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La violencia doméstica en México, un asunto cultural

Por la Redacción

Si bien la brutalidad doméstica por parte del varón es un fenómeno difícil de erradicar, los esfuerzos de la sociedad deben encaminarse a conseguir la igualdad en todos los sectores: laboral, social y de la salud, entre otros, afirmó Carolina Díaz-Walls Robledo, profesora de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

La especialista aseguró que en países como Estados Unidos, donde este tipo de fenómenos siempre son llevados a juicio, en 90 por ciento de los casos presentados ante la autoridad el perpetrador fue varón. En México sucede algo semejante, pero la diferencia radica en que estos incidentes rara vez son denunciados, publicó Criterios.com

Si bien se argumenta que esta conducta se correlaciona con la pobreza, ello no significa que se presente sólo en los hogares depauperados, pues las víctimas y abusadores involucrados en la violencia derivada de la falta de equidad de género.

Las agresiones del varón hacia la mujer comúnmente se manifiestan en golpes, empujones o cachetadas y también puede ser de tipo psicológico, social y económico. Generalmente estas formas van ligadas.

El hostigamiento psicológico, explicó, se expresa en todo tipo de humillaciones, maltratos, insultos, negación de capacidades y actitudes de devaluación; cuando se le ignora o descalifica su autoridad, especialmente con los hijos.

En el ámbito doméstico también hay violencia sexual, cuando el marido, sin consenso de la mujer, tiene relaciones con ella, puede puede presentarse a través de acoso, con cierto tipo de miradas, palabras o acercamientos.

Otra agresión es la social y consiste en aislar a la familia de las interacciones más allá de su núcleo. Por lo general, los golpes llevan al aislamiento y esto hace aún más vulnerables a las víctimas. Además, existe el maltrato económico.

Aunque la violencia doméstica es un fenómeno social que no cambiará en los consultorios, un trabajo que ha demostrado ser efectivo es el de grupos de ayuda mutua, que trata de aprovechar la experiencia común para organizar la propia vida y fortalecerse.

A los hombres, se les debe concientizar de que no tienen el derecho de violentar, porque esa conducta procede de un ambiente cultural en el cual están inmersos.

Deben aprender de ellas en su capacidad de empatía, de relación afectiva, de emociones y pedido de ayuda. El tema es que no pueden tener privilegios sobre las otras personas; con ello, se golpea el centro de la masculinidad.

Asimismo, en el varón se ha visto que ligar paternidad con un tratamiento de disminución de brutalidad da excelentes resultados. Actuar de manera emotiva y abierta con su mujer y sobre todo con sus hijos, es un buen inicio para desestructurar mitos, enfatizó.

De este modo, indicó, se les pide “escuchar al otro, a ser empáticos, acariciar a sus hijos y jugar con ellos sin ser toscos. Así, el padre aparece como importante ante el hijo, hay una convivencia más íntima y, por lo tanto, este papel no sólo lo asume la madre”.

A ellas se les inculca que no deben sentirse inferiores y sus planes de vida no se reducen a ser madres o esposas, sino que primero está su persona y luego asumir las responsabilidades que elijan.

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