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Migrante haitiana lucha por traer a sus hijos a México

Por Guadalupe Cruz Jaimes

Ileina Baptiste llegó de Haití a esta capital hace tres años con la intención de comenzar una nueva vida, dejando atrás la violencia que sufrió en su país natal.

Ahora, dice, sus dificultades son económicas, ya que apenas percibe 800 pesos a la semana, insuficientes para mantener a sus hijos y costear la renovación anual de sus documentos migratorios.

La mujer, de 43 años de edad, debe ahorrar todo el año para que en julio próximo pueda tramitar su permiso para vivir y trabajar en el DF, así como la autorización de estancia legal para su hija Manita y su hijo Picá. Por los tres documentos paga alrededor de 11 mil pesos.

Pese a las limitaciones económicas, la haitiana está más tranquila que en su país y se siente más segura, comenta a Cimacnoticias, aunque aclara que sólo le gustaría percibir mayores ingresos y acceder a programas sociales que le permitan cubrir sus necesidades.

En su país Ileina Baptiste tenía una escuela donde enseñaba cocina y costura, entre otros oficios, a mujeres, niñas, niños y jóvenes. De eso vivía hasta que el plantel sufrió varios asaltos.

"Salía al mercado y cuando regresaba ya no había nada; la gente de la calle entrababa a robar. No se puede vivir así". Tras los atracos "había que trabajar más para empezar de nuevo", relata.

La originaria del barrio de Kafou, en Puerto Príncipe, podía recuperar lo material, pero vivía con el temor de ser agredida: "Por mi cabeza no tengo problema. Pienso en ellos (sus hijos); si me muero ¿qué van a hacer? Están chiquitos todavía".

EMPEZAR DE CERO

Ileina tiene cinco hijas e hijos. Los mayores de 19 y 21 años viven en Haití, la de 13 años vive en Francia con una de las hermanas de la caribeña; sólo Manita, de 16, y Picá, de 9, llegaron al DF en 2010 tras el terremoto que sacudió a la nación caribeña y que dejó 316 mil muertos, según cifras oficiales.

Ileina llegó un año antes (abril de 2009) a la Ciudad de México, sin conocer a nadie, con el propósito de sacar adelante a su familia: "Un día decidí buscar la vida en otro lado, vendí las cosas que tenía en mi casa. Fui a una entrevista en la embajada mexicana para que me dieran la visa, lleve los documentos y me la dieron".

Platica que consiguió 800 dólares (11 mil 200 pesos) para comprar su boleto. Días después llegó a esta ciudad y se instaló en un hotel, donde vivió casi un mes.

En ese tiempo Ileina salía a caminar en busca de empleo, pero no podía comunicarse porque no hablaba español. De sus recorridos narra que tiene buenos y malos recuerdos, ya que en una ocasión le robaron la bolsa con 200 dólares (2 mil 800 pesos), pero también conoció a un señor que la llevó a la organización civil Sin Fronteras, la cual brinda apoyo a las personas migrantes.

Allí, la haitiana recibió ayuda para tramitar su documento migratorio y encontró a una connacional que le dio hospedaje en su casa, hasta que encontró un lugar para vivir.

Estuvo cuatro meses sin trabajo. "Veía en la calle letreros de que solicitaban empleados de 20 y 30 años de edad, pero yo tenía casi 40. Un día encontré uno que solo decía ?necesito ayudante? y me contrataron para hacer limpieza", comenta. Por esa labor le pagaban sólo mil 200 pesos al mes.

Ese salario no le alcanzaba ni para costear su renta. "¿A dónde voy a encontrar dinero para traer a mis hijos de Haití? ¿Qué voy a hacer?", pensaba la mujer.

Meses después, un conocido de su país le consiguió otro empleo en un restaurante, donde actualmente labora como cocinera. "Me siento un poquito mejor; me pagan 3 mil 200 al mes, cada semana puedo ir al mercado y comprar alguna cosa que necesito".

Con este salario, a poco más de un año de vivir en el DF, Ileana pudo pagar las visas y pasajes a México de sus hijos Manita y Picá, quienes estudian en escuelas públicas de la capital.

Ileina trabaja de 8 a 12 horas diarias y a veces descansa un día a la semana, pero no se queja, está contenta porque recién la afiliaron al IMSS. Antes recibía atención en el Seguro Popular, donde ?dice? la trataban bien, pero no siempre le daban los medicamentos que necesitaba. "Si tenían la medicina me la daban, si no yo la compraba", agrega.

"MORIRÉ FUERA DE MI PAÍS"

Para Ileina "la vida no es difícil en la ciudad; hay seguridad, hay calma, no me molestan en la calle y a mis hijos tampoco. No soy rica, pero tengo tranquilidad, poco a poco voy saliendo", afirma.

Aunque reconoce que "hay días que no tengo dinero para lo que necesitan (mis hijos) en la escuela o en la casa", y considera que tener acceso a programas sociales sería de gran ayuda.

Y es que la haitiana sólo recibe el apoyo económico para la compra de uniformes escolares (450 pesos cada año) por parte del gobierno capitalino, pero no tiene más apoyo. "Si tengo comida, comemos, si no hay, no comemos", lamenta.

Uno de sus gastos más importantes es el pago anual de su documento migratorio, el cual desde que llegó al país aumentó de 2 mil 210 a 3 mil 365 pesos. Ileina teme que este año vuelva a subir y tenga que pagar 14 ó 15 mil pesos por su permiso y el de sus hijos.

La mujer tiene que ahorrar también para enviarles dinero a sus hijos mayores en Haití, quienes desde el terremoto de enero de 2010 viven en la calle, sin acceso a empleo, ni alimentos.

Baptiste confía en que en breve pueda pagar las visas de sus hijos y su traslado a México, ya que la situación en su país natal es crítica. "Si no envío dinero no comen, allá no hay nada, se sufre mucho: no hay servicios de salud, de educación, ni siquiera agua potable. La gente no recibe apoyo del gobierno, ni la ayuda internacional, que dicen en la televisión", acusa.

Ileina, quien se considera una persona fuerte, no sabe cuánto tiempo permanecerá en México, pero dice que quiere obtener la nacionalidad, sobre todo para dejar de pagar la renovación del documento migratorio cada año. De lo que sí está segura es de que "voy a morir fuera de mi país", pues no piensa regresar a Haití.

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