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Mejorar nutrición de mujeres y sus hijos contribuye al desarrollo

Por Anaiz Zamora Márquez
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La malnutrición infantil y materna representan severos costos sociales, económicos y de salud inaceptablemente altos para todos los países.
 
Recientemente la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicó el informe “El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2013”.  
 
Ahí sostiene que la inadecuada nutrición materno-infantil, aunque disminuyó a la mitad en las dos últimas décadas, aún representa costos económicos incluso más altos que los que implican otras deficiencias en la nutrición que van en aumento, como la obesidad y el sobrepeso.
 
La desnutrición materno-infantil –según el informe– es la vía principal por la que la condición de pobreza se transmite de una generación a otra, por ello se debe asegurar que en los primeros 24 meses de nacido tanto la madre como su hija o hijo cuenten con una alimentación adecuada.
 
Debido a que los primeros dos años de vida son cruciales para el posterior desarrollo de un menor de edad, la carencia de nutrientes repercute severamente en su desempeño escolar y más adelante en el laboral.
 
En este contexto, el documento resalta que son las mujeres las que llevan la carga de la nutrición de sus hijas e hijos, y que la falta de acceso a una adecuada alimentación –que incluye agua salubre– que ellas padezcan repercutirá en sus hijas e hijos, principalmente en las y los menores de cinco años.
 
La FAO analizó el costo social de la malnutrición materno-infantil a través del índice Años de Vida Ajustados por Discapacidad (AVAD), es decir, con la suma total de años de vida perdidos a consecuencia de muerte prematura o discapacidad a nivel global.
 
La estimación de los AVAD para 2010 es de más de 166 millones de años perdidos a nivel mundial, lo que repercute de manera directa en el desarrollo económico de los países al constituir una pérdida de productividad y gastos directos en atención sanitaria.
 
La malnutrición llega a representar una pérdida de hasta el 5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, mientras que la desnutrición o falta de nutrientes entre el 2 y 3 por ciento del PIB mundial, estima la FAO.
 
Sumado a ello, a nivel global una cuarta parte de las y los niños menores de cinco años –concentrados en su mayoría en países en desarrollo– sufre retraso en su crecimiento, y la mitad padecen de una o más deficiencias de nutrientes.
 
Si se mantiene esa tendencia, estas son las y los menores que en un futuro verán limitado su acceso a mejores condiciones laborales.
 
El informe también da cuenta de que algunas de las causas inmediatas de la malnutrición están relacionadas con la insuficiente disponibilidad de alimentos o el insuficiente acceso a ello, aunque también se incluyen la falta de agua potable y las dietas inapropiadas.
 
Ante ello la FAO sostiene que para mejorar la nutrición y reducir estos costos es indispensable crear medidas integradas en distintos sectores, pero en primer lugar se debe trabajar en la alimentación y la agricultura.
 
Igualmente, crear formas más directas e inmediatas para que las mujeres accedan a alimentos más ricos en nutrientes, y eliminar las dificultades que les hacen recorrer largos caminos para obtener agua potable, para así mejorar la nutrición de las mujeres y de quienes estén bajo su cuidado.
 
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