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Las mujeres para ser votadas

Por Marta Guerrero González

En cada temporada de elecciones las mujeres ponemos bajo el microscopio nuestro capital humano, profesional, político, y lo hacemos de manera desigual; la prueba está en la poca oportunidad que se nos brinda: apenas un jaloneado 30 por ciento, si bien nos va. Algunos partidos rebasan la cuota, lo que es cierto en el caso del Verde Ecologista para el siguiente ejercicio democrático.

Por esa razón tomamos como un triunfo el arribo de Patria Jiménez al Senado de la República en sustitución de Demetrio Sodi. Lo importante de esta potosina es su trayectoria como defensora de los derechos de las mujeres, sobre todo en cuanto a la libertad para ejercer su sexualidad sin que ello merme sus derechos políticos o ciudadanos.

Patria ha luchado en contra de la explotación y pornografía infantil; ha defendido a mujeres que han sido violadas o se han resistido a tal vejación y que son encerradas en cárceles por supuestos delitos. Patria no sólo está defendiendo la postura de nuestro gobierno contra Abascal, sino la de muchos otros, poniéndose a la altura de Chile, Finlandia y Liberia, donde mujeres encabezan sus gobiernos.

Ella defiende la Constitución Política del país, exigiendo la igualdad y rompiendo con el yerro de los ciudadanos de primera o de segunda; porque se trata de lesbianas, homosexuales, transexuales y familias diferentes, pero el tema es, en el fondo, el mismo de hace 15 o 20 años con los hijos de españoles nacidos en México.

Lo dijimos entonces y lo repetimos ahora: si todos somos buenos para pagar impuestos, ir a la guerra (es un ejemplo hipotético) y dar nuestro voto, también lo somos para ser votadas o votados, y para ocupar puestos de alta dirección donde las discusiones sean entre individuos sin tendencias que retarden las decisiones que el país necesita para situarse en los tiempos actuales. Esto significa dar oportunidad equilibrada a cualquier persona, sin que en ello interfiera en afinidades, creencias, inclinaciones o tendencias.

Señor Abascal, una certidumbre no hace la verdad. Durante muchos siglos, nuestros antepasados tuvieron la certidumbre de que la tierra era cuadrada y el centro del universo; pero aunque todos lo creían, eso no lo hizo una verdad. Hoy usted cree, igual que muchos, en ciertos preceptos religiosos de una corriente con buenos niveles de aceptación; el día de mañana todo puede cambiar (radicalmente).

Es por eso que las leyes tienen que ser para todos, sin distingo, sin compromisos de ninguna índole; tanto para aplicarlas en contra de los hijos de la primera dama, como para defender los derechos de los que en apariencia son diferentes a nosotros. El no hacerlo representa un pobre criterio, un fanatismo grosero y un intelecto anquilosado en la mediocridad.

*Periodista mexicana

06/MG/YT

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