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La crisis de la política exterior

Por Lucero Saldaña

En los últimos años la política exterior de México ha tenido un marcado sesgo hacia los asuntos económicos. Y mientras el Canciller Derbez buscó afanosamente la Presidencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), a punto estuvimos de enfrentarnos contra nuestro socio histórico Chile.

La eficacia en las negociaciones con Estados Unidos está en duda, ya que nada prosperó para apelar en contra de la Ley denominada Real ID (HR416), presentada por el presidente del Comité Judicial, Sensenbrenner, y aprobada tanto por la Cámara de representantes como por los Senadores y promulgada hace unos días, por el Presidente Bush.

Desde la administración de Miguel de la Madrid, de 1982 a 1988, los asuntos de la deuda externa y la apertura comercial fueron ejes de la política exterior, aunque México tuvo una presencia importante en asuntos de seguridad como fueron los casos de Contadora y el Grupo de los Seis.

Sin embargo, a partir del período presidencial de Salinas de Gortari, la política exterior tuvo una orientación más economicista. El tratado de Libre Comercio de América del Norte, la firma de otros acuerdos comerciales, el ingreso a diferentes organizaciones fueron prácticamente los hilos conductores de la política exterior mexicana de 1988 a 1994.

En la administración zedillista, la política exterior de México se enfocó, primero a la resolución de la crisis financiera de 1994. Más adelante, el tema destacado de la diplomacia mexicana ha sido la búsqueda de un tratado de libre comercio con la Unión Europea. La política económica de la reciente administración ha experimentado cambios acelerados, mientras que los cambios en el marco político han sido demasiado lentos y poco significativos.

La política exterior actual es de puertas abiertas a la inversión extranjera, de libre comercio y de renegociación de la deuda externa. El tema migratorio no ha tenido la contundencia para que nuestro vecino cambie de perspectiva sobre el fenómeno.

No cabe duda que de que uno de los rasgos principales de la política exterior de México en los últimos años ha sido su reducida capacidad de negociación internacional.

Esta debilidad del poder negociador de la diplomacia mexicana se debe en gran medida a la dependencia económica de México frente al sector externa, la concentración comercial hacia el mercado de Estados Unidos, la influencia de las empresas multinacionales, la desventaja de tener una fuente dominante de inversiones extranjeras y los problemas económicos internos han provocado que México tenga un margen reducido de negociación.

A lo largo de la historia mexicana, la política exterior había tenido una congruencia con el proceso de consolidación del Estado-nación. Ahora la política exterior ha sufrido un retroceso en términos de su proyecto nacional. En primer lugar, por el marcado sesgo económico. En segundo, hay una concentración en la relación con los países del norte. En tercero, el gobierno mexicano ponderó los intereses a corto plazo, sacrificando los de largo alcance.

Ahora podemos ver que nuevamente se tensa la relación entre México y EEUU, con las medidas antimigrantes para prohibir la tramitación de la licencia de conducir, la construcción de un muro en la zona de San Diego, California, y destinar mayores recursos para la Patrulla Fronteriza, los efectos son preocupantes ya que se criminaliza la migración trayendo como consecuencia un impacto negativo en la población hispana.

Si bien la ley entró como una serie de medidas de seguridad contra el terrorismo, las consecuencias son tratos discriminatorios, y por lo tanto violatorios a los derechos humanos. La oportunidad no es ir a los organismos internacionales ante los cuales, Estados Unidos no ha dado cuenta ni firma los tratados internacionales, lo que está en puerta es la Reunión Parlamentaria México- EEUU, para poder insistir en las iniciativas migratorias que tienen que ver con emigrantes temporales.

Debemos aceptar que la migración es un fenómeno mundial y que afecta a varios países entre sí, por lo que necesitamos recuperar la posición negociadora frente a otras naciones para hacer un frente común ante estás políticas antimigrantes, que por lo pronto no tenemos.

Sin duda que el próximo Presidente de México debe tener una visión diplomática que responda a los intereses de la nación.

*Senadora de la República. [email protected]

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