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La política económica, ciega a las desigualdades de género

Por Guadalupe Cruz Jaimes

Los resultados de las medidas que en enero pasado tomó el gobierno federal en apoyo al empleo y a la economía familiar frente a la crisis económica –dadas a conocer por Felipe Calderón Hinojosa en su mensaje mediático previo al Tercer Informe de Gobierno, que esta tarde entregó a la Cámara de Diputados–, son acciones “sueltas” que no miran las necesidades de las mujeres y de la población más pobre.

El empleo temporal, los paros técnicos, el cambio de electrodomésticos, el apoyo a la Pequeña y Mediana Empresa (Pymes), los créditos de vivienda y la estatización de los precios de gasolina forman parte de la política que se lleva a cabo en nuestro país desde hace 20 años, “ciega al género y a las desigualdades sociales”, aseguró la economista Hilda Salazar, de la Red de Género y Medio Ambiente de México.

En entrevista con Cimacnoticias, Salazar explicó que estas acciones “sueltas” no impactan en la economía del país y tampoco en la generación de bienes y servicios, además de no representar medidas emergentes y “mucho menos” estructurales para contrarrestar el impacto de la crisis económica.

Y es que, dijo, por un lado corre una política macroeconómica que recorta 85 mil millones de pesos del gasto público, que sí impacta en la economía del país y, por el otro, “pequeños” apoyos sin relevancia en este ámbito. Estas medidas, que se aplican en el país desde hace dos décadas, agudizan sus efectos en tiempos de crisis, pues “reducen aún más el gasto público y amplían más la deuda”, que recién se anunció se estima en 100 mil millones de pesos, así como mayores desigualdades sociales y de género.

“MEDIDAS ANTICRISIS”

Los más de 500 mil empleos temporales creados este año son una transferencia monetaria, insignificante frente a los 2.4 millones de personas desempleadas, 4.8 millones subocupadas y 12.2 millones que laboran en el sector informal en el país, consideró Salazar.

Además, indicó que las y los trabajadores eventuales se ocupan a veces por tres meses y ganan el salario mínimo laborando, entre otras muchas actividades, en la restauración de museos nacionales, haciendo brechas contra incendios, abriendo caminos o ampliando redes de agua potable.

Respecto a los paros técnicos, que según Calderón Hinojosa ayudan a conservar el empleo, la economista refirió que sólo se aplican en las grandes empresas, la mayoría automotrices, un ámbito “altamente masculino”; en contraste, dijo Salazar, el mandatario no pronunció “ni una sola palabra” sobre el trabajo doméstico, una de las labores donde más se ocupan las mexicanas.

En tanto, el cambio de electrodomésticos que benefició a alrededor de mil familias, también resulta mínimo si se toma en cuenta que en México existen casi 25 millones de familia.

En este sentido, Salazar señaló que del 10 por ciento del costo al gas de consumo doméstico y la estatización de los precios de las gasolinas no se percibe en una reducción del gasto de las familias, pues al mismo tiempo se elevó la canasta básica entre un 20 y 30 por ciento.

Sobre el apoyo a cien mil Pymes, Hilda Salazar comentó que la información es incompleta para estimar el impacto que pueda tener; sin embargo, consideró posible que este número de empresas beneficiarias incluya el programa de micronegocios que fomentan las secretarías de Desarrollo Social y la de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), los cuales existían antes de la presentación del programa anticrisis del mandatario.

Con base en lo anterior, la economista, experta en temas de género, refirió que estas medidas, acordadas por Calderón Hinojosa en enero pasado con el sector empresarial, sindical y gobernadores estatales, no contemplan las necesidades particulares de las mujeres y de la población pobre del país, pues “el desempleo, el alza de la canasta básica y la reducción de los servicios por el recorte presupuestal tiene impacto en la economía del cuidado, que no se está visibilizado”.

Para las mujeres el impacto es dual, en tanto por un lado está la necesidad de buscar o conservar el empleo y por el otro se encuentran con el aumento de la carga de trabajo doméstico, ya que tienen que suplir lo que no se puede obtener en el mercado porque los recursos son insuficientes, debido a los bajos ingresos.

Además, ante las carencias, las mujeres salen a buscar fuentes alternativas de trabajo, actividad a la que se suman las labores del hogar como el cuidado de niños, enfermos, limpieza, acarreo de agua, leña, en las zonas rurales.

En México, a diferencia de naciones como Estados Unidos y otras de América Latina, el gobierno sigue en espera de la inversión extranjera directa, que “no funciona en tiempos de bonanza y mucho menos en crisis”, en lugar de generar empleos del gasto público y fortalecer el mercado interno, concluyó la economista.

09/GCJ/LG

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