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La Ley de Convivencia propicia la equidad social

Por Román González

Estigmatizar a quienes están divorciados, son padres o madres solteras; compadecer a los hombres y sobre todo a las mujeres solteras, humillar a las parejas del mismo sexo, así como discriminar a las mujeres que no han sido madres, son prácticas inaceptables, aseguró hoy el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), Emilio Álvarez Icaza.

Por ello, la aprobación de la Ley de Sociedad de Convivencia acercaría a la equidad social y a la igualdad jurídica, para aquellas familias que no se encuentran encuadradas en los márgenes de las características jurídicas clásicas, y no sean discriminadas.

Así, ante integrantes de las comisiones unidas de Derechos Humanos y Estudios Legislativos y Prácticas Parlamentarias de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), se pronunció a favor de dicha iniciativa, la cual reconocería diversas formas de familia.

En la sede de esa instancia legislativa, el ombudsman capitalino aseguró que si bien las familias son la base de la sociedad, es de justicia asumir que, así como la sociedad es diversa, las células que la conforman comparten esa misma pluralidad.

Destacó que en los estudios sobre diversidad cultural el tipo de familia aparece como una categoría ineludible, “paradójicamente y de manera implícita las leyes secundarias plantean sólo una forma de ser familia”.

Esta, explicó Álvarez Icaza, discrepancia ha dado lugar a múltiples argumentos para la discriminación de las familias diferentes y se ha constituido en una forma más de dominación social que se ejerce principalmente sobre las mujeres.

En ese sentido, señaló que desde la infancia hasta la vejez se les impone a través de la educación, una serie de estereotipos acerca del papel que debe de jugar una mujer en la familia, como hija, esposa, madre o abuela.

“Para aquellas que no cumplen con estos roles están previstas sanciones sociales de todo tipo, que van desde la conmiseración hasta el rechazo, mediante la calificación de enfermas, dementes o criminales”, destacó.

Dio a conocer que de acuerdo con un diagnóstico del Consejo Nacional de Población (Conapo) realizado en 2002, la estructura de los hogares presenta una creciente diversificación, junto al tipo más común de hogar –mujer, hombre e hijos), coexisten nuevos y viejos modelos, emergiendo una variedad plural que refleja una realidad en permanente movimiento.

Así, concluyó, la promulgación de la Ley de Sociedad de Convivencia no debe entenderse como una concesión del Estado hacia ciertos sectores minoritarios claramente identificados, sino como un acto que honraría a toda la ciudadanía de una sociedad democrática, “que reconoce y valora su pluralidad, independientemente del estilo de vida de cada cual”.

03/RGL/GMT

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