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Maquiladoras, una vida de infierno para las mujeres

Por Silvia Magally

En México se calcula que el 25 por ciento de la mano de obra industrial trabaja en las cuatro mil 79 maquiladoras ubicadas, no sólo en la zona fronteriza con Estados Unidos, sino en el interior del país, donde las mujeres son víctimas de una brutal explotación y violación de todos sus derechos, tanto laborales como humanos.

Las maquiladoras operan en contubernio con el gobierno como resulta fácil documentar en el estado de Tamaulipas, donde el corredor maquilador es impresionante. Tan sólo en la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, existen 10 parques industriales con 170 maquiladoras que emplean en condiciones de miseria a 73 mil trabajadoras y trabajadores, en su mayoría provenientes del estado de Veracruz.

De acuerdo con información del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria (CIEPAC) con sede en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, los parques industriales son dotados de todos los servicios por el gobierno, utilizando el dinero del erario público.

Testimonios de cuatro indígenas y campesinos chiapanecos, –dos mujeres y dos hombres-, quienes en noviembre pasado viajaron a tierras de las maquiladoras con el propósito de participar en el XV Aniversario de la Coalición por la Justicia en las Maquiladoras, “esto es como una cárcel, prefiero unas tortillitas en mi comunidad que vivir con maquiladoras”, declaró una de las mujeres indígenas.

“En Reynosa, nos dimos cuenta de la miseria en que vive la población, la mayoría mujeres que tienen que soportar los infiernos de la maquila”.

MILLONARIAS GANANCIAS SOBRE LOS DERECHOS

En las maquiladoras, las violaciones a los derechos humanos y laborales de las mujeres son el pan de cada día.

La exigencia de la prueba de embarazo, es el pasaporte de entrada a estas empresas y para conservar su empleo, las mujeres aceptan ser humilladas al someterse a una revisión cada periodo menstrual que descarte su estado de gestación.

Pero en caso de estar embarazada, los médicos de la empresa mienten sobre la fecha del parto para lograr que continúe trabajando hasta el último momento por lo que se registran casos de alumbramientos dentro de las maquiladoras.

En la total impunidad, operan en México y constantemente cierran sus puertas para abrir otra maquiladora con otra razón social, a fin de evitar el pago de utilidades, especialmente al finalizar el año.

El hostigamiento sexual hacia las trabajadoras es cosa común, al igual que otros abusos, como impedirles beber agua para evitar que abandonen sus puestos trabajo.

Los permisos para ir al sanitario son de escasos cinco minutos para no afectar la producción. En las maquiladoras las mujeres están obligadas a cumplir con cuotas de producción, de no hacerlo, son despedidas.

Sus salarios son de risa. Las percepciones fluctúan entre los 250 y 400 pesos semanales, cuando gastan cerca de 2 mil pesos en alquilar una vivienda y 500 para transportarse hasta sus centros de trabajo.

En contraste las ganancias de estas empresas son “inmorales”. La Red de Solidaridad de la Maquila con sede en Toronto, Canadá, calcula que el presidente de la empresa Nike gana 215 millones de dólares al año, lo que equivale a 10 veces las ganancias totales de 55 mil trabajadores indonesios.

Otro ejemplo de la despiadada explotación de la mano de obra femenina es el hecho de que por una camisa marca GAP, una persona en Canadá paga 34 dólares mientras que a la obrera que la confecciona en El Salvador se le paga 25 centavos de dólar.

Las condiciones laborales son infrahumanas dentro de las maquiladoras donde se recurre a una serie de artimañas y se inventan descuentos para disminuir al sueldo al mínimo en caso de las empleadas que laboran más turnos.

Así pueden inventarse descuentos como una cuota de renta por el espacio que se usa para trabajar o por servicio de cafetería o comedor, aunque no sean utilizados.

Más aún, las trabajadoras que se niegan a entonar el himno de las empresas japonesas, antes de iniciar a laborar, son despedidas.

LAS MAQUILADORAS COMO MAREMOTOS

Menores de edad hasta de 13 años son contratadas en las maquiladoras, mujeres a quienes han perdido dedos en la maquinaria continúan laborando en estas empresas. La lista de abusos es larga como también lo es la contaminación que genera esta industria y que como se ha documentado en el caso de una fábrica de químicos de Dupont, cuya emisión de tóxicos ha provocado nacimientos de niños con espalda bífida.

El escenario se vislumbra peor para este 2005, y con ello una crisis de empleo y aumento de la pobreza sin procedentes, pues las maquiladoras están cerrando para desplazarse a China, país que al insertarse en el mercado de la Organización Mundial del Comercio no tendrá restricciones de aranceles.

Las maquiladoras se trasladan a los lugares donde las ganancias se puedan obtener a costa del trabajo de las y los pobres. Se calcula que en Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala, Panamá y República Dominicana emplean alrededor de 500 mil trabajadoras y trabajadores.

En nuestro país, las grandes transnacionales continúan en la búsqueda de los estados donde explotar la mano de obra, infraestructura, recursos y los acuerdos de libre comercio como en Chiapas, donde el gobierno piensa que para evitar la migración es mejor que las maquiladoras se instalen en esa entidad.

Así, en los distintos países y al igual que los maremotos, las maquiladoras van dejando a su paso únicamente destrucción del medio ambiente y mayor pobreza.

2005/SM /SJ

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