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Lo privado y lo público

Por la Redacción

El incidente del alcalde de Mazatlán, requiere una reflexión de fondo. La golpiza del ex locutor y animador de radio Jorge Rodríguez Pasos a su esposa Consuelo Olivas, es escándalo por los días que dure en la prensa y la televisión, no más.

Por ello es justo el reclamo de Comunicación e Información de la Mujer, AC (CIMAC) en Mazatlán, para exigirle a la señora Olivas que honre su puesto de presidenta del Sistema Municipal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), y aporte su denuncia de hechos para cumplir con los objetivos de la institución creada el 10 de enero de 1977.

Tales metas son: promover el bienestar social, apoyar al desarrollo de las familias y de la comunidad, impulsar el sano crecimiento físico y mental de la niñez, prestar servicios y asistencia jurídica y orientación social, auxiliar al Ministerio Público en la protección de incapaces, y en los procedimientos civiles y familiares que les afecten de acuerdo a la ley.

Todo esto es muy serio, aunque no está del todo mal la portada de un diario de Mazatlán con una gran cabeza sobre Kid Pasos con la foto trucada de un boxeador en hombros con el rostro del alcalde.

Por lo pronto, el desprestigio ya lo acompaña y seguramente busca venganza contra el médico militar, teniente coronel J.A. García Dávila, quien entregó a la prensa la hoja de evaluación de tratamiento del 21 de enero en el Hospital Militar Regional, de “la paciente policontundida, con traumatismo cráneo-encefálico de leve a moderado, esguince cervical y contusión lumbar cuyo síntoma principal se centra en el mareo”.

A las tres de la mañana del domingo 20 de enero, el señor alcalde procedió a tirar al suelo a su esposa para montarse en ella, azotarle la cabeza contra el suelo y propinarle toda clase de golpes. No fue la primera vez. La señora no declara, pero la suegra también aterrada, apenas y respondió afirmativamente cuando una reportera le preguntó si habían golpizas anteriores.

El señor alcalde, ocurrente y provocador locutor en su pasado que lo llevó a ganar la presidencia municipal, declaró a la prensa una inquietante tesis: la vida privada no afecta las tareas municipales.

El pragmatismo político aprobaría esta tesis contando con el machismo dominante que por ahí dice: ella se lo buscó, seguro lo provocó, cada quien su vida, justificantes que no aparecerían si de la golpiza a un hombre se tratara.

Esto vuelve singularmente valiosa la denuncia de la organización feminista de Mazatlán que ya circula por Internet a las organizaciones fraternas de todo el mundo. Esto es ya suficiente castigo diría un macho cauteloso de la real politik.

Pero CIMAC ha puesto el dedo en la llaga del DIF. (Dicen, por cierto, que Martha Sahagún fue esposa golpeada en su primer matrimonio). O renuncia a la presidencia del DIF de Mazatlán o se arma de valor para ejemplo de la sociedad no solo mazatleca. Aquí, lo privado alcanzaría una dignidad pública más allá de Mazatlán y de México.

Mientras mayor es la responsabilidad pública, mayor es el valor de lo privado. Los griegos y los romanos entendían como virtud esa limpia disposición construida en la vida para dar credibilidad y autoridad a quien ha ganado respeto y admiración.

Los funcionarios, especialmente ahora, están manchados de una corrupción histórica llevada ahora a extremos tan graves como los negocios de la familia Bush con Bin Laden o con la Enron, y con una hija drogadicta o las artimañas del PRI y el PAN para allegarse fondos de campaña.

La ciudadanía desconfía y se burla de fiscalías y procuradurías especiales que sólo han servido para ocultar la verdad en casos como el de Colosio, el Cardenal Posada, las masacres militares contra el pueblo y recientemente el asesinato de Digna Ochoa.

Por más que se ponga al frente de estos procesos gente intachable, hay una carga histórica de desprestigio del sistema que explota con el detonante de la corrupción personal.

Por esto importa la relación entre lo privado y lo público. El “toalla-gate” fue una babosada como llama Fox a incidentes como este que asombró por el altísimo costo de las toallas de la residencia presidencial.

El pueblo se regocija y los caricaturistas se dan vuelo burlándose de todo esto para favorecer la catarsis, echar fuera la indignación y dejar que todo siga igual.

El caso Pasos versus Olivas es por todo esto importante. Destapa una cultura civil lamentable de valoración sin crítica pero con morbo, de los locutores y animadores tan excelentemente comentados por la película “Un mundo raro” que honra al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM.

Quien humilla a los radioescuchas y televidentes, mal usa los medios electrónicos para desinformar y agredir, ganar influencias y poder, es previsible que en casa reproduzca la infamia. La dialéctica entre lo público y lo privado alcanza a la sociedad entera cuando conduce a un puesto de gobierno que por lo visto, no desalienta el machismo y la grosería como comportamiento cotidiano.

¿Cómo creer en alguien con esa combinación de prepotencia e insolencia? La respuesta está en la demagogia, la misma que difundió como promesa de campaña la entrada gratuita al carnaval para ahora saber de las enormes dificultades para su financiamiento, y la previsible solución como deuda pública.

Todos los mazatlecos pagarán esta deuda y la otra, la que descubre a quienes votaron por Pasos para alcalde como irresponsables creyentes en su aparente y bravucona buena onda, ahora denunciada como sordidez personal nada privada.

       
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