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La ablación: costumbre que viola…

Por Fabiola Calvo

Para el avance de la humanidad no es necesario que el calendario corra y pasen siglos puesto que está visto que aunque hayamos pisado la luna y nos comuniquemos con mucha virtualidad, existen las mayores violaciones de respeto al ser humano, a la vida de hombres y mujeres, con imágenes tan crudas como las torturas por soldados estadounidenses en la cárcel Abu Ghraib en Irak, o las mascares en Palestina por el gobierno de Israel.

No existe razón alguna para torturar como tampoco existe para que se violente el templo del cuerpo de una niña o una mujer con la ablación, práctica en la que se extirpa el clítoris o parte de él, y los labios menores y clítoris, o labios mayores y menores e infibulación (cosen y estrechan la abertura vaginal, dejando un pequeño orificio).

De acuerdo a informes de la organización Mundial de a Salud (OMS), cada día, por lo menos seis mil mujeres corren el riesgo de ser mutiladas en una acción silenciosa heredada culturalmente, y a cuya desaparición se oponen los hombres pero también las mujeres.

Con el fenómeno de los movimientos migratorios la práctica de la ablación ha sido traída a países europeos, y por fortuna es una preocupación de los gobiernos tanto por el hecho en sí, como por las condiciones de higiene en que se realizan.

La Mutilación Genital Femenina (MGF) ha despertado a médicos, jueces, fiscales y políticos en España, sobre todo en Girona, uno de los destinos de los africanos en las última década y donde se concentran unas 19 mil personas de ese origen.

En Girona, un juez retiró el pasaporte a tres niñas gambianas hasta que cumplan los 18 años, para evitar que sean conducidas de ´vacaciones` a su país y sufran la mutilación, dio a conocer Arminda Rosales en el diario 20 minutos.

Otra medida de prevención que ha evitado que por los menos 30 mujeres sean sometidas a la ablación, fue la creación hace dos años del Protocolo de Actuaciones para Prevenir la Mutilación Genital Femenina.

Sin embargo el paso mayor lo constituye la reforma al Código Penal el pasado año que tipifica la ablación como un delito de lesiones graves y determina una pena entre seis y 12 años de prisión y la pérdida de la patria potestad.

Diferentes campañas han dirigido organismos internacionales para la abolición de esta costumbre que nada tiene que ver con creencias religiosas, también las presiones penales están entre las medidas, no obstante, quizá la más importante sea la de la convicción, tarea a la que se dedicó la ex modelo somalí Waris Dirie.

Waris, hija de una familia nómada que dedicó su infancia a buscar agua para los camellos, fue mutilada a la edad de cinco años. Por ella -entre otras- , por sus libros, conocemos detalles del ritual y las condiciones sociales en que viven los pueblos que lo practican.

*Periodista colombiana residente en Madrid, premio 2003 La Mujer en la Unión Europea

2004/BJ

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