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Manganeso, Cobre y Zinc

Un tema fundamental a seguir explorando con relación a la salud y la enfermedad es la prevención, de ahí la importancia de conocer la función en el cuerpo humano de algunos metales –que se encuentran en la dieta y actúan como antioxidantes— tales como el manganeso, el cobre y el zinc, si de cáncer y estilo de vida se trata, un asunto que nos ha ocupado varias entregas de esta columna.

El manganeso así como el cobre y el zinc, son esenciales para la producción de super-óxido dismutasa (SOD), cuyo papel consiste en ser una defensa enzimática contra los radicales libres de oxígeno, además de su contribución a la reducción de metabolitos cancerígenos.

Lo mismo sucede con el selenio que, de acuerdo con estudios de laboratorio, se ha demostrado que disminuye el crecimiento de las células malignas cuando se añade al medio de cultivo.

Lo anterior se expone en el libro “Cáncer y estilo de vida”, escrito por el doctor inglés Robert Thomas y las doctoras mexicanas Laura Suchil y Emma Verástegui, quienes trabajan el Instituto Nacional de Cancerología (INCan), en temas relacionados con pacientes que tuvieron cáncer o están en tratamiento.

De acuerdo con la página www.zonadiet.com, el manganeso se encuentra en frutas secas, granos integrales, semillas de girasol y de sésamo, yema de huevo, legumbres y verduras de hojas verdes.

Y podemos obtener cobre del hígado, riñón, mollejas y otras vísceras, en carnes, cereales integrales, frutas secas y legumbres.

El zinc se encuentra en una amplia variedad de alimentos y es mayor su absorción si proviene de proteínas animales, informa este portal en la Web.

Los alimentos de origen animal que lo contienen son: carnes, pescado, yema de huevo, carne de cordero, hígado, ostras, aves, sardinas, mariscos. Y los alimentos de origen vegetal: levadura de cerveza, algas, legumbres, setas, lecitina de soya, soya, cereales integrales.

El selenio se encuentra naturalmente en alimentos de origen animal, frutos de mar, carnes, hígado, riñón, vegetales y cereales integrales.

En “Cáncer y estilo de vida” se explica qué sucede con algunos productos químicos potencialmente cancerígenos que se encuentran en nuestra alimentación diaria.

Los hidrocarburos aromáticos policíclicos y las aminas aromáticas, que están presentes en alimentos procesados pueden, directa o indirectamente, producir oxidación y liberar radicales libres, dañando el ADN a diferentes niveles, lo que puede inducir mutaciones en genes supresores de tumores alterando su función y, con ello, dar lugar a células malignas, indica.

Lo importante del manganeso, el cobre y el zinc es su función como “enzimas responsables de la etapa final de limpieza de radicales libres antes de que tengan tiempo para dañar el ADN”.

Acerca de la disminución de estos metales en la alimentación de hoy en día, según este libro tiene que ver con tres factores: no dejar descansar las tierras de cultivo, no rotar los cultivos y algunas técnicas utilizadas en procesamiento de alimentos, lo que “puede reducir estos oligometales en nuestra dieta”.

Investigaciones en animales han demostrado que existe un mayor riesgo de desarrollar cáncer en situaciones en las que existen deficiencias de cobre, manganeso, selenio y zinc, sobre todo cuando la producción de SOD es alta y es necesario su efecto antioxidante, advierte.

No obstante sus beneficios, también es importante tener cuidado en evitar la ingesta excesiva de algunos de ellos, como el zinc o el selenio.

En el caso del zinc varias son sus funciones: “desempeña un papel fundamental en el crecimiento y la división celular siempre que sea necesaria la síntesis de proteínas, también tiene una importante participación en la actividad de la insulina, el metabolismo de los ovarios y los testículos, y en la función hepática”.

Sin embargo, dicen las autoras y el autor del libro, puede ser nocivo si se toma en exceso, así se demostró en un estudio con 50 mil profesionales de la salud realizado entre 1986 y 2002. Los participantes dieron información acerca de su alimentación, consumo de tabaco y hábitos como tipo de alcohol que tomaban y si usaban complementos alimenticios.

Según los análisis que se hicieron “aquellos que tomaban suplementos de zinc en concentraciones mayores de 100 miligramos al día o durante períodos se tiempo prolongados, tenían un riesgo dos veces mayor de desarrollar cáncer de próstata avanzado”.

En la siguiente entrega hablaremos de la relación entre cáncer y la ingesta de antioxidantes en general.

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* Periodista mexicana, narradora oral, facilitadora de grupos, terapeuta con Enfoque Centrado en la Persona y Gestalt e instructora asociada del Sistema Tao Curativo.

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