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Las madres de hoy

Por Marta Guerrero González

No hay día, a mi juicio, más cursi que el 10 de mayo. Sin embargo, en nuestro país mentor asiduo e inspirado de la madre, el día es un compromiso inviolable para festejar, agasajar o maltratar a su progenitora.

Digo maltratar, porque por lo general, los hombres muy machos sólo se quiebran con la figura idealizada de su madrecita. Aunque todo el año le den trato de reo, el día 10, le organizan un paseo inaguantable y con zapatos nuevos, las dejan en pésimo estado, o las hacen lavar mil kilos de ropa en su flamante lavadora; mientras ellos se emborrachan con chelas a su salud, la pobre viejecita tiene que partirse el lomo, escurriendo y planchando hasta altas horas del festejo.

Pero yo no quiero hablar de los hijos. Quiero hablar de las mamás que con enorme sacrificio han sacado a sus hijos e hijas adelante ellas solas. A las mamás niñas que trabajan y estudian con sus bebés a cuestas sin abatirse.

Quiero hablar de esas mujeres maduras que protegen a sus hijos e hijas contra padres abusivos, borrachos y agresivos. Quiero hablar de las mujeres que cuidan a sus hijas e hijos enfermos sin descanso y sin perder nunca la esperanza.

Las mujeres que llegan a casa cansadas después de la doble jornada de trabajo y todavía tienen el rato para ayudar a sus pequeños con los deberes de la escuela o se ponen a escuchar cómo les van las cosas en el barrio, con sus compañeros y con su vida.

Quiero hablar de esas mujeres que no se olvidan de sus propias madres, pero todo el año, de esas quienes son prodigas y tolerantes con la gente mayor, de esas que saben ser buenas hijas.

Hoy rindo homenaje a todas las mujeres que se han tragado espesas lágrimas para no regataerles a sus hijas e hijos la alegría de vivir.

De esas madres que son verdaderos templos de fortaleza y seguridad, de las que no se victimizan ni lloran impotentes su destino, no.

De las mujeres felices con su maternidad, con sus hijos e hijas y con su condición de mujer. Las que reprueban la violencia en todas sus partes. Las que aún queriendo no han podido concebir, a las que lo han hecho sin oportunidades reales de llevar a termino sus embarazos.

A la que arropa, consuela y alegra. A la que triunfa y gana sonrisas de sus hijas e hijos.

A la que provee y reparte abrazos. A todas nosotras todos los días, porque sigamos disfrutándolo.

2005/MG/SJ

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