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La deserción escolar alcanza niveles preocupantes en Colombia

Por la Redacción

Del total de 11 millones 600 mil niños y jóvenes colombianos entre los cinco y 17 años de edad, hoy trabajan un millón 700 mil; 200 mil buscan empleo y ocho millones 550 mil realizan oficios varios para ganarse la vida, revelan datos oficiales.

Cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) indican además que la mayoría de esos menores son explotados como obreros, empleados domésticos, mendicidad, prostitución infantil y ventas callejeras, reporta en su edición de hoy Canal Solidario.

Asimismo, agrega el DANE, de cerca de tres millones de personas desplazadas por la violencia, más de la mitad son menores en edad escolar, y de éstos más de 800 mil abandonan definitivamente las aulas de clase.

Por su parte, Beatriz Londoño, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), manifestó que la situación económica del país, la deserción escolar, los altos índices de desempleo y subempleo y la depauperación de las familias han disminuido los recursos destinados a la educación de los menores.

Esta crisis, manifestó, se da en todos los estratos sociales, desde el más bajo hasta el más alto, pues el presupuesto que antes se destinaba a la enseñanza de los infantes ahora se tiene que emplear en otras necesidades más perentorias.

Londoño aseveró que frente al deterioro económico y pérdida del empleo de sus padres, los niños y jóvenes se ven forzados a desertar de los planteles educativos y en la mayoría de los casos entran al mercado laboral informal en condiciones degradantes de explotación.

“La situación de la niñez y la juventud es muy grave, porque se ven obligados a dejar de estudiar de manera permanente, con la consecuente pérdida de capital social y humano”, afirmó la directora del ICBF.

Sobre esa grave situación de la niñez y la juventud colombianas, la última edición del Semanario Voz refiere el caso de una madre cabeza de familia.

En ese sentido, el periódico señala que Mariela Pinto, madre de dos niños, tuvo que retirar a sus hijos de estudiar, porque no tenía cómo comprarles zapatos ni ropa, mucho menos para el transporte, la merienda y los útiles escolares, porque lo que gana apenas le alcanza para pagar arriendo (alquiler de la vivienda) y “medio comer”.

Todos los días, asegura Voz, los hijos de Mariela están en algún semáforo de la ciudad limpiando vidrios, víctimas de la agresión y la ira de muchos conductores, mientras su mamá vende aguacates en el mismo lugar.

03/CS/GMT

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