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Madres de Plaza de Mayo: 30 años

Por la Redacción

«Individualmente no vamos a conseguir nada, ¿por qué no vamos todas a la Plaza de Mayo?, cuando seamos muchas, Videla (Jorge Rafael, entonces gobernante de Argentina) tendrá que recibirnos».

Así dijo a familiares de desaparecidos, una tarde de abril de 1977,

Azucena Villafor de Vicenti, mientras esperaban que los atendiera el párroco de la Iglesia Stella Maris, relata el Especial Mujeres del Tercer Milenio de Prensa Latina.

El 24 de marzo de 1976, un golpe militar había destituido a la otrora presidente constitucional María Estela Martínez de Perón.

Se impuso una dictadura que formó los llamados Grupos de Tareas, integrados por fuerzas policiales, civiles y militares al mando de oficiales de alto rango.

Esos escuadrones secuestraron y asesinaron a miles de personas. En el país llegaron a registrase unos 368 campos de detención.

La palabra desaparecidos comenzó a utilizarse para identificar a personas secuestradas que nunca regresaron a sus hogares. Los familiares desconocían su paradero e ignoraban si estaban vivos o muertos. La censura ejercida por la golpista Junta Militar impedía la divulgación pública de estos hechos.

El 30 de noviembre de 1976, ocho meses después de la instalación de la dictadura, Néstor, uno de los hijos de Villaflor, y la esposa de éste, Raquel Mangin, fueron apresados.

La activista social inició su búsqueda y durante estas gestiones conoció a otras mujeres que indagaban también sobre parientes desaparecidos.

A medida que sus hijos eran secuestrados, las madres acudían a golpear todas las puertas que pudieran dar alguna noticia sobre ellos.

Concurrieron al Ministerio del Interior, cuarteles, destacamentos de policía, iglesias, y por supuesto escribían a los integrantes de la gobernante Junta Militar, pero jamás recibieron respuesta.

Tras seis meses de nulas averiguaciones, Villaflor y otras personas en su misma situación decidieron iniciar manifestaciones para dar publicidad a sus casos.

LA PLAZA DE MAYO

El 30 de abril de 1977, ella y otras 13 madres se manifestaron en la histórica y tradicional Plaza de Mayo, en el centro de Buenos Aires, frente a la sede del gobierno (Casa Rosada).

Ante la orden policial de no detenerse ni agruparse, sino circular, las Madres decidieron caminar alrededor de la Plaza.

La primera marcha tuvo lugar un sábado, la segunda fue un viernes y desde entonces se convirtió en costumbre realizarla todos los jueves, cercana a las tres y media de la tarde.

Las Madres de Plaza de Mayo fue un grupo pequeño de mujeres que por amor a sus hijos desafió al poder militar y se levantó como testigo y denuncia.

Bajo la máxima de que las buenas causas y grandes obras son hechas, no con la fuerza, sino con la perseverancia, las Madres empezaron a ser conocidas por comentarios de boca en boca, pues para la prensa no había nacional desaparecido.

Cuando comenzaron a reunirse eran pocas Madres, pero crecieron y poco a poco se incorporaron los padres, hermanos, esposas, hijos y nietos de los desaparecidos. También se formaron grupos en el interior de Argentina.

Para reconocerse, comenzaron a usar un pañuelo blanco en la cabeza, que se convirtió en un símbolo, sólo usado dentro de la Plaza o en los espacios donde representan a la institución.

Al inicio y final de actos, las Madres se ponen y sacan sus pañuelos que también bajaron de sus cabezas para imprimirse en el piso de las principales plazas de Argentina.

Pasaron 30 años de aquella tarde de abril, pero las cicatrices quedaron profundas y algunas Madres también desaparecieron.

Villaflor, iniciadora del movimiento, fue secuestrada el 10 de diciembre de 1977, dos días después que se perdieran las huellas de otras dos Madres en la Iglesia de la Santa Cruz, junto a otras personas.

Reportes humanitarios indican que estos secuestros fueron realizados por un comando de la Armada, que integraba Alfredo Astiz (apodado El Angel de la Muerte), quien se infiltró entre las Madres y se hizo pasar por el hermano de un desaparecido.

En julio de 2005, los restos de las Madres: Azucena Villaflor, María Eugenia Ponce y Esther Ballestrino de Careaga, enterrados en el cementerio de General Lavalle, fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense.

Para Nora Cortiñas, fundadora de la organización, Villaflor fue la que lanzó la proclama inicial: Todas por todas y todos son nuestros hijos.

Explicó que a lo largo de estos años, si no fuera por esta filosofía que planteó Azucena, hubiese sido muy difícil afrontar tantas adversidades.

ABUELAS DE LA PLAZA DE MAYO

Varias Madres murieron, otras debieron criar a sus nietos por la pérdida de los padres. A algunas les desaparecieron todos sus hijos, a otras les quitaron la posibilidad de criar a sus nietos, apuntó.

Esos niños también fueron secuestrados junto con sus padres y mantenidos en cautiverio, hasta que los asesinos de sus familiares se los apropiaron y después los registraron con una identidad falsa.

Sólo la fuerza que te da el conjunto permite seguir la búsqueda.

Nosotras ya no somos madres de un solo hijo, somos madres de todos los desaparecidos, sentenció Cortiñas.

Las Madres que además perdieron a sus nietos iniciaron una búsqueda que hasta hoy no cesa.

Se estima que unos 300 niños nacieron en centros clandestinos de detención o fueron robados como botín de guerra e inscritos como hijos propios por los represores o entregados de manera ilegal en adopción.

Estas mujeres conformaron la agrupación Abuelas de Plaza de Mayo y en su búsqueda incansable han encontrado a 87 nietos. El último fue identificado el pasado 13 de marzo por la justicia federal de la ciudad de Mendoza.

La hija fue secuestrada, con sus padres, cuando tenía ocho meses, y entregada a una familia que vivía a sólo 20 cuadras de la casa de la abuela biológica.

El detonador de la búsqueda fue la telenovela Montecristo, que el pasado año trató la temática de la apropiación de menores y filmó algunas escenas en la sede de las Abuelas de Plaza de Mayo.

Un integrante de la familia adoptiva de la muchacha vio la foto de un bebé en una escena en que la actriz Viviana Saccone (Victoria en la ficción) buscaba a su hermana desaparecida.

Este familiar sospechó que podía tratarse de la misma nena que había llegado a esa familia 29 años atrás. Llevó la denuncia al Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos, que hizo una presentación en la justicia federal.

En febrero comenzó la investigación y Celina, como la llamaba su familia, aceptó realizarse el análisis de ADN para determinar si era la nieta buscada.

El juez federal Walter Bento confirmó a la familia biológica que la chica es hija de los desaparecidos Alfredo Mario Manrique, estudiante de Ciencias Económicas, y la docente Laura Terrera.

Celina nació el 8 de noviembre de 1976 y fue secuestrada con sus padres el 25 de julio de 1977, cuando la pareja viajaba con su pequeña hija desde San Juan a Mendoza.

Al llegar a la terminal de ómnibus, fueron secuestrados. La familia de Celina la buscó durante casi 30 años. Todavía están vivas las dos abuelas: Vicenta (81 años) y Chela (80).

LAS OTRAS BÚSQUEDAS

El cambiante escenario social de Argentina obliga a las Madres de Plaza de Mayo incluir en su agenda nuevas temáticas y en nombre de los derechos humanos lucha por la creación de puestos de trabajo, contra el hambre y la explotación, y todo tipo de injusticia.

A 30 años de su creación, reivindican el compromiso revolucionario de sus hijos y levantan esas mismas banderas de lucha.

Creemos que hay que festejar 30 años sin faltar un jueves a la Plaza y reconocer lo que hemos construido: la Universidad, la editorial, la biblioteca, el periódico, la radio y todo lo demás, dijo recientemente la presidenta de las Madres, Hebe de Bonafini.

La celebración incluirá actividades desde el 20 de abril y finalizará el día 30 con un concierto latinoamericano en Plaza de Mayo.

Otro de los eventos se realizará del 20 al 30 de abril en el Museo

Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, que exhibirá una instalación histórica de fotos montada por Renata Schussheim.

También habrá conciertos en el Teatro Nacional Cervantes (la obra ganadora del concurso 30 años venciendo a la muerte) y el 26 en Plaza de Mayo se presentará la orquesta Juan de Dios Filiberto, entre otros homenajes con la participación de artistas extranjeros.

Para las Madres, la victoria siempre abriga al perseverante y en su andar de jueves por Plaza de Mayo, sus pañuelos blancos dejan entrever que resulta duro buscar a seres queridos, pero más hiere no haberlo intentado, concluye el Especial Mujeres del Tercer Milenio de Prensa Latina.

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