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La mujer, nueva protagonista de la cultura del vino

Por Lourdes Esquivel

En la historia de la humanidad, la mujer ha sido discriminada del mundo del vino al igual que de otros ámbitos dominados por el hombre.

Fue hasta mediados del siglo XX cuando la mujer comenzó a participar en ese mundo desde el punto de vista técnico al surgir las primeras mujeres enólogas y viticultoras, principalmente en Europa. La primera mujer sommelier (persona conocedora de vinos que sugiere a la clientela de algún restaurante el vino apropiado para la ocasión) fue francesa.

Aunque por tradición el vino ha sido compañero inseparable del hombre en sus reuniones sociales, comidas de negocios y celebraciones, en los años recientes parece haber descubierto una nueva y muy compatible compañía: la mujer.

“Las mujeres han intensificado significativamente su participación en el mundo del vino y hoy en día representan la cuarta parte de los y las sommeliers que existen en el planeta. Particularmente en México, el 20 por ciento de las personas relacionadas con el ámbito de los vinos son mujeres. Sommeliers, empresarias, empleadas y representantes de empresas productoras, importadoras exportadoras y distribuidoras de vinos se cuentan entre ellas”, asegura Alejandra Gallegos.

Ella es gerente de Marcas Importadas de La Madrileña, empresa 100 por ciento mexicana con más de un siglo en el mercado que distribuye en México, entre otros productos, los vinos de la bodega Viña Tarapacá, la segunda marca de vinos chilenos más importada en México.

En los últimos años, las mujeres, particularmente las jóvenes demuestran un creciente interés por desarrollarse como profesionales en esta materia. Y hay quienes incluso citan estudios científicos que demuestran que las mujeres poseen mejores cualidades sensoriales para descubrir los aromas y sabores del vino, en parte por estar acostumbradas a manejarse con aromas de alimentos, esencias, cremas y perfumes.

Si a esto agregamos la creciente participación de la mujer en las decisiones de consumo del vino, su papel se torna aún más notable, ya que a ese rol de la mujer en el mundo del negocio vinícola le acompaña una importante contraparte en el mercado. Hoy las consumidoras de vinos son pieza fundamental en la comercialización de millares de opciones en vinos para todas las preferencias y presupuestos.

De acuerdo con estudios realizados por diversas cadenas de supermercados, difundidos por la Asociación Nacional de Vitivinicultores, aunque los fines de semana los hombres suelen hacer la elección de los vinos, de lunes a viernes es la mujer quien se encarga de estas compras y opta por la marca de su preferencia.

“Las mujeres estamos cada vez más interesadas en la cultura del vino. Además, actualmente hay más mujeres profesionales del vino y también es cierto que las mujeres de todos los ámbitos se han convertido en visitantes asiduas no sólo de las secciones de vinos de los supermercados, sino incluso de las tiendas especializadas, comenta Alejandra Gallegos.

Es común que las mujeres, como responsables de la selección de las compras relacionadas con la alimentación de su familia, decidan el tipo de vino con que acompañarán sus alimentos y cada vez se sienten más familiarizadas con esta actividad. Lo hacen ya como parte de las compras de su despensa.

El interés y la participación femenina en la cultura del vino han derrumbado antiguos mitos, como aquel que señala que el vino blanco es para las mujeres y el tinto para los hombres.

La firma consultora Rossman Grahamm Associates realizó una encuesta entre 500 mujeres neoyorquinas y reportó que cerca del 57 por ciento de las mujeres encuestadas prefirió el vino tinto, mientras que sólo el 30 por ciento prefirió el blanco y un 9 por ciento el rosado. Solamente el 5 por ciento de ellas manifestó sentirse influenciada por la publicidad; la mayoría prefería atender el consejo de amigos o de expertos y con base en ello tomar su propia decisión.

Adicionalmente a la participación directa de las mujeres como profesionales en el sector vinícola o como consumidoras del vino, ésta recibe otros beneficios indirectos como las bondades que el vino provoca en la piel, por lo que es aprovechado por las empresas cosméticas.

Sin duda, hay varios matices en la llamada cultura del vino. Los derivados de la uva y el vino son furor en todo el mundo. Son un éxito total en cremas de tratamiento y shampoo que contienen antioxidantes propios del vino (de hollejos y semillas de las uvas tintas). Además, proliferan los spas dedicados a la vinoterapia.

Es asimismo una opción alternativa en materia de nutrición y prevención en salud. Bebido siempre con moderación y por su bajo contenido de alcohol, es recomendado por los médicos para prevenir enfermedades cardiovasculares al aumentar la capacidad antioxidante del plasma, para reducir el riesgo de contraer Alzheimer y de prevenir enfermedades relacionadas con la vista.

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