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Marina Silva, la guerrera del caucho

Por Carolina Velázquez

Ante el reciente arribo de Dilma Rousseff a la presidencia de Brasil, una de sus contrincantes en la campaña electoral del 2010 por el Partido Verde (PV) la ambientalista Marina Silva, quien alcanzó el 19.3 por ciento de la votación en la primera vuelta, le dio “sus mejores deseos de éxito”.

En un mensaje publicado en la web titulado “Mis mejores deseos para un buen gobierno” (www.minhamarina.org.br/blog/2011/01), la ministra de Medio Ambiente del 2003 a 2008 en la administración que acaba de concluir y la también ex senadora reconoce los avances alcanzados por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y señala los retos que en su opinión tendrá la nueva presidenta.

Dilma hereda ocho años de un Brasil con un gobierno que llegó a una madurez económica, con un aumento de su prestigio y respeto en la geopolítica internacional, 28 millones de personas fuera de la línea de pobreza y una reducción del 75 por ciento de la deforestación en la selva del Amazonas, dice.

No obstante, Rousseff tendrá que lidiar entre otras cosas con la baja calidad del sistema educativo, el acceso a un saneamiento básico “esencial para mejorar el nivel de salud de la población, pues sólo el 40 por ciento de los hogares tiene acceso a alcantarillado”, reformar el Código Forestal y avanzar en la legislación ambiental de Brasil.

Además, la epidemia de crack se ha convertido en una amenaza para la generación más joven y la seguridad pública en varias ciudades importantes del país está bajo amenaza constante.

Para superar esta responsabilidad social y política, Marina Silva espera ver una acción enérgica del gobierno para hacer justicia a la confianza que la mayoría de la población brasileña puso en la nueva administración.

Y subraya, porque soy mujer, también espero que nuestra presidenta ponga al servicio de la política lo que nos hace diferentes en la forma masculina de gobernar: la capacidad de escuchar y aceptar, la búsqueda de la comprensión y el equilibrio y una gestación de futuro.

LA ESPERANZA ES VERDE

Marina Silva nació hace 52 años en el mundo amazónico, a 70 kilómetros al este de Rio Branco, la capital del estado de Acre, en el extremo oriental de Brasil.

Su infancia transcurrió en el seringal Bagaco, en la comunidad de Breu Velho, una de las parcelas de selva húmeda donde crecen los árboles de caucho, en el seno de una familia de once hijas e hijos, de los que sobrevivieron ocho niñas y un hombre. De niña tenía dos sueños: ser monja e ir a la escuela.

Con el tiempo la ex candidata a la presidencia de Brasil en 2010 se convirtió en defensora del ambiente y de la Amazonia, región en donde contrajo malaria, hepatitis y contaminación por metales pesados.

En su libro “Libres. Ciudadanas del mundo”, la española Carmen Alborch define su vida como la historia de un desafío al destino, luego que ocupó los lugares más obscuros de Brasil en la región del Amazonas y su espíritu la arrojó a la luz.

“Su vida parecía trazada para languidecer en medio de la selva amazónica en las miserables poblaciones que se arraciman en torno a los árboles del caucho o en las villas de los estancieros y propietarios, como empleada del servicio doméstico, condenada al analfabetismo y a la pobreza; o tal vez, en un viaje sin retorno, esta mujer podría haberse desplazado a una gran ciudad y haberse sumergido en la ola de miserias de las favelas”.

No fue así. Vivió en un convento de los 16 a los 19 años y fue hasta entonces que aprendió a leer y escribir, conoció la Teología de la Liberación (que une el Evangelio a la lucha social) y participó en las Comunidades Eclesiales de Base. Estudió historia y un posgrado en Psicología de la Educación.

Con Chico Mendes, líder de la selva amazónica asesinado en 1988, participó en la lucha en favor de los recolectores de caucho natural (seringueiros), en medio de la represión de la dictadura militar. En 1979 se unió al Partido de los Trabajadores (PT). Con la más alta votación, años después fue elegida concejal en Rio Branco y diputada estatal. Llegó al Senado a los 36 años en donde defendió la importancia de los objetivos del gobierno para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

En 2003, en su tercer intento por ocupar la presidencia de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva –ex trabajador metalúrgico– venció en las elecciones y la nombró Ministra del Medio Ambiente. Definió entonces tres ejes de trabajo: horizontalidad, control social y una nueva manera de hacer política de medio ambiente.

Alborch retoma sus palabras al llegar al cargo: “Si la llegada al Gobierno de todos nosotros significa que somos producto de un esfuerzo colectivo que trae a la política a personas con esta biografía, nuestro trabajo tiene que mostrar que este esfuerzo colectivo será capaz de lograr resultados en las áreas social, ambiental y económica a la altura de los desafíos de una nación con 53 millones de personas excluidas y uno de los mayores patrimonios de recursos del planeta”.

Tres días después de presidir la III Conferencia Nacional de Medio Ambiente, con la participación de 100 mil personas, en 2008 Marina Silva –el “sello verde” del gobierno para las ONG– renunció al Ministerio por diferencias con la administración de Lula luego de cinco años y cuatro meses como funcionaria.

NUEVOS DESAFÍOS

En su blog, Silva hace una evaluación de su paso por el gobierno de Lula, quien llegó a ser visto como un gestor competente, afirma.

“Uno de sus logros fue el Plan de Acción para la Prevención y Control de la Deforestación de la Amazonia, que integró los esfuerzos de 14 ministerios. Gracias al proyecto, el ritmo de la deforestación se redujo 57 por ciento en tres años, de 27 mil km² a 11 mil km² por año. Más de mil 500 empresas ilegales fueron desmanteladas y se detuvo a 700 personas”.

Según una nota de la agencia IPS, el 13 de mayo de 2008, el Plan Amazonia Sustentable (PAS) –con acciones y proyectos destinados a promover el desarrollo de la región amazónica, ampliar la infraestructura y proteger el ambiente– fue “la gota que rebasó el vaso” de las diferencias de Silva con el gobierno.

Para Roberto Smeraldi, director de Amigos de la Tierra, el PAS fue la sepultura de un programa de desarrollo sustentable para la región que el Ministerio de Medio Ambiente venía elaborando desde 2003, con participación de investigadores y ONG, y se entregó a otra instancia, el Ministerio de Asuntos Estratégicos.

Para Marina Silva y su cartera, el desarrollo sustentable de la Amazonia era un asunto de total prioridad y dedicación, “que se vieron súbitamente defraudados en sus esfuerzos”, apunta IPS.

En 2011, año internacional de la población afrodescendiente e indígena decretado por la Asamblea de Naciones Unidas, en su mensaje a Dilma Rousseff la ambientalista concluye: “Brasil tiene todo para convertirse en uno de los grandes líderes de este siglo, no en la carrera sin sentido sólo por el poder económico, sino en la construcción de un mundo en el que la vida en todas sus formas se celebra, que puede hacer del grave estado de la degradación el punto de partida para un futuro en el que todas las personas y nuestro medio ambiente sean respetados y tratados con dignidad”.

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