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Maestras: enseñar dentro de un pueblo en vilo

Mayo, un mes crítico para las escuelas del país porque se negocia salario y condiciones laborales del magisterio, marcó el inicio de uno de los movimientos sociales más importantes de las últimas décadas en Oaxaca y cambió el rumbo en la vida de muchas maestras, algunas de las cuales fueron apresadas.

A un año de iniciado el conflicto político social en la entidad, en donde hay poco más de 13 mil escuelas, con 70 mil maestras y maestros, 180 planteles aún no reanudan las clases.

En algunas otras escuelas prevalece la disputa entre docentes de las secciones 22 y 59 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), porque ante la ausencia de los primeros, ocuparon su lugar los de la nueva sección.

Florinda y Sandra, maestras de educación indígena, hablantes de lengua mixe, se incorporaron a la movilización, concientes de las carencias que impone la pobreza “en sus niñas y niños”, pero pagaron por ello un costo muy alto: su libertad.

Florinda Martínez Jiménez, de 26 años, fue detenida el 25 de noviembre, luego de una manifestación que derivó en un enfrentamiento con la Policía Federal Preventiva (PFP). La trasladaron a una cárcel de mediana seguridad en Nayarit y luego al penal de Miahuatlán, de donde la liberaron el 30 de diciembre.

Las manifestaciones iban más allá de las demandas del magisterio, dice, “pensamos en la gente de las comunidades, en las niñas y los niños desnutridos y con todas las carencias”, por eso demandaban desayunos escolares y uniformes para ellos.

Pese a su detención, que le costó suspender su proyecto de estudiar una maestría en Pedagogía en España, ahora está más conciente de las muchas necesidades que hay en la educación indígena y “por ello seguirá alzando la voz”.

Quiere cambiar el país “en muchos ámbitos, pero de manera especial en la educación, por ser la vía de la libertad y la democracia”.

Sandra Pérez, originaria de El Duraznal, Ayutla Mixe, quien enseña en San Miguel Quezaltepec, fue detenida el 25 de noviembre y liberada el 11 de enero.

El sistema tiene que cambiar, no es justo lo que está pasando en las comunidades, no es justo que te traten como delincuente porque exiges tus derechos, dice esta maestra que ha comprado con su propio sueldo, de 3 mil pesos mensuales, material didáctico “porque no les puedes pedir nada a las madres y padres de familia, si apenas tienen para comer”.

Es una situación casi generalizada en Oaxaca, como explica Oliva Ortiz Ruiz, encargada de la Secretaría particular de la Sección 22 del SNTE, y una de las ocho mujeres dentro del comité ejecutivo, compuesto por más de 30 puestos.

En las comunidades más alejadas faltan aulas, gises, pizarrones, sostiene la docente, quien hace 20 años, después de caminar 15 horas, llegó a la escuela primaria en San José Zenzontepec (“infinidad de cerros”), en la zona Chatina.

La lejanía no justifica la actuación de los gobiernos ante el abandono de comunidades como ésta. “Seas hombre o mujer tienes que caminar, viajar en bestias, de aventón en las camionetas de carga o en los vehículos de las dependencias de gobierno que por ahí llegan a pasar”.

La escuela eran dos aulas construidas con adobe y techos de teja, donde tomaban clases el alumnado de primero a cuarto. Bajo la sombra de un árbol, las maestras enseñaban al quinto y sexto grados.

Oliva tuvo que convencer “unas 20 veces” a madres y padres de familia para que permitieran que las niñas fueran a clases, “cuando de plano no querían pedíamos la intervención de la autoridad municipal”.

La marginación y la pobreza se reflejan en las niñas y niños que se quedan dormidos en la clase, no pueden aprender y por más que quisieras hacer algo era imposible, está fuera de tu alcance como maestra. “Eso es parte del caldo de cultivo de la efervescencia política de esta organización sindical”, asegura.

EQUIDAD Y MAGISTERIO

Ortiz reconoce las desigualdades dentro del magisterio, pese a que las maestras han sido fundamentales en el sindicato y en sus luchas, “que hemos trasladado de la casa a la escuela, al gremio y a la lucha popular, como nadie más”. Por eso hemos demandado equidad de género, dice.

Gloria Zafra, profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, explica que tras 25 años de movilizaciones magisteriales “surge el imperativo de preguntarse su composición y el sello que, a la luz del enfoque de género, le están imprimiendo las mujeres a este fenómeno”.

Coautora del libro Educación, Sindicalismo y Gobernabilidad en Oaxaca, destaca que los movimientos magisteriales han constituido una de las acciones más significativas de todos los tiempos, no sólo por el número de participantes sino por su impacto social.

En su artículo “Género y Educación: las mujeres del movimiento magisterial oaxaqueño a tres generaciones de maestras”, asegura que los problemas de género son un obstáculo para que muchas desistan y otras ni siquiera piensen la posibilidad de formar parte de los grupos de toma de decisión. Además, sostiene que su formación social y familiar son determinantes en su trayectoria.

“Están concientes de su doble o triple jornada de trabajo, de su condición de desventaja por ser mujeres. Distinguen que su condición de mujeres y su posición representativa dentro del sindicato son dos cosas distintas, separadas, excluyentes. Pero las propias historias revelan que no pueden separarse la una de la otra”. Es decir, si las políticas laborales, institucionales y sociales consideraran las diferencias de género, habría más mujeres en la toma de decisiones.

Mientras tanto, hoy, dice la maestra Oliva Ortiz, el compromiso es cumplir con el calendario escolar, pero nadie descarta la movilización en tiempos extras, contra-turnos o de forma representativa.

Numeralia

63 por ciento de los trabajadores del sector educativo es mujer: cerca de un millón 34 mil mujeres.

La Encuesta Nacional de Empleo y Ocupación, reporta que las mujeres se ubican principalmente en la educación preescolar (94.8 por ciento de la planilla); en educación primaria esta el 64 por ciento, y en educación secundaria es de 48.1 por ciento.

El magisterio es una de las ocupaciones de mayor edad. A nivel nacional, la edad promedio es de alrededor de 39 años, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población.

64 por ciento de las maestras tienen entre 15 y 24 años de edad, 37 por ciento tienen 65 años de edad

De cada 100 mujeres ocupadas en actividades educativas, 58 son casadas o unidas y 31 solteras

El promedio de escolaridad de la población de 15 años y más ocupada en actividades educativas es de 15.4 grados para los hombres y 14.9 para las mujeres.

Fuente: Inmujeres.

07/SJ/GG/CV

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