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Lulú Barrera: la migración cambió mi perspectiva del mundo

Por Lucía Lagunes Huerta*
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En estos años donde la migración vive sus peores ataques, especialmente del gobierno de Trump, donde todas las historias sobre personas migrantes son trágicas, existen otra historias que irrumpen y transforman las vidas mismas.

Enfrentarse a otras culturas, aún dentro de tu propio país, no es cosa sencilla, y más cuando ello implica discriminación y dolor, situaciones que también muestran tu capacidad de resiliencia, con la cual puedes salir como luchadora.

Lourdes Barrera Campos, mejor conocida como Lulú Barrera,  porque es así como le gusta ser nombrada, es una migrante que se ha transformado en una luchadora, no sólo de nombre sino de vida.

Feminista que construye con otras mujeres espacios alternos al mundo hegemónico donde el dinero, el consumo, el individualismo reina.

Orgullosa de sus raíces, migró a Los Ángeles para encontrarse con la lucha y la resistencia de la población chicana. Ahí conoció el movimiento zapatista y los asesinatos de las mujeres en Ciudad Juárez, son marcas que transformaron su visión del mundo y su vida misma.

Luchadora feminista por decisión, convencida que la desigualdad es una injusticia, regresó a México a concretar su convicción desde “Luchadoras”. Del espacio televisivo por internet al ciberactivismo.

“Luchadoras” es su proyecto de vida, que comparte y amasa con Perla Vázquez, Anaíz Zamora y con Eve Alcalá.

El mundo en línea es su campo inmediato de acción y desde ahí construye nuevas narrativas con las mujeres.

Lulú Barrera, feminista en reflexión permanente de lo personal a lo colectivo y viceversa. La entrevista se hace en el Parque México, por sus recuerdos de infancia y juventud, entre paseadores de perros e indigentes con alteraciones mentales que nos interrumpen, y llevan a la reflexión a Lulú, sobre los callejones a los que se enfrentan las personas para terminar en la indigencia.

– Lucía Lagunes Huerta (LLH): Dime porqué elegiste el Parque México.

– Lulú Barrera (LB): Mi mamá trabajaba en una juguetería aquí enfrente del Parque México (en la Colonia condesa en Ciudad de México), ahora es un restaurante. Eran las oficinas administrativas y yo me la pasaba ahí jugando o salía al parque a jugar. Y luego me fui a Monterrey a vivir diez años, cuando regresé, me quedé de ver con un amigo en el parque (México) y estando ahí, me regresaron las memorias y fue como muy bonito, por eso me gusta el Parque México.

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– LLH: ¿Por qué te fuiste a Monterrey?

– LB: Porque a mi papá lo mandaron a trabajar para allá y para mi mamá fue la forma de salvar a la familia, irnos todos para allá.

– LLH: ¿Qué te gusta hacer?

– LB: Me gusta tirarme en el pasto, mirar el cielo, así de lo más básico, sentir el pasto. La segunda cosa que me gusta mucho, es estar con mujeres. Es un gusto que he adquirido en los últimos años, me gusta mucho compartir, conocernos. Hay otra forma de relacionarnos con mujeres que me alimenta mucho.

– LLH: ¿Cómo llegas al feminismo?

– LB: Justo ustedes me instigaron a pensar en cómo llegue al feminismo porque me pidieron una columna para CIMAC que pensara como llegué al feminismo, y en realidad creo que llegué al feminismo cuando nos fuimos a Monterrey porque viví un choque cultural muy fuerte. Cuando con mis amigas aquí (en la Ciudad de México) lo que queríamos es ser grandes e independientes, queríamos tener experimentación sexual. Cuando llegue allá (a Monterrey) las compañeritas todas querían casarse, llegar virgen al matrimonio. Mis creencias o sueños eran reprendidos socialmente (para esa sociedad) yo estaba mal. Hubo un shock muy fuerte en mi vida, ahí me di cuenta que las reglas son una creación humana y que nosotras hemos estado en desventaja históricamente.

Tenía 15 años, a esa edad no elaboraba de esta manera, sólo lo sentía, a través de conocer textos feministas le puse nombre a lo que me pasaba.

– LLH: ¿Viviste discriminación?

– LB.- Sí, mucha. En Monterrey importa mucho la imagen física, tu cuerpo, tus facciones, pero también importa mucho como te vistes. Me acuerdo mucho que iba a las plazas comerciales, que eran el punto de socialización y el consumo de esas imágenes. Recuerdo que caminaba por los pasillos y sentía que era invisible, que no existía. Cuando empecé a vestirme a la moda, a pintarme, ví como empecé a existir. Es un recuerdo muy nítido que tengo.

Estoy segura que muchas cosas que hice como adolescente y que después rechacé como adulta, lo hice para encajar.

– LLH: ¿Cómo es que llegan los textos feministas a tus manos?

– LB: Llegaron primero a través de un curso de literatura nueva hispana, leí un auto sacramental, una obra teatral que usaban los monjes para evangelizar sobre el fin del mundo donde se juzgaba a una mujer que se llamaba Lucía.

Ella tenía una collar de mariposas, había sido muy libre sexualmente, aunque los monjes le llamaban disoluta, entonces llegaba el día de juicio final, Dios la juzgaba y ese collar precioso de mariposas se convertía en fuego y la quemaba. Ese fue de los primeros textos que me hicieron preguntarme ¿por qué ese castigo a la mujer libre?

Después, en una clase de teoría literaria, empecé a leer a Hélène Cixous, Toril Moi, Virginia Wolf. (Entonces) no me reconocía feminista.

– LLH: ¿Cuándo te reconoces feminista?     

– LB: Después que me fui de intercambio a los Ángeles. Ahí viví con una tía que migró a los Estados Unidos, cruzó el río sin papeles.

Me metí a la universidad a Estudios Chicanos, ahí conocí a Gloria Anzaldúa (1942-2004, escritora lesbiana- feminista-chicana), el zapatismo. En los Ángeles conocí el zapatismo, el feminismo y decidí dedicarme a la lucha social.

En ese año 2003, había un seminario especializado sobre los asesinatos en Ciudad Juárez, me fui enterando de los asesinatos de las mujeres en Ciudad Juárez, en Los Ángeles.  

La segunda migración (me) cambió la perspectiva del mundo, en ese momento decidí dedicarme a los Derechos Humanos y los derechos de las mujeres. Me reconocí feminista propiamente con Luchadoras.

– LLH: ¿Y cómo nace “Luchadoras”?

– LB: “Luchadoras” nace porque empecé a conocer a un montón de mujeres en el terreno de los Derechos Humanos que hacía cosas transformadoras y transgresoras todos los días, pero no necesariamente veía sus historias reflejadas en los medios principales.

Quise hacer un blog que tuviera las historias que veía, tenerlas en un solo lugar, era como un ejercicio de curaduría virtual, como una revista de prensa. En el camino apareció “Rompeviento” y me dieron la increíble oportunidad de tener un espacio para encontrarme con mujeres, conocer sus historias y sus luchas de viva voz cada semana.

La idea original era hacer un programa de noticias feminista, de opinar lo que pasaba en el mundo, al final quedó de entrevista.

Fue un ejercicio de auto reconocimiento muy importante. No estas acostumbrada a verte, me veía en la televisión, literal, y veía todos mis defectos al principio, después empecé a asumir quien era yo, como era mi imagen, lo que tenía para aportar, a disfrutar las entrevistas, con el tiempo fui teniendo una voz más sólida, una mejor manera de estructurar el pensamiento, de hacer denuncia, fui creciendo un montón.

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– LLH: ¿Cómo es ese tránsito en tu segunda migración? ¿qué te marca?

– LB: Fue darme cuenta de que yo había sido atravesada por el dolor y que estaba en mis manos lograr que otras mujeres no lo volvieran a pasar, contando con la posibilidad de la lucha organizada.

Ya tenía una admiración muy grande por los pueblos originarios. Siempre reconocí mis raíces como de los pueblos originarios, el discurso zapatista me ayudó a darme cuenta del olvido, la injusticia, y del nuevo modelo capitalista que estaba reinando y nos estaba oprimiendo a todas y todos por igual.

Soy una juventud moldeada por la imágenes publicitarias, de los medios masivos con la ideas estereotipadas de cómo hay que ser, por el modelo acumulacionista, de que vas a encontrar la realización a través de la riqueza y la propiedad, más que del establecimiento de comunidad, o lazos solidaridad y sororal con otras personas.

Sí creo que somos generaciones atrapadas en esas ideas que han sido moldeadas por los medios de comunicación masiva y ahora las tecnologías. Sí creo que es la minoría la que está haciendo una crítica, que están utilizando las tecnologías y los medios libres para contestar a esos grandes poderes.

LLH: ¿Cómo fue tu regreso a México?

– LB: Regresé a Monterrey a terminar la carrera y luego a la Ciudad de México a estudiar Antropología. Llegué a la Ciudad de México a los 24 años, empecé a forjarme una vida propia. Fue la primera vez que vivía sola. Ya me metí de lleno al género, estudié el curso de verano en El Colmex (Colegio de México), ahí fui asistente de investigación, ingresé de activista a Amnistía Internacional que fue mi primera casa del activismo de los Derechos Humanos.

LLH: “Luchadoras” creció y se ha ido transformando.

– LB: Fue de encontrarnos en el camino, de conocernos, hacer click y decir, bueno va, vamos a entrarle juntas y hemos ido moldeando el proyecto de manera colaborativa. Lo que nos dimos cuenta que no todas las historias cabían en el mismo formato semanal, queríamos experimentar en otros formatos, también, queríamos tomar las cámaras, grabar y editar,  porque es así como se construye la narrativa. A qué le das prioridad, con qué música, a qué mensaje, a qué imagen y así me encontré con Perla, Anaíz y con Eve.

En el camino nos encontramos con la violencia hacia las mujeres en línea. Nuestra iniciativa ha sido ciberactivista. Nos dimos cuenta de cómo el espacio que estabas usando para hacer acción y transformación social, era un espacio que también estaba siendo usando para perpetrar las violencia contra nosotras. Así también decidimos entrarle al trabajo para sensibilizar y erradicar esas violencias en línea.

http://luchadoras.mx/wp-content/uploads/2017/12/Informe_ViolenciaEnLineaMexico_InternetEsNuestra.pdf

– LLH: ¿Qué es el feminismo para ti?

– LB: Para mí es acción transformadora, es una potencia de vida para las mujeres, es libertad, es poder decidir de nuestras vidas.

LLH: ¿Qué es convivir con las mujeres?

– LB: Creo que sí hay una forma de convivir que no está basada en demostrar todo el tiempo superioridad. Me pasa mucho en espacios donde convivo con hombres que todo el tiempo tratan de aleccionarte, de hacer el comentario más sesudo.

Cuando entre mujeres desafías esa creencia de la rivalidad, empiezas a construir desde los afectos, la sencillez, la humildad, la creencia común.

– LLH: ¿Por qué los medios de comunicación y el mundo digital?

– LB: Los medios digitales son la oportunidad de sabotear al sistema, las estructuras de poder han restringido el acceso a la voz y a la difusión, buscan mantener los poderes tal y como están.

Por eso vivimos en un México con tantas restricciones a otros medios, porque están obstaculizando la disidencia.

Tomar estos medios para tener una propia voz que desafíe al poder, son una herramienta para nombrar y reconocer. Lo que no se nombra no se sabe que existe. (Los medios de comunicación y el mundo digital) son la oportunidad de desarmar ese imaginario colectivo de opresión sobre el cual hemos crecido.

– LLH: ¿En qué sueñas?

– LB: Estoy viviendo mi sueño, en el sentido en estoy en “Luchadoras”, como proyecto de vida.  Ahorita, estoy viviendo en el sueño de poder darle forma en algo que creo profundamente.

LLH: ¿Qué es lo que más te gusta de Lulú?

– LB: Que tiene un auténtico interés de descubrir el mundo y que se maravilla de muchas cosas, que cree que el mundo puede ser distinto y que puede hacer algo para lograrlo.

*Periodista y feminista, directora general de CIMAC.

 Twitter: @lagunes28

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