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Los traumas provocados por un estrés extremo no desaparecen

Por Guadalupe Cruz Jaimes

Al llegar la calma, las y los sobrevivientes de conflictos y/o desastres naturales, enfrentan nuevos escenarios, como un aumento de la violencia en contra de las mujeres, cambios en los roles de género, e inestabilidad económica, señala el informe “Estado de la población mundial 2010”, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Para las mujeres que vivieron durante los conflictos o fueron desplazadas por esta razón, la vida les cambió, muchas de ellas tuvieron que hacerse cargo de la supervivencia de sus familias.

Cuando regresaron a su lugar de origen, lo hicieron con más confianza, trataron de mantener su independencia, incluso algunas se transformaron en activistas en pro de los derechos de las mujeres.

Los cambios en los papeles de género no siempre son aceptados, aunque en algunas familias contribuyen a nuevas formas de convivencia, en otras generaron un aumento de violencia en el hogar, problemática que persiste en países como el país africano de Liberia y el asiático, Timor-Leste.

El informe de UNFPA 2010, por primera vez, se basó en información recibida “sobre el terreno” en países que han experimentado conflictos o desastres naturales y que intentan recuperarse, como Bosnia y Herzegovina, Liberia, Uganda y Timor-Leste.

El documento relata la historia reciente de iraquíes, quienes huyendo de la guerra en su país, ocuparon Jordania. Así como el desastre registrado económico y social registrado en Haití, tras el terremoto suscitado en enero pasado.

El informe del UNFPA, asegura que los traumas que sufren las personas, a consecuencia de la guerra, no desaparecen cuando se logra concertar la paz, ya que el estrés extremo afecta a niñas, niños, adolescentes, jóvenes mujeres y hombres adultos en una sociedad desarticulada, en la que sin empleo y sin vivienda, tienen familia que mantener.

Para las mujeres y hombres de edad avanzada, especialmente para las ancianas, quienes suelen ser las menos alfabetizadas o aptas para trabajar, es más complicado recuperar sus vidas, pues con frecuencia son víctimas del despojo de sus tierras por sus parientes o vecinos.

Muchas de ellas, después de la catástrofe, temen marcharse de los campamentos de personas desplazadas y pasan sus últimos años solas y en situación de pobreza.

Otro grupo de “alto riesgo”, son las niñas y jóvenes secuestradas para convertirlas en esclavas sexuales durante la guerra, regresan a sus lugares de origen con un “espíritu quebrantado”, a menudo con hijas e hijos que no querían tener, lo que provoca el rechazo de sus familias.

Las liberianas son ejemplo de esta situación, quienes a pesar de su activa participación en la exigencia de paz, al volver a sus casas hallaron el desprecio de sus familias. El documento señala que los combatientes secuestraban niñas de entre 7 y 9 años de edad, a quienes utilizaban como esclavas sexuales. Y al volver, “las comunidades no aceptaban a la niña ni al hijo de rebeldes, gestado por la niña”.

De igual modo, los adolescentes que fueron reclutados en la milicia para el combate, para quienes es necesario incentivarlos para reincorporase a su vida civil.

Para las y los jóvenes que regresan a sus casas después vivir un conflicto armado, hay pocas esperanzas. Se encuentran con una educación trunca, sin oportunidades de hallar un trabajo, debido al lento crecimiento económico que deriva en altas tasas de desempleo, refiere el documento elaborado por el UNFPA.

A ello se suma el daño mental que inevitablemente padecen quienes han sufrido este tipo de conflicto. El informe relata historias de sobrevivientes que, debido al apoyo de sus amistades, familias, comunidades o personas voluntarias, salieron adelante.

Muestra de ello, es el caso de una joven palestina quien no pudo volver a caminar, tras un bombardeo que demolió su vivienda. Ella recibió el apoyo económico de una feminista local para solventar sus estudios universitarios, sus compañeras y compañeros le ayudaron a movilizarse en el lugar, y el personal docente cambió de aula para que pudiera desplazarse.

En contraste, el informe también describe la situación de mujeres que no encontraron apoyo y, en consecuencia, siguen traumatizadas.

Un ejemplo son las originarias de Bosnia Herzegovina, quienes luego de sobrevivir a “horrendos abusos sexuales” encontraron rechazo en sus comunidades, incluso fueron acusadas de haber “deshonrado a sus familias”.

A más de 15 años de que terminó la guerra, la vida de esas mujeres quedó “destrozada”, viven traumatizadas con temor de que se conozca lo que les ocurrió. Esta situación les impide integrarse “debidamente” a la sociedad.

Se conoce el número de personas muertas y desaparecidas, pero se ignora cuántas mujeres fueron violadas sexualmente, ni cuántas niñas y niños nacieron producto de estas agresiones, los cálculos apuntan a decenas de miles.

Debido a la grave situación de bosnias y croatas, conformaron la Asociación de Sobrevivientes de la Tortura en Campos de concentración, integrada por más de 2 mil mujeres, una cuarta parte de ellas sufrió violencia sexual y la mayoría tortura física y psicológica.

La publicación de “Estado de la población mundial 2010”, coincide con que hace 10 años, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la resolución 1325, que reconoce la vulnerabilidad de niñas y mujeres durante conflictos armados, y promueve la participación de las mujeres en procesos de paz.

10/GCJ/LR

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