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La danza, cuerpo en movimiento

El cuerpo que se expresa en el fluir del movimiento, además de resquebrajar la rigidez del personaje-postura, nos permite entrar en el movimiento de la vida y atrapar su secreto, según Vincenzo Rossi, psicólogo y psicoterapeuta fundador y director del Centro Río Abierto-Italia, una forma de “aprender a transformarnos y a crear y re-crear descubriendo la alegría de la recreación: es una manera de ir al encuentro de nuestra plenitud”.

El movimiento es la causa de toda vida, señala el crítico de danza Walter Sorell al tomar una cita del pintor de origen italiano Leonardo da Vinci. Y la danza, como obra de arte, es un arte en movimiento, fuente y esencia de la vida. Su idioma es el silencio, su vehículo el cuerpo humano.

En su libro Reflexiones de una Maravilla (1987), al hablar de cómo su vida se ligó para siempre a la danza a través de la crítica, Sorell la describe como una “aproximación de la satisfacción espiritual, de una visión poética o de la realización más cercana a la ilusión”, así vivió en múltiples ocasiones al ballet como “un mundo de sueños bellamente pintado”.

No es despreciable esta apreciación. Lo dice un crítico, luego de más de 35 años de observar y escribir acerca de sus percepciones de la danza. Además de ver y/o convivir con varias de las leyendas de este arte: Isadora Duncan, Doris Humphrey, Mary Wigman, George Balanchine, Hanya Holm, Merce Cunninhham, Rudolf Nureyev y Twyla Tharp.

Según el crítico mexicano Alberto Dallal, los elementos fundamentales de la danza, que al integrarse en una obra ofrecen al público la sorpresa del movimiento, son: cuerpo humano, espacio, movimiento, impulso del movimiento (sentido, significación), tiempo (ritmo), relación luz-obscuridad, forma, espectador-participante.

Al hablar del impulso de la danza, Alberto Dallal considera que danzar, bailar, significa “mover el cuerpo en el espacio”, un movimiento que no puede ser cualquier movimiento, dice, sino que para pertenecer al ámbito de la danza debe contener, además, significación.

“Un hálito, un acento, una carga impuesta por el bailarín, por el danzante, por el artista que diferenciará a este movimiento de todos aquellos movimientos que seres humanos y animales realizan para sobrevivir, para moverse dentro de la naturaleza”, especifica.

Así, en su texto “Cómo acercarse a la Danza” (1988), Dallal coincide con Sorell cuando asegura que los movimientos propios de la danza y de las y los danzantes son movimientos impregnados de significación, “de la misma manera que los versos de un poema –palabras que van puestas una detrás de otra— poseen una significación que las hace poesía y no lenguaje o ‘redacción’ común y corriente”.

No hay una sola forma de enfrentarse a la danza, ni como bailarín o bailarina, ni al crear una coreografía ni como público espectador, como no lo es para ninguna otra obra de arte. La danza es, parafraseando a Dallal, un mundo infinito en el que existen innumerables maneras de establecer una relación siempre cambiante, sorpresiva y plena.

henavv@yahoo.com.mx

* Periodista mexicana, narradora oral, facilitadora de grupos, terapeuta con Enfoque Centrado en la Persona y Gestalt, instructora asociada de Tao Curativo (www.taocurativomexico.com)

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