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Las maquiladoras: Empleo inseguro para las mujeres mexicanas

Por Dora Villalobos Mendoza

La industria de las maquiladoras representa para las mujeres condiciones de precariedad y desventaja, que las enfrenta a jornadas excesivas de control y presión y sin límite de horarios, pero, además, es un trabajo inseguro y vulnerable porque depende del exterior, en un sólo año dejó sin empleo a más de 96 mil mexicanas.

Más de 96 mil mujeres cambiaron su destino laboral en sólo un año en este país, cuando en 2001 y pretextando problemas de inseguridad, la industria maquiladora cerró sus puertas en varios estados de norte del país.

La crisis que enfrenta la industria maquiladora desde el 2001, luego del ataque terrorista a las torres gemelas en el corazón financiero de Nueva York, dejó sin empleo a 96 mil 692 mujeres mexicanas. La secuela abrió otras expectativas para algunas mujeres, otras perdieron su empleo y prestaciones sociales.

De ellas, 22 mil 377 son de Chihuahua, 17 mil 443 de Baja California y 15 mil 408 de Sonora, estados donde más impacto tuvo el recorte de personal, según el Centro de Información Económica y Social (CIES) del Gobierno Estatal de Chihuahua, aunque se supone que esta industria se recupera, sólo Jalisco, Sinaloa y Zacatecas han logrado remontar el desempleo que sufrieron hace cuatro años.

Una variable que ilustra la falta de trabajo es la rotación de personal. En Juárez, por ejemplo, disminuyó del 11 al seis por ciento anual entre el 2000 y el 2004 y, en Chihuahua capital, del nueve al siete por ciento.

El promedio mensual de horas trabajadas por obrero en este sector disminuyó de 187, en el 2000, a 185 en el 2001. El número de empresas maquiladoras en el país disminuyó de tres mil 703 en el 2000 a tres mil 248 en el 2002.

La caída en las remuneraciones totales que la industria maquiladora entrega a las y los trabajadores mexicanos se notó más en el 2002, cuando la cifra disminuyó a 87 mil 720 millones de pesos, de 88 mil 766 que había logrado en el 2001.

SUELDO Y GANANCIAS SIN PRESTACIONES

Lupita Aguirre dejó 17 años de su vida en la industria maquiladora y aunque extraña algunas de las prestaciones, como el Seguro Social y el bono de ahorro, prefiere vender ropa en el tianguis de la colonia Chihuahua 2000.

Y es que con la venta de vestidos, pantalones, camisetas, blusas y cualquier prenda que esté de moda, saca entre 500 y 600 pesos trabajando dos días a la semana, monto superior al que pagan algunas plantas donde tendría que laborar nueve horas diarias durante cinco días de la semana.

Ella es una de las 96 mil 692 mujeres mexicanas que se quedó sin empleo a partir del 2001, año en que la industria maquiladora enfrentó su peor crisis debido al ataque terrorista en Nueva York, sin que logre aún reponerse, pues sabe que “mientras gana, también pierde”, ya que no cotiza ninguna pensión lo que le augura un futuro incierto.

SIGUEN LOS DESPIDOS

Chihuahua es el estado que más empleos ha perdido en la industria maquiladora. Del 2001 a febrero del 2005 fueron despedidas 22 mil 377 mujeres en ese sector. Baja California dejó sin trabajo a 17 mil 443 mujeres y Sonora a otras 15 mil 408, en sólo cuatro años.

Gloria Alamillo, quien laboró durante nueve años en Cirmex, empresa que se dedica a maquilar ropa de hospital ahora vende arreglos florales y miscelánea en el tianguis de la colonia Chihuahua 2000, uno de los más grandes de la ciudad.

“Yo no me quejo de la maquila, me fue bien, el tiempo que duré me pagaron bien, incluso llegué a ser supervisora, pero no pienso regresar porque en la venta me va mejor”, dice la señora, que asegura que ahora tiene más tiempo para su familia.

Ella tiene la suerte que su casa esté en la avenida donde se instala el tianguis todos los martes y sábados, así que pone la mercancía enfrente y generalmente tiene buena venta.

Igual que Lupita, lo único que extraña de las maquiladoras son algunas prestaciones, como el servicio médico, el fondo de ahorro, el comedor y los bonos de productividad y puntualidad.

“El sueldo en la maquila no es muy bueno, pero sumando las prestaciones aumenta, pero es mejor trabajar de manera independiente, siempre será mejor ser su propia patrona, a mí ya me gustó y pienso seguir así”, comenta Gloria, quien dice que después de los cuarenta difícilmente podrán contratarla.

Otra que tampoco quiere volver a la industria maquiladora es Elvira Calzadillas. Ella renunció en Jabil en el 2001 porque se embarazó, el mismo año en que más despidos hubo. Siempre fue operadora inició en Zenith en 1992, una de las plantas más grandes de la ciudad, donde permaneció dos años.

Elvira es madre soltera, así que está acostumbrada a tener dos trabajos para poder sacar lo suficiente y mantener a su niño. Vende ropa en el tianguis de la colonia Chihuahua 2000 desde hace ocho años, actividad que algún tiempo combinó con su empleo en la industria maquiladora.

Hace poco intentó hacer lo mismo pero no lo consiguió porque no tiene los estudios ni la edad que exigen ahora las plantas maquiladoras. Fue a TRW, Key Plastic y Dac y en ninguna le dieron trabajo.

Lupita es la más renuente a regresar a las maquiladoras. Ella empezó a laborar en ese sector a los quince años en Ciudad Juárez, en la planta Ediasa donde duró diez años.

“Claro que no regreso”, afirma convencida, luego que dejó ese trabajo hace dos años, que dice le dejaron várices en las piernas, además del dolor en la columna verdegal por permanecer tantas horas parada en los años que laboró en las maquilas.


Hace dos años que vende ropa en el tianguis de la colonia Chihuahua 2000, gracias a que su mamá le cedió el puesto. Está contenta porque saca entre 500 y 600 pesos por semana, más o menos lo mismo que ganaba en las maquilas, pero trabajando sólo dos días por semana.

-Mire lo que me dejó la maquila- dice mientras muestra las várices que cubren sus piernas. Además, agrega, del dolor en la columna vertebral que sufre permanentemente de tantas horas que trabajó parada.

LAS OTRAS ALTERNATIVAS

Esperanza Batista y Lucy Márquez se sienten orgullosas de ejercer un oficio que hasta hace poco sólo realizaban los hombres. Ambas son despachadoras en la estación de gasolinera que se ubica en las calles Tecnológico y Pinabete. La primera salió en el recorte de personal del 2001, la segunda lo hizo por su voluntad.

Aunque al principio extrañaron la maquila, sobre todo porque se les dificultó encontrar otro trabajo, ahora coinciden en que no regresarían porque el empleo que tienen es mejor pagado y más ameno.

Cristina es otra chihuahuense que se quedó sin empleo en el 2001. Ella –dice- entiende poco de política, de terrorismo y de inversión extranjera. Lo único que sabe es que de un día para otro se quedó sin trabajo y con la responsabilidad de sostener a sus tres hijos porque es madre soltera y no tiene quien le ayude.

La planta donde laboraba le dio poco más de doce mil pesos por los tres años de antigüedad. Antes había trabajado cinco años en otra maquiladora.
El dinero apenas le sirvió para que su familia sobreviviera seis meses. En ese tiempo buscó trabajo en otras plantas pero no encontró. La respuesta siempre fue la misma: “No estamos contratando, más bien estamos recortando”.

El problema de Cristina es que sólo estudió hasta primaria y en todos lados exigen mínimo secundaria. Buscó empleo como afanadora en tiendas departamentales, en clínicas y hasta en Gobierno, pero fue inútil, no encontró.

Un amigo le consiguió empleo de mesera en un bar. Al principio se negó, hasta le pareció una ofensa, pero lo pensó bien y aceptó con la condición de laborar solo como mesera. Con el paso de los meses aceptó salir con un cliente, luego con otro y terminó prostituyéndose.

2005/DV/SJ

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