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Las mexiquenses resentirán la ausencia de doña Mere

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La tarde del pasado viernes murió doña Mere, una luchadora social a favor de los Derechos Humanos (DH) de mujeres, niñas y niños.
 
Emerenciana López Martínez escribió 73 años de historia, de los cuales más de 50 estuvieron dedicados a defender la vida y la libertad de las mexicanas.
 
Su vida, marcada por el coraje y el activismo, sin más recursos que una casa de lámina, la venta de productos por catálogo, educación primaria y lo que sus hijas e hijos aportaban al hogar, doña Mere asumió las luchas ajenas como propias.
 
En la infancia, su padre le enseñó que nunca debía abusar de las personas más débiles; desde entonces su misión fue detener la violencia, denunciar la corrupción e impedir la impunidad.
 
Su prestigio se debe a los diversos episodios en los que se enfrentó contra los agresores de las mujeres y salió victoriosa, ganando el respeto y reconocimiento de su comunidad y de las autoridades.
 
Desde su adolescencia evidenció tener un temperamento enérgico que estallaba ante las injusticias, por eso, cuando una autoridad de San Luis Acatlán, en Guerrero, quiso cobrar a un sacerdote una cantidad exorbitante, Mere hizo explotar una lata con pólvora frente a la oficina del recaudador.
 
Aunque nunca se le culpó, a los 22 años de edad se fue a vivir al Estado de México por miedo a represalias; sin embargo, en lugar de parar, en esta entidad empezó la mayor parte de su historia.
 
Cuando atestiguó o supo de una injusticia, a doña Mere la furia siempre se le reveló como “algo que se me sube por la entraña”, comentó en 2005 en una entrevista para “Historia de Mujeres. Historias de Libertad”, libro publicado por el Instituto Nacional de Desarrollo Social.
 
Las primeras luchas las llevó a cabo con sus vecinas en el municipio de Chimalhuacán, donde por lo menos uno de cada cinco habitantes vive del reciclaje de la basura.
 
Juntas consiguieron que los servicios de agua, luz y drenaje llegaran a las casas de lámina en el barrio Hojalateros, conformado por población migrante en busca de empleo.
 
Lo que ella hizo, sobre todo, fue brindar apoyo constante a las mujeres víctimas de violencia o desatención por parte de las autoridades. Por eso, acompañó, vigiló el proceso, otorgó refugio y dio seguimiento en cada uno de los casos en los que se involucró.
 
Como jefa de familia, dio sustento ella sola a cinco hijos (tres niñas y dos niños); posteriormente sumó a su familia a una niña de 11 años a quien encontró en la calle luego de que su hermano mayor abusara de ella.
 
Después de recogerla, la llevó ante las autoridades, pero éstos la humillaron. Como la niña no tenía otro lugar donde ir, Emerenciana decidió llevarla a vivir con ella.
 
Como parte de su activismo, doña Mere llegó hasta El Salvador a denunciar en el Sexto Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe a Gilberto Jesús, hijo de una regidora de Chimalhuacán que secuestró en 1987 a tres niñas y un niño; abandonó en un charco a dos, agredió sexualmente a una y asesinó a otra.
 
Por esa denuncia, durante más de cuatro años López Martínez sufrió acoso por parte de las autoridades e incluso fue golpeada. También enfermó de diabetes, pero al final el agresor recibió 25 años de prisión.
 
Así pasó su vida recorriendo los ministerios públicos del municipio de Chimalhuacán y la Agencia Especializada en Violencia Familiar y Sexual (Amprevis) del Edomex, entidad donde en 2011 el nivel de violencia contra las mujeres por parte de sus parejas llegó a 56.7 por ciento, por arriba de la media nacional de 44.9 por ciento, según la Encuesta Nacional sobre las Dinámicas de las Relaciones en los Hogares (Endireh).
 
Por su activismo feminista formado en la práctica y no por la teoría, muchas mujeres se sintieron atraídas por la causa de doña Mere y buscaron su asesoría para, a su vez, ayudar a otras.
 
Así, fundó el Consejo de Mujeres Defensoras de los Derechos Humanos y de la Familia, desde donde formó a varias líderes comunitarias.
 
Por su insistencia y sensibilidad, doña Mere se ganó finalmente el respeto y el reconocimiento de las autoridades, por lo que en una ocasión la Procuraduría General de Justicia del Estado de México le extendió una credencial con la que se le autorizaba a dar seguimiento a los casos de violencia contra mujeres y niñas.
 
Los ombudsman del Edomex y del DF le reconocieron en distintas ocasiones su labor en la defensa de los DH.
 
Según los testimonios contenidos en “Historias de Mujeres, Historias de Libertad”, doña Mere acompañaba con sensibilidad, poniendo la voz de las víctimas por delante, y con mucho “interés en la seguridad y bienestar de las mujeres de Chimalhuacán”.
 
Su muerte debida a la diabetes que desde años atrás la perseguía, se resiente en una entidad que actualmente enfrenta índices muy altos de violencia de género, ya que tan sólo en 2010 se perpetraron 563 homicidios dolosos de mujeres, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
 
Sin embargo, sin pensarlo, doña Mere con su ejemplo aguerrido como combustible, prendió la llama de la lucha por los derechos femeninos en otras mujeres con perfil de líderes y temperamento aguerrido.
 
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