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Mi familia veía normal que bebiera, no así que acudiera a AA

Por Gladis Torres Ruiz

Durante 13 años ingerí bebidas alcohólicas, escuchaba a la gente hablar de Alcohólicos Anónimos (AA) y otras terapias, sin embargo “nunca pensé que yo estuviera enferma de alcoholismo, mi familia no es una familia disfuncional, soy universitaria, tengo amigos, trabajo”, indica Sandra.

La ahora militante del grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos (AA), Matriz Condesa, narra que su mamá y su papá siempre la trataron bien a ella y a su hermana, “trataron de prepararnos para salir al mundo, nos dieron educación, valores y cariño; sin embargo yo siempre quise más”.

Para mí, emborracharme era algo normal, nunca miré mi problema y mi familia hacía como que no lo veía, mi comportamiento era tomado como la rebeldía común de una joven, “varias veces me fui de la casa, no llegaba a dormir y otras cosas, pero para mí eso era normal. Mi primera cerveza la tomé a los 12 años en la secundaria”.

Lo más triste que me pasó con mi familia y con la sociedad fue darme cuenta que ven a las personas que tienen problemas con su manera de beber como “normales” sin complicaciones como algo común y corriente, normal.

Y en ocasiones como sucedió en mi caso, enfatiza Sandra, te critican más por buscar ayuda “yo fui más estigmatizada por asistir a un grupo de AA y ser mujer, que por todas las cosas que hacia alcoholizada. Mi familia siente mucho vergüenza de que yo asista a un grupo de ayuda, no quieren que nadie de la familia sepa que asisto a mis juntas y las amistades de la familia mucho menos”.

Ellos preferían que siguiera tomando, pero que nadie se entere que voy a un grupo de AA. La familia, las y los vecinos vieron todo lo que hacía, que no llegaba a dormir, cómo regresaba, pero ahora si ahora se enteran que estoy en AA, “imagínate lo que van a pensar que hiciste”, dice mi mamá.

“Prefieren ocultar la enfermedad, optan por seguir teniendo al borracho ahí escondido, que aceptarlo socialmente, que aceptar que tiene problemas y más siendo mujer”, enfatiza la ahora socióloga de 31 años.

En este mismo sentido, la mujer agrega: llegas a un círculo de gente y si tomas todos te reciben de una manera muy grata, te aceptan, toda la sociedad te dice salud y eres bienvenida. Pero si llegas y dices no tomo, porque soy doble AA, todas las miradas se dirigen hacia ti, señalándote como lo peor de lo peor. “Se nos dice la escoria de la sociedad”. Viven o vivimos todas y todos en una doble moral.

Cuando llegué a AA, lloraba mucho, se me hizo lo peor que había hecho en mi vida, “no recordaba que me había quedado en la calle, si había estado con algún hombre que ni conocía, para mí lo peor que había pasado en mi vida fue llegar a AA”.

Ahora que tengo casi un año en la agrupación, me doy cuenta que ese sentimiento fue por el estigma tan grotesco que la sociedad ha creado en torno a las mujeres con problemas de adicción y de los grupos de AA.

“Ahora quiero decir que la sociedad de doble AA me ha brindado todo el amor, la protección y apoyo que necesitaba; todo esto ha cambio de nada. Encontré la sociedad con la que siempre quise convivir, la que tuvo los brazos abiertos para recibirme cuando yo lo decidí, sin juzgarme ni condenarme”, finaliza Sandra.

DROGAS, ALCOHOL Y JUVENTUD

Según la encuesta sobre Consumo de Drogas en Estudiantes en México, tan sólo en el Distrito Federal el consumo de drogas entre estudiantes aumentó de 15.2 por ciento a 17.8 por ciento, mientras que el abuso de bebidas alcohólicas se incrementó en más de uno por ciento, con lo que se estima que estos padecimientos ahora afectan al 25.2 por ciento de las y los adolescentes capitalinos.

En tanto que Ciudad Juárez y Tijuana ocupan el primer lugar en cuanto a jóvenes que utilizan estupefacientes, mientras que la ingestión constante de bebidas alcohólicas alcanza al 40 por ciento de la población de bachillerato de Aguascalientes, problemática que sitúa a esa entidad en el primer sitio.

Según la investigación realizada entre 2003 y 2006, las drogas de mayor consumo entre las mujeres son: la mariguana, con 6.4 por ciento; los inhalantes, 6.2 por ciento, los tranquilizantes 5.8, las anfetaminas 3.4, y la cocaína, en 2.6 por ciento.

Así mientras el problema de las adicciones crece entre las y los jóvenes de nuestro país, el gobierno destina únicamente el 1.2 del presupuesto a la atención de la salud mental y las adicciones, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los gobiernos destinen el 10 por ciento de sus presupuestos a la atención de esos padecimientos.

07/GT/GG

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