lado e incluso la apoyó a sostener el megáfono mientras ella levantaba las dos manos para que todas las personas leyeran en su manta la palabra “Justicia”.
 
El contingente la siguió en esa travesía, como a veces la sigue su hija de 26 años y su nieto de tres, que viajan desde Veracruz (estado natal de Cecilia) para dormir con ella en el plantón.
 
“Allá está mi familia, mi hija, mi nieto, mis vivos, mis muertos, mi casa y todo; sin embargo me trasladé para luchar por lo que es mío, porque yo no le podía decir a mi hija ‘me robaron y ya, a ver qué hacemos”.
 
Cecilia siguió avanzando por entre los coches que empezaron a desviarse por una reducida vía que quedó abierta al paso. Ahí se detuvo el contingente y empezó un mitin para exigir al gobierno federal que extradite a Gastón Azcárraga a México, para que repare los daños, que los bienes que sobreviven a Mexicana se adjudiquen a sus trabajadores, que se paguen sus pensiones de inmediato, y que el proyecto de crear un nuevo aeropuerto incluya al personal de Mexicana.
 
La furia le enrojeció los ojos verdes. Cecilia tomó el megáfono y les dijo a sus compañeras que no desistan, que la única lucha que muere es la que se abandona, que sigan junto a ella porque sólo así, manteniéndose unidas, van a lograr justicia.
 
La realidad es que ella misma ya quiere regresar a su vida normal: “Ha sido muy difícil no ver crecer a mi nieto, y me he perdido de muchas cosas muy importantes. Ya quiero cerrar este círculo para recuperar mi vida, pero no la puedo recuperar mientras esté pendiente esta situación”, se lamentó.
 
A la altura de la puerta seis de la Terminal 1 del AICM, la PF increpó al movimiento. Aun con tacones, Cecilia corrió para hacer frente a un alto mando y le explicó que respetaba su trabajo, pero lo que estaban pidiendo era justicia para las cientos de familias de personas de jubilados que lo perdieron todo.
 
Luego les dijo al grupo de hombres pilotos que le demostraran un mínimo de valor y que suspendieran el paso vehicular por completo; pero mientras ellos dudaban e intentaban negociar con la policía, ella cruzó los señalamientos viales, frenó a los coches y de nuevo extendió su manta.
 
Volvió a enfrentar a la PF y a decenas de uniformados. Incluso hizo que el director del AICM, Alejandro Arguido, saliera a pedirle que liberara las instalaciones del aeropuerto.
 
Y ella se negó hasta que la sociedad y el gobierno la escuchara. Se sentó por varios minutos frente a los uniformados, mientras las otras sobrecargos y pilotos la siguieron en un acto subversivo. 
 
A una orilla, dos hombres cargaron en brazos a una sobrecargo jubilada que tomó el megáfono y entonó una canción sobre la historia de la quiebra de Mexicana. Las lágrimas de todo el personal mojaron sus mascadas verdes.
 
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