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Las que nunca caminan solas

Por Marina Morelli Nuñez**
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El 22 de mayo de 2006, durante su participación en el acto público “Mujeres sin miedo. Todas somos Atenco”, el subcomandante insurgente Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional pronunció en México unas palabras que lograron documentarse.
 
Lo dicho en esa ocasión constituye, a mi humilde entender, uno de los más esclarecedores documentos, cuyo texto completo menciona y dimensiona a las mujeres que logran romper las “instrucciones de ensamblaje” de lo que el sistema nos impone.
 
Yo he tenido la enorme causalidad de cruzarme con ese tipo de mujeres y compartir con ellas algunos caminos de luchas por las transformaciones reales.
 
Una no las olvida porque abren sendas, deciden, creen en lo colectivo, saben mirar más allá de la circunstancial coyuntura, y no andan pidiendo ni permisos ni disculpas por ello.
 
Estas mujeres suelen caminar por la senda de la organización popular y frecuentemente desarrollan allí un trabajo admirable, las más de las veces anónimo para quien mira de afuera.
 
Más para quienes andamos adentro su firma es inconfundible y las detectamos en la voz de las asambleas, en una o dos palabras de un comunicado, en la forma de llevarse a cabo una intervención urbana, y hasta en algún muro de la ciudad con ese grafiteado que inmediatamente nos recuerda la discusión colectiva que le precedió…
 
En definitiva, es en esos espacios en los cuales ellas libremente desarrollan su mujería de bien, para el bien de todas y todos.
 
No es nada frecuente encontrar mujeres que rompan las instrucciones de ensamblaje en la actividad política partidaria.
 
Seguramente porque ese espacio reservado a otros, cuando dio permiso para entrar casi siempre prefirió a aquellas que le son funcionales, las que pueden ejercer el poder político en clave masculina, las que no molestan en una mesa de negociación, las capaces de obedecer, de callar y acallar, pero sobre todo de acatar.
 
De acatar la manera, la forma, no salirse del molde… No hay mucho espacio para la rebeldía en el espacio político partidario uruguayo, y menos aún si esa rebeldía tiene cara y voz de mujer. El sistema las moldea a su conveniencia o las escupe como carozo.
 
Sin embargo, cuando no hubo más alternativas al “Club de Toby” festejando por la mesa servida, irrumpió ella, que para sumarle pesadilla al poderío político partidario, no es hermana, esposa, amante, hija, prima ni tía de ningún hombre influyente que ordene incluirla o sacarla de la lista, escribirle el discurso o mandarla a hacer unos mandados.
 
Y al irrumpir, lo hizo de manera nada convencional, casi que se infiltro. No la invitaron. No la inventaron. No le abrieron la puerta ni pusieron alfombras rojas. No le armaron el discurso. No se le arrimaron los empresarios bien intencionados a realizar la entrega desinteresada de algunos millones para la campaña.
 
Y nadie se la hizo fácil, ni los medios de comunicación, ni los “compas progres”, ni los otrora revolucionarios, ni los aparatos, ni el partido.
 
“Constanza no está sola”, fue la frase que apareció pintada en los muros de la ciudad y en las paradas de los ómnibus, fue la respuesta de la gente al ninguneo acusatorio de andar más sola que el número uno.
 
Y de los muros a los hechos, no hubo más que los atropellados meses que transcurrieron entre la posibilidad de contar con su precandidatura y la elección interna del domingo 1 de junio, un tiempo fértil de compromiso de quienes comenzaron a andar por la misma senda.

Fue el 1 de junio la oportunidad de ponernos a pensar sin mandatos, de romper lo que caprichosamente se nos pretende imponer, de disciplinarnos sólo a nuestra conciencia, de recuperar espacios de dignidad y gritar rebeldía.
 
Fue el 1 de junio la oportunidad colectiva de manifestar que hay ciertas maneras de hacer y deshacer con las cuales no acordarnos, por pertenecer a una fuerza política que se define antiimperialista y antioligárquica.
 
Y de pronto, ese domingo de oportunidades tiene que ver con ella, pero esencialmente con nosotras y nosotros. Que nos abracen buenas, nuevas, inspiradoras y colectivas brisas para disipar el humo contaminante, ése que sale de la cocina política de unos pocos chefs que se arrogan al derecho de tener al futuro al servicio de sus intereses.
 
Festejo que Constanza haya roto las instrucciones de ensamblaje en mil pedazos, que haya abierto de par en par las puertas cerradas y hoy se ventile la casa, en cuyo interior el aire pesa tanto y tanto, que por momentos ya se hacía difícil respirar.
 
No habrá otras muchas oportunidades de encontrar el ámbito político partidario a una mujer capaz de felizmente cometer la travesura de ponerse de pie y caminar erguida. Y lo maravilloso de estas mujeres es que nunca caminan solas.
 
**Doctora en Derecho y Ciencias Sociales. Candidata a integrar el Órgano Deliberativo Nacional del Frente Amplio por la Lista 512 “Alternativa Frenteamplista”, que propuso la candidatura presidencial de Constanza Moreira.
 
*Texto retomado del suplemento semanal La República de las Mujeres.
 
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