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La vindicación de nuestro proyecto de vida

Por Angélica de la Peña Gómez*

El concepto de proyecto de vida es inherente a nuestra condición humana. Sin embargo, es precisamente nuestra condición de género, es decir, el ser mujer, lo que impide y obstaculiza nuestro derecho a aspirar a ser lo que queremos ser, en igualdad de condiciones que el hombre. En mi proyecto de vida, por ejemplo, concibo y lucho porque las niñas y las adolescentes transiten con libertad por las calles sin ser molestadas o violentadas con miradas, palabras o acciones que las cosifican y convierten en objeto del deseo.

En mi proyecto de vida no concibo que haya comerciales como el de la cerveza Tecate donde un hombre anuncia por todos los vientos a otros hombres, con enorme regocijo de todos que ha nacido? ¡¡¡un hombre!!! En un país democrático este comercial misógino se hubiese retirado el primer día de su difusión.

Muchos son los obstaculizadores que impiden que cada niña, en función de su desarrollo cognoscitivo, plantee lo que quiere ser. El pensamiento conservador, patriarcal y misógino que se expresa de muchas maneras y formas en nuestra sociedad está detrás de la naturaleza de la discriminación de género y dirige los contrapesos que impiden el bienestar pleno y el desarrollo libre de la personalidad de niñas y adolescentes.

Desde 1989, en que dio luz la Convención sobre los Derechos de la Niñez (CDN) en el marco de las Naciones Unidas, el mundo se encuentra frente a un nuevo paradigma respecto de la relación de las y los adultos con la niñez. La CDN establece a las niñas y a los niños como sujetos de derechos. Todos sus derechos son derechos humanos. Para lograr pleno y libre desarrollo de su personalidad y el respeto a su dignidad humana es fundamental que gocen de sus derechos de provención, protección, promoción, prevención y de participación.

Los derechos de niñas y niños son exigibles e interrelacionados, es decir, hay una visión holística de todos y cada uno de ellos, todos son indispensables y necesarios para el desarrollo y bienestar de la infancia, niñez y adolescencia en función del Interés Superior de la Infancia, que plantea que por ser niña o niño tienen prioridad de atención frente a cualquier situación que conlleve menoscabo o deterioro de esta exigibilidad que se fundamenta en la no discriminación, la igualdad y la equidad, tener una vida libre de violencia y vivir en una familia como espacio primordial de desarrollo. Cada país o nación garantizará la tutela de las garantías individuales constitucionales con los derechos humanos. Este es el derecho intrínseco a la vida.

En esta visibilización, un niña o niño debe gozar de salud, educación completa, abrigo y vivienda, servicios públicos, seguridad, un medio ambiente sustentable, agua potable; se le debe proteger de malos tratos o agresiones de cualquier tipo, debe tener derecho a jugar y a la recreación, acceso al arte y al deporte, debe opinar sobre los asuntos de su incumbencia, tener libertad de expresión, y debe estar informado y orientado de manera veraz; además debe gozar de amor y atenciones por parte de su familia.

En esta preservación contra cualquier injerencia arbitraria que atente contra su dignidad humana, se le garantizan las condiciones para que decida lo que quiere ser. Sus padres, tutores o custodios tienen la obligación para proveer lo necesario para estos ejercicios y el Estado y la sociedad deben coadyuvar a este propósito. Este es el preámbulo hacia la definición de su proyecto de vida. No lo digo yo, lo dice el tratado internacional de derechos humanos que más consenso ha tenido en el mundo, la CDN. Además lo establece el Artículo 4 constitucional en sus últimos tres párrafos.

Es una lástima que no haya congruencia en los spots de la CNDH sobre los derechos de la niñez (los cuales son muy pertinentes) con las acciones que ha emprendido su presidente, que en los hechos no reconoce que las mujeres tenemos derecho a decidir. A decidir seguir embarazadas o a interrumpir un embarazo no deseado. Sus acotaciones sobre la procreación evidencian su vilipendio hacia la ciudadanía de las mujeres.

El aborto es clandestino, todo mundo lo sabe y lo comenta, pero nadie se atreve a señalarlo públicamente porque le tiene pavor a enfrentar a la iglesia y a los grupos de derecha. Para algunas personas es políticamente correcto no asumir una posición pública frente a este complejo problema. ¿Cuándo dejaremos los mexicanos de simular?

En esta discusión bizantina, nos vuelve la confianza lo resuelto por la Corte de la nación sobre la Ley de radio y televisión. Este precedente tiene una gran relevancia porque se ha transparentado y se ha hecho pública la discusión, han escuchado las opiniones lúcidas de los expertos. Esperamos que cuando se aboquen a resolver sobre la acción de inconstitucionalidad sobre lo resuelto por la Asamblea Legislativa del DF sobre la interrupción del embarazo, que nos hicieron el favor de presentar la CNDH y la PGR, también se recurra a los científicos y a los expertos en la doctrina penal del derecho de los Derechos Humanos.

La falta de compromisos concretos hacia la abolición de la discriminación de género son exigencias que siguen pendientes de resolución.

Por eso mismo vindicar el proyecto de vida de las niñas y de las mujeres es más que una derivación platónica, es un principio rector de sus derechos humanos.

* Ex diputada federal, integrante del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y consultora de Unicef.

07/AP/GG/CV

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