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Mis vidas pasadas

Por Juana Eugenia Olvera*

Una tarde que me encontraba haciendo mis horóscopos en la cafetería occidental, se acercó a mí un señor hindú muy hermoso que vivía en el Ashram. Era también astrólogo y llamaba mucho la atención por su forma de vestir. Era moreno, con su cabellera blanca reluciente y sus atuendos típicos blancos.

Siempre le rodeaba un aroma a jazmín. Él fue uno de los grandes amigos de Baba Muktananda. Me platicó que había estado viviendo en San Francisco por unos 20 años y finalmente había regresado a la India.

Le llamaba la atención que cada que me veía siempre estaba haciendo horóscopos; le comenté que era una seva especial que me habían autorizado a realizar, siempre y cuando no cobrase por ello.

Entre los papeles que tenía en la mesa se encontraba mi horóscopo y no recuerdo cómo fue que de pronto lo estaba revisando. Empezó a decirme que el nodo sur de su Luna estaba encima de mi Sol, así como su Júpiter. Esto lo veía como indicio de haber vivido juntos, bien como su hija, o bien como su esposa.

Si bien yo creía en las vidas pasadas, no había profundizado tanto en sus estudios como ahora. En la gnosis llegamos a realizar regresiones en grupo, pero pocas veces las habíamos hecho de manera individual.

Me dijo que para despejar cualquier duda, si quería experimentar una regresión él podía dirigirla. Le dije que lo pensaría y al otro día le daría mi respuesta.

Esa tarde hablé con mi amiga Ada y llegamos a la conclusión de que valía la pena experimentar la regresión para ver qué encontrábamos.

Al otro día, después de la meditación matinal y el desayuno, nos encontramos en el restaurante occidental. Nos dirigimos a su estancia. Por haber sido uno de los grandes amigos de Baba Muktananda, gozaba de varios privilegios. Tenía una especie de suite, no pagaba ni una rupia por su estancia, comida y lavado de ropa, lo que le hacía la vida bastante fácil.

Muy seguido era invitado a diferentes universidades a dar conferencias, ya que aparte había estudiado lo que acá llamamos ciencias y hablaba varios idiomas.

Por mi parte tenía ciertas reticencias para permanecer en su estancia, pero hice caso omiso y no me equivoqué.

Me acosté en la cama y poco a poco me fue induciendo en una sesión hipnótica y me fui dejando llevar. Empecé a verme como una jovencita hindú que se encontraba al lado de un hombre mayor muy similar a él, sentados a la entrada de una casa tradicional de la India.

Lo que me llamaba la atención es que podía estar sentada en cuclillas, que actualmente me parece sumamente difícil y cansado. Me recargaba en sus piernas mientras me acariciaba el pelo. De pronto la imagen pasó a un lecho de muerte, donde yo era la persona muerta y el varón lloraba a mi lado. Me sacó de concentración y abrí los ojos.

Obviamente el hombre era él, Joti. No le dije nada de lo que había visto y volví a bajar el nivel de conciencia para ver otras escenas similares; en una de ellas era hija de unos vecinos de él y siempre iba a verle porque me quería mucho y me traía regalos de sus viajes. En otra visión era mi esposo, teníamos varios hijos y yo moría al dar a luz su último hijo.

En realidad no recuerdo cuánto tiempo nos llevamos trabajando las regresiones. Cuando finalmente volví al momento presente de ese día. No quise decirle lo que había visto, sin embargo él fue comentando con lujo de detalles cada una de las regresiones.

No le dije nada, sólo comenté que me había sentido muy triste y esto fue cierto. Obviamente lo que más me sorprendió fue la capacidad de interactuar en mi subconsciente y ver lo mismo que yo había percibido.

Habló un poco de los prejuicios que como occidental yo mantenía y me pidió que me quedara a vivir con él en el Ashram.

Honestamente, era una persona muy agradable y me presentó un panorama tan halagüeño que casi digo que sí, pero no. El estado de ánimo que tenía en ésa época no me inclinaba a comprometerme con una pareja.

Pese a que me ofrecía una vida regalada, viajar a Nueva York o San Francisco, en Estados Unidos, o dentro de la misma India o el oriente. Para mí, el hecho de haber vivido con él otras vidas era suficiente, no le veía caso repetir, aunque ahora que lo veo en la distancia pudo haber sido muy interesante.

Creo que todo se conjugó para mantener mi decisión, ya que de pronto tuve que ir a Bombay para arreglar mi regreso a México, al mismo tiempo que él salió a dar una conferencia y no pudimos volver a coincidir.

*Narradora oral, astróloga y terapeuta.

11/JEO/RMB

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