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Medicación contra el VIH/Sida

Por la Redacción

Quienes mejor se adhieren al tratamiento contra el VIH/Sida son los varones, incluso los menores de 29 años. Es otro el caso de las mujeres.

“Hay hogares que son muy humildes, y si tienen que elegir si ese plato de comida es para ellas, para poder estar fuertes y tomar los remedios, o para sus hijos, no lo dudan”, explica Marina Soto Calderón.

A su vez, las mujeres son las que muchas veces se integran a grupos, ellas recogen la medicina para sus maridos y, si tienen hijos, para sus hijos. Porque “el hombre no puede dar la cara o tiene vergüenza”, agrega.

Maureen Brenson, referente de Uruguay de la Comunidad Internacional de Mujeres que Viven con VIH/Sida (ICW, por sus siglas en inglés), da un ejemplo.

“Tenemos una compañera que le daba sus medicamentos al marido. Ella se atiende en asistencia pública, recibe la medicación gratis. Su marido tiene una mutualista privada, y los medicamentos los compra a través de unos tickets que son caros, entonces ella decía que no los quería tomar y se los daba al marido?”

Muchas de las nuevas víctimas del VIH/Sida son mujeres demasiado jóvenes que, luego de recibir la noticia de que están embarazadas, en los primeros chequeos se enteran que conviven con el VIH. Lamentablemente, es común que sean discriminadas en los servicios de ginecología. Los médicos, prefieren que ellas no tengan hijos, negándoles el derecho a su salud sexual y reproductiva.

LOS PROFESIONALES

“La aparición de las combinaciones de antiretrovirales marcó un punto de inflexión en la historia de la epidemia (?) Ahora es posible vivir con VIH/Sida por tiempo prolongado y retrasar la aparición de enfermedades oportunistas por años, dando así calidad a la vida de los afectados”, aclara Laura Astarloa, infectóloga, ex directora del Departamento de Medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Pero este hallazgo debería ser sólo el comienzo de una nueva etapa. “Lo más valioso de la investigación es que la hicimos nosotras, las mujeres que vivimos con el virus. Incluso por el compromiso que significaba para el médico: creo que es la primera vez que un paciente encuesta a un médico”, dice Maureen Brenson.

El dato que más nos asombró fue comprobar a nivel regional cuánto tiene que ver la cuestión médica con la adherencia a los tratamientos. Es decir: la información que ellos dan, la confianza que, generalmente, no generan? No digo que se forme una amistad, pero es necesario que el médico empate con su paciente.

“Al principio, tenía dosis cada 8 horas, y yo era un desastre”. A veces me encontraba en la calle y había olvidado las pastillas en casa. Para mí era muy complicado tomarlas. Lo hablé con mi médico y me pasó a dosis cada 12 horas, ahora es mucho más fácil”, detalla Betty Escobar, referente del Capítulo Venezuela de ICW.

A esto, los médicos reconocen que “priorizan la mejor opción terapéutica por encima de aquella que genera mayor adherencia”, es decir, responden a la letra fría del manual sin considerar demasiado las particularidades del paciente que deberá seguirlo.

Queda pendiente, es obvio, hacer hincapié en las estrategias para no abandonar ni alterar la toma de la medicación. Quizás esquivando responsabilidades, el 95 por ciento de los infectólogos cree que las personas que siguen los tratamientos deberían contar con apoyo psicológico.

“Seguimos estando invisibles. Si entiendes que convives con el virus, que ése es tu destino, que es una parte tuya, bien: sigamos para adelante. Una persona diabética o con problemas cardíacos acepta y avanza. En cambio, las personas que vivimos con VIH/Sida, no ?compara Soto Calderón-.

Por eso la lucha cuesta tanto, y la discriminación es uno de los aspectos más importantes y la perdida de sensibilidad incluso de parte de los actores del área de la salud.

En mi país, Perú, tienes cita con un médico y sólo te pregunta cómo estás: ni te ausculta, ni te mira y pum: chau. No te controla. Generalmente te atiende el médico internista, no hay muchos infectólogos.

En un hospital muy grande de la región norte de mi país, el consultorio donde atienden a las personas que viven con Sida está pegado a la morgue. Te imaginas? Son pocos los profesionales que quieren que esto avance y que avance hacia algo positivo.”

* Periodista argentina

06/MM/LR/CV

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