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Mil mujeres de paz, comprometidas con la no violencia

Por Sara Más corresponsal

“Una activista católica argentina, una jazzista estadounidense, una congresista afroamericana, una escritora chicana, una sindicalista colombiana, una ex trabajadora sexual, indígenas, pacifistas y defensoras de los derechos humanos son algunas de las mil mujeres nominadas este año al Premio Nobel de la Paz.

Proceden de diferentes Estados, clases sociales y etnias, viven en ciudades y campos, algunas con alta educación y otras sin ninguna. Hay indígenas y académicas; europeas, latinas, asiáticas o africanas; líderes más conocidas y mujeres casi anónimas; algunas muy jóvenes, otras de edad adulta, también ancianas.

Pero más allá de cualquier diferencia, tienen algo en común: sus deseos de un mundo más justo y menos desigual. Y la posibilidad de hacer justicia histórica a la escasa presencia femenina que, desde hace más de un siglo, ha recorrido a los Nobel.

“Es pertenecer a una magnífica fraternidad, no sólo de mil mujeres, sino de millones que a lo largo de la historia de la humanidad han trabajado por la paz”, confesó la australiana Stella Cornelius, incluida en la lista por ser una experta reconocida en materia de paz, solución de conflictos y derechos humanos.

Sus campos de acción también son diversos: algunas son líderes regionales, pero otras trabajan en sus comunidades, en los lugares perdidos de la geografía y alejados de las grandes y visitadas ciudades.

Comprometidas con un futuro de no violencia, “cada una tiene su propia historia y origen”, además de “mil estrategias para la superación constructiva de conflictos”, aseguran los organizadores.

De Cuba fue nominada Lizette Vila, realizadora de cine y televisión, musicalizadora e incansable promotora cultural, quien fundó y dirige, desde hace varios años, el proyecto Palomas.

Caracterizados por un acercamiento muy personal a la realidad social no siempre más visible, los trabajos de Vila buscan sensibilizar al público con la situación, el sentir y la vida de determinados grupos de la sociedad, como pueden ser las personas con algún tipo de discapacidad, o con problemas no siempre tratados abierta y frecuentemente en la vida cotidiana.

Según su directora, Palomas se define como un proyecto por la paz y la diversidad, que busca crear un espacio humano, de convivencia y respeto, para que las personas sean tenidas en cuenta con todos sus valores y no sólo por sus apariencias.

Creado en abril de 2001 y adscrito al Instituto Cubano de la Industria Cinematográfica (ICAIC), Palomas produce documentales y organiza acciones y conciertos para promover la paz y el respeto a la diversidad.

El premio, que comenzó a fraguarse en 2003, en Suiza, tiene el propósito de llamar la atención pública sobre el papel de la mujer en la construcción de un mundo solidario y pacífico.

La selección de las candidatas, que ya ha empezado a divulgarse por el mundo, ha corrido a cargo de 19 coordinadoras de todas las regiones, encargadas de la búsqueda y el nombramiento de las mil mujeres para el Premio Nobel de la Paz 2005.

Esta idea fue impulsada en 2003 por iniciativa de Ruth-Gaby Vermot-Mangold, integrante del Consejo Nacional Suizo y del Consejo de Europa, con el apoyo de Swisspeace, la Fundación Suiza para la Paz.

“Queremos hacer visibles los rostros y la historia de mujeres valientes de paz”, asegura Vermot-Mangold, quien preside la Asociación Mil Mujeres para el Premio Nobel de la Paz 2005.

Como integrante del Consejo Europeo, Vermot-Mangold visitó durante años los campos de refugiados de varios países en crisis o situaciones de guerra, como Azerbaijan, Armenia, Bosnia, Kosovo, Serbia, Georgia y Chechenia.

“En todos estos lugares he encontrado a mujeres que trabajan por la paz en condiciones extremadamente peligrosas: consiguen medicamentos en circunstancias difíciles, buscan a sus desaparecidos, exigen alimentos para los hambrientos y luchan por un mejor alojamiento para los refugiados”, ha relatado.

Así fue tomando forma su propuesta de otorgar el Nobel de la Paz a las víctimas de las guerras. “Son las mujeres quienes lloran por los muertos, son ellas las sobrevivientes que insisten por una salida pacífica. Valientes, perseverantes, sin pensar en sí mismas, sin tomar en cuenta a su persona, ellas exigen la paz”, asegura.

Desde su creación en 1901, el Premio Nobel ha recaído fundamentalmente en hombres de Estado y sólo se le ha otorgado de 12 mujeres. La primera en recibirlo fue la austriaca Bertha von Suttner, en 1905.

De entonces a la fecha lo han recibido, además, la keniana Wangari Maathai, la iraní Shirin Ebadi, las estadounidenses Jody Williams, Emily Greene Balch y Jane Addams, la guatemalteca Rigoberta Menchú Tum, la birmana Aung San Suu Kyi, la albanesa Madre Teresa de Calcuta, la sueca Alva Myrdal, las irlandesas Betty Williams y Mairead Corrigan, y la suiza Bertha Sophie Felicita von Suttner.

De América Latina y el Caribe están postuladas, este año, 144 mujeres de 19 países latinoamericanos.

“No se puede prometer que las mil mujeres reciban el Premio con seguridad. Pero, aunque no se otorgue el Premio a las mil mujeres, ellas y su trabajo no deben regresar al olvido ni quedarse en la nada”, reiteran los promotores de esta iniciativa.

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