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Las niñas sobre explotadas en las minas

Por Hypatia Velasco Ramírez

Las niñas, en el ambiente minero de pequeña escala, realizan trabajos tan pesados como la extracción, el transporte, y el tratamiento de los minerales, pero además están sobre expuestas al comercio sexual dentro de las zonas mineras.

El terrible panorama al que se enfrentan las niñas dentro de las zonas mineras es presentado en la investigación titulada Niñas en la minería: estudio en Ghana, Níger, Perú y la República Unida de Tanzania, realizado entre abril y diciembre de 2006 por el Programa para la eliminación del trabajo infantil de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El estudio revela que en estos lugares, las niñas están involucradas en muchas ocupaciones peligrosas, pero al mismo tiempo mantienen sus tradicionales responsabilidades femeninas dentro del hogar. Es decir, son forzadas a combinar sus tareas domésticas con otros trabajos asalariados o no asalariados.

Pero además, según la investigación, las niñas llevan a cabo trabajos tan duros como los niños, laborando hasta 12 horas diarias y tienen muy pocas posibilidades de acceder a la escuela o de salir de dicha situación.

Las minas de pequeña escala son aquellas de baja producción, no mecanizadas, donde se realiza una intensiva labor de extracción de minerales mediante el trabajo manual, con el fin de generar ganancias económicas. Además, son aquellas en las que la minería está basada en el trabajo familiar.

Y el involucramiento de las niñas en este sector, explica el estudio, obedece no sólo a los procesos dentro de las minas, sino también al comercio de rodea a los poblados mineros.

De acuerdo con la investigación, en aquellas minas donde se extraen las gemas y las piedras preciosas, las niñas llevan pesadas cargas de minerales, transportan escombros y clasifican las rocas mineralizadas y las piedras trituradas.

El transporte de escombros y piedras trituradas es una labor intensa que depende de instrumentos básicos y sin instalaciones de seguridad, apunta el informe.

Y triturar las piedras, actividad que también realizan las niñas, puede ocasionar heridas o lesiones debido a los fragmentos de rocas que vuelvan, accidentes con las herramientas que se utilizan pues son demasiado grandes para que ellas las sostengan y la exposición constante a vibraciones y fuertes ruidos.

En las minas de oro, la actividad es la misma que en aquellas donde se extraen gemas y piedras preciosas. No obstante, en las de oro se existen fusiones de mineral con mercurio, con lo que las niñas se encuentran expuestas a diversas enfermedades al estar en contacto con este metal líquido, ya sea por inhalación o a través de la piel.

Además, las niñas menores de 9 años ayudan a sus madres con la preparación de alimentos y bebidas, dice la investigación.

En muchos casos, con el fin de alcanzar a sus padres, para llevarles comida, o a otros clientes, en el sitio donde están ubicadas las minas, las niñas deben atravesar terrenos peligrosos que pueden estar sujetos a hundimientos, a contaminación de mercurio, o a cascos de roca agudos.

Asimismo, revela la investigación, las niñas cargan entre 20 y 25 litros de agua o alrededor de 20 kilogramos de peso, tres o cuatro veces al día.

COMERCIO DE PIEDRAS PRECIOSAS

De acuerdo con el estudio de la República Unida de Tanzania, las niñas de entre 12 y 17 años dedican entre 42 y 70 horas por semana al negocio de las gemas o piedras preciosas, contrario al rango de 28 y 52 horas que laboran los niños en esta misma actividad.

Las niñas que son utilizadas para vender las piedras preciosas o gemas están expuestas a la explotación sexual por parte de los propietarios de dichos minerales ya que éstos pagan muy poco por el trabajo y ellas esperan ganar más dinero mediante favores sexuales, señala el informe.

Dentro de los nuevos depósitos minerales y ante la creciente oleada de migración hacia estos, surgió un auge comercial que rodea la zona donde se han instalado restaurantes, bares, cantinas, lugares de entretenimiento y salas de billar.

Estas industrias mineras, según el estudio, emplean en su mayoría niñas e implican en muchos casos las peores formas de trabajo infantil. Las niñas han sido encontradas trabajando dentro de la zona tiempo completo y medio tiempo en pequeños comercios, radio comunicaciones, transporte, el cuidado de burros, y el servicio en bares y restaurantes.

En el estudio de Perú, las niñas por encima de los 15 años son empleadas en radio comunicaciones que se utilizan para comunicarse entre las diferentes minas. Dicho sector es casi exclusivo para las niñas, por la preferencia de los empleadores y clientes que esperan favores sexuales de ellas.

También es común que las niñas, sobre todo aquellas entre los 10 y 12 años, sean empleadas en bares y restaurantes que sirven a la comunidad minera. Algunas de ellas, refiere el estudio, trabajan más de 12 horas al día y se enfrentan a un entorno de abuso físico y sexual, debido al consumo del alcohol y la vulnerabilidad de la que son objeto ante este contexto.

Incluso, refiere el estudio, en algunos casos, la labor en los bares puede conducir al trabajo o abuso sexual por parte de los clientes y empleadores.

La zona con mayor incidencia de comercio sexual es la mina de Mirerani, en la República Unida de Tanzania, donde existe una alta demanda de comercio sexual con mujeres jóvenes en los ambientes de la minería. Y aunque muchas de estas niñas fueron empleadas en otras ocupaciones, son contratadas específicamente para el sexo comercial.

Algunos de los empleos dentro de la zona minera, son pagados con tan poco dinero que ellas buscan mayores ganancias mediante la oferta de sexo con sus clientes masculinos, patrones u otros socios.

En la República Unida de Tanzania, reporta el estudio, en tales momentos de desesperación las niñas o mujeres jóvenes no rechazan ser prostituidas a pesar de su corta edad pues consideran que es el único modo de asegurar fondos, pequeños pagos e incluso de encontrar un esposo.

Es así como la zona minera crea una afluencia de hombres que pueden ofrecer a mujeres rurales y niñas en edad escolar, alimento y vestido a cambio de favores sexuales. Y las presiones de pobreza así como la carencia de una educación en salud sexual empujan a las mujeres a ver el sexo como su única opción.

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