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La Gran Manzana no está exenta de violencia de género

Por Leticia Puente Beresford/corresponsal

¡Qué poca!, le volvió a pegar… ¿verdad? No, no me digas… que … la mató… Eso es lo último que se desea escuchar aquí, en la Gran Manzana, una ciudad del primer mundo donde, sin embargo, la pandemia de la violencia contra las mujeres, específicamente la violencia doméstica, existe y es cotidiana.

Martha Castillo supo que su clienta tenia problemas, porque durante sus sesiones semanales de tratamiento de cabello, siempre eran interrumpidas por llamadas telefónicas que le hacía el novio de ésta, quien enojado la acusaba de estar saliendo con otro hombre.

Magda Florentino notó, mientras atendía a otra clienta y le levantaba el cabello para lavárselo, que ésta tenía quemaduras de cigarro y no le creyó la explicación de que le había ocurrido accidentalmente cuando servía como mesera en un bar.

Y Cándida Vázquez recibió una llamada histérica de una clienta, luego de que durante tres horas le había realizado una sesión de de trenzado de su cabello. Todo, porque el novio odió la nueva apariencia, y en un arranque le cortó no solo el añadido de cabello trenzado, sino el propio cabello de la clienta.

La señora Vázquez dijo, sin embargo, que no le sorprendió el telefonema, pues con frecuencia sus clientes le cuentan sus personales historias. ‘Son muy tormentosas, ellas solo vienen a compartirlas’, explicó.

El periódico The New York Times informa lo anterior en un articulo del pasado 20, y en este indica que trabajadoras y trabajadores de los salones de belleza ayudan y son centinelas de abuso doméstico, se les esta entrenando para ayudar a las mujeres víctimas de violencia doméstica. Y continua: El privilegio de que las clientas tengan una relación terapéutica con sus arregladoras de cabello ha sido, por mucho tiempo, objeto de artículos y de películas.

Un movimiento creciente en Nueva York y en la nación está tratando de identificar y prevenir la violencia doméstica, un perverso problema del cual las victimas muy seguido se avergüenzan de revelarlo a personal para que se aplique la ley o a otros oficiales públicos’, sostiene el rotativo neoyorkino.

Las señoras Vázquez, Castillo y Florentino son estilistas de Manhattan, quienes han sido entrenadas como parte integrante del programa que ya tiene un año de haber sido puesto en marcha en la ciudad por la administración de ‘Children’s Services in beauty salons in the Washington Heights’, donde muchos casos de violencia doméstica y negligencia incluyen violencia, no necesariamente ligada a menores de edad.

Esta iniciativa se ha puesto en marcha en todo el país y es mejor conocida como ‘Cut it a Out’, con base en Chicago. Ha entrenado a cerca de 40 mil trabajadoras y trabajadores de la belleza en 50 entidades, reconociendo señales de abuso doméstico.

En los pasados meses, el programa Cut it Out fue adoptado por Empire Education Group, que tiene 87 escuelas de cosmetología y es apoyado por American Association of Cosmetology Schools, y esa organización representa, al menos, otras 800 escuelas.

Cerca de 600 mil mujeres y niñas, y 144 mil hombres y niños alrededor de la nación han sido victimas de violencia por un compañero íntimo durante 2006, según información del Federal Bureau of Justice Statistics.

El año pasado en Nueva York la policía recibió cientos de llamadas de disturbio doméstico, todos los días, y grabó cerca de 55 mil crímenes conectados con violencia doméstica. Ningún programa de la ciudad, incluso el más largo de Cut it Out, tuvo en el 2002 registro de cuántas mujeres en esos programas han sido referidas para ayuda, por lo que es difícil conocer su efectividad.

Pero oficiales ejecutores de la ley en Nueva York y en la nación tienen un acercamiento, a través de los salones de belleza, con la población que normalmente esconde su problema a las autoridades.

Kathy Ryan, jefa de la Unidad de Violencia Doméstica del Departamento de Policía de Nueva York, dijo que el maltrato a las mujeres es muy difícil de visualizar en la población, por lo que ‘prevenir al menos una muerte, puede ser considerado un éxito’.

La policía ha tratado de llegar a las víctimas por múltiples formas, dice el New York Times, como con la colocación de carteles educativos sobre violencia doméstica en los eventos comunitarios, pero sólo ha encontrado que ninguna quiere ser vista cerca de ellos. Ante eso, encontraron una atmósfera diferente, segura, en los salones de belleza.

“El salón puede ser uno de los pocos lugares en donde las mujeres pueden estar sin el abusador a su alrededor”, señalóo Laurie Magid, abogada de los Estados Unidos y que actúa en el Distrito del Este de Pennsylvania. “Este programa realmente está dirigido a esta necesidad. Usted no tiene un caso, hasta contar con un reporte de crimen en primer instancia y ésa es una área de dificultad en lo que se refiere a violencia doméstica” subrayó.

“El salón es un lugar donde todo mundo se siente como en casa” y “ellas pueden ser más sinceras ahí”, dijo Sharon Kagawa de Administration for Children Services, la agencia que recluta salones para el programa.

Cabe destacar que el programa dio inicio en el 2007 en The Washington Heights, cuando una mujer en el salón Porto Pelo Unisex, al norte de el puente George Washington, empezó a decir su historia a todo mundo y gritando a distancia. Dijo que sus hijos le habían sido retirados por la ciudad, porque su esposo la golpeaba a ella y a sus hijos. Pero ella no podía dejarlo porque entonces confrontaría deportación.

Clientes y estilistas la confortaron, pero no sabían más cómo ayudarla. Y no fue sino hasta que Ingrid Domínguez, directora del programa de Welfare se enteró al ir a arreglarse el cabello. Afirma que el 95 por ciento de los cientos de casos que pasan por su escritorio cada año, siguen la ruta de la violencia doméstica.

Y se descubre con el ausentismo escolar. El caso de esa señora, que dio origen al programa, fue notado porque el hijo mayor se ausentó de la escuela para proteger a su mamá. Ese episodio bastó para que la señora Domínguez reclutara ayuda en los salones de belleza para ayudar combatir la violencia doméstica.

Así, la información fluye, llega a las oficinas encargadas de aplicar la ley, se investiga y las estilistas se enteran de las situaciones de avance y mejoría en la siguiente sesión de belleza.

Encuentran una aliada en quien las ayuda a embellecerse, para no sumarse a las estadísticas de las víctimas, incluso mortales, de violencia.

08/LPB/GG

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