La pobreza de las mujeres es por razones de discriminación

Población
   Acceden al trabajo en condiciones de mucha desigualdad
La pobreza de las mujeres es por razones de discriminación
Cimac | México, DF.- 12/04/2005

Las mujeres son más pobres que los hombres, por razones de discriminación, falta de equidad en su acceso a la propiedad y control de los recursos económicos, sociales y políticos, señaló la experta de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Irma Arraigada.

Las mujeres –añade- acceden al trabajo remunerado en condiciones de mucha desigualdad, dada la actual división del trabajo por género, la persistencia de formas tradicionales y nuevas de discriminación para el ingreso y permanencia de las mujeres en el mercado laboral.

En el artículo Dimensiones de la Pobreza y Políticas desde una Perspectiva de Género, publicado en la Revista de la CEPAL número 85 y que se difunde en el portal Mujeres hoy, Arraigada se refiere a las cuatro formas de exclusión en el mercado laboral que afecta de manera más severa a las mujeres.

Tal es el caso del desempleo, las formas precarias de inserción laboral, las formas de trabajo no remuneradas y la exclusión de las oportunidades para desarrollar sus potencialidades.

La autora cita a Naila Kabeer, la que en un artículo sobre los nexos entre género y pobreza, señala que ésta puede ser vista de doble manera: como privación de la posibilidad de satisfacer necesidades básicas y como privación de los medios para satisfacerlas.

Por ende, las mujeres son pobres en la medida en que no cuentan con tiempo disponible para buscar las formas más apropiadas de satisfacer sus necesidades.

POBREZA DESDE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO

En consecuencia, sostiene la experta, es preciso medir la pobreza en cuanto a ingresos, pero también en función de tiempo. "Para conocer la dinámica de la pobreza es preciso analizar el concepto de tiempo, sobre todo porque parte importante del trabajo de las mujeres –el trabajo doméstico– no es remunerado, pero sí puede medirse en términos de tiempo".

Enfatiza que para analizar la pobreza desde una perspectiva de género, es necesario hacer visibles "diversas relaciones de poder, como las ligadas a las exclusiones, desigualdades y discriminaciones de género en el mercado laboral. Además del reparto desigual del trabajo no remunerado, el ejercicio de la violencia física y simbólica en contra de la mujer y el diferente uso del tiempo de hombres y mujeres".

Por otra parte, Arriagada identifica en su artículo los diversos enfoques que los gobiernos de la región han adoptado en sus políticas públicas sobre la pobreza en las últimas tres décadas y los analiza según sus orientaciones y resultados.

Concluye que las políticas deben ser heterogéneas, flexibles y adecuadas para encarar las situaciones cada vez más diversas y cambiantes por las que atraviesa la población pobre, en especial las mujeres.

La autora también reafirma el carácter multidimensional de la pobreza y revisa las distintas definiciones que se han dado de ella en los últimos años. En especial, destaca las dimensiones básicas de este fenómeno como la dimensión social: educación, empleo, salud, ingresos e inserción laboral, vivienda.

La dimensión territorial –apunta- es el entorno donde residen o trabajan los sectores pobres; y la dimensión familiar la etapa y ciclo de vida familiar en que se hallan las personas, así como los intercambios económicos y la distribución del trabajo al interior de la familia.

Estas tres dimensiones básicas deben ser siempre consideradas en la elaboración de cualquier política pública que busque superar la pobreza, señala la experta.

2005/MH/SJ