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Modelos simbólicos de las mujeres en el cristianismo: Lilith, Eva y María

Por Teresa Mollá*

Recientemente, buscando información sobre los modelos simbólicos de las mujeres en el cristianismo, me encontré ?de nuevo? con la historia de Lilith, la que según algunos libros antiguos (alfabeto de Ben Sirah, libro judío anterior al Talmud, año 1100 al 600 A.C.) describen como la primera mujer de Adán: “Dios creó a Lilith, la primera mujer, como había creado a Adán”.

Al parecer Lilith era una mujer independiente que con su esencia cautivaba a todos los seres que la rodeaban. Era libre como el viento, llena de curiosidad le encantaba investigar su entorno y llenarse de conocimiento.

Era hermosa y libre por lo que no quería yacer con Adán estando debajo: “Fuimos creados iguales y debemos hacerlo en posiciones iguales”, le reclamó. Adán no aceptó y ella lo abandonó, retirándose a una cueva del Mar Rojo.

Mientras tanto Adán se sentía solo. Y Dios creó a Eva de él, para que así le perteneciera y fuera obediente, le daba placer e hijos.

Pero a Eva le empezó a despertar la curiosidad y Lilith se apiadó de ella. No podía entrar en el paraíso como humana así que lo hizo como una serpiente. Se enroscó en el manzano, esperándola para darle el fruto del conocimiento.

Eva la cogió, la mordió y empezó a tener conciencia de quién era y lo egoístas que eran Adán y el creador. Apareció Adán y quiso saber lo mismo que ella y la mordió pero no entendió nada. La conciencia de la mujer sobre sí misma fue la destrucción del paraíso masculino. Y llegó la CULPA como elemento de sumisión?

En el tercer Concilio Ecuménico, celebrado en el año 431, los padres de la Iglesia llamaron a María “Theotócos”, palabra griega que quiere decir “la madre de Dios”.

La parte de María en el misterio de la Encarnación fue el de una mujer escogida para ser el recipiente que contuviera al santo de los santos; en este misterio ella viene a ser la madre de Dios. Ella fue sumamente fiel y obediente al mandato que Dios le había dado: ser una verdadera madre. “Una hija de Adán sin pecado” (libro de la Sabiduría 7).

La obsesión de Lilith, al parecer fue la dignidad, por ella lo perdió todo y quedó aislada y descalificada en el imaginario patriarcal. Así le respondió el cristianismo a ella y en ella, a todas las mujeres, dedicándose a enseñar en sus libros y sus hechos la violencia contra las mujeres.

La Iglesia católica cometió en la Edad Media el mayor Holocausto contra las mujeres: torturó hasta la muerte y quemó en la hoguera entre 40 mil y 70 mil sólo en Europa, acusándolas de brujas.

Vistos estos tres modelos simbólicos de mujeres, comenzamos a entender los motivos por los que los de las faldas largas y negras siguen perpetuando el modelo de mujer sumisa, proclive a sus dictados y a ser una madre universal y esposa obediente, más allá incluso de los golpes que le pueda propinar su pareja, puesto que todo está justificado en aras de que no aparezca de nuevo Lilith, o en su caso Eva.

El modelo Mariano en el que las mujeres hemos de mirarnos es el de la sumisión, la entrega, la esclavitud a los deseos o necesidades del hombre, la maternidad sin placer, el dolor de los partos que además mistifica la propia maternidad, la renuncia a nuestro propio cuerpo y al placer, la falta de libertad para elegir?

Y así una larga lista que han ido inventando a lo largo de los siglos. Y claro todo ello bajo el temor al castigo impuesto por no cumplir con lo establecido y a través de la culpa como potentísimo instrumento para someternos.

¿Cómo pretenden los de faldas largas y negras que las mujeres librepensadoras y un poco libres les debamos respeto, si a lo largo de la historia han buscado eliminarnos de la faz de la tierra?

¿Cómo quieren que les creamos cuando se han empeñado en negarnos incluso nuestro propio cuerpo, nuestra propia libertad para elegir e incluso nuestro derecho a acceder al conocimiento y a perpetuarlo?

¿Cómo quieren que les perdonemos si han construido un discurso destinado al sometimiento y a la naturalización de la violencia que se ejerce contra nosotras en todos los ámbitos?

Un ejemplo de ese discurso misógino: “Jóvenes y viejos de Sodoma, toda la población hasta el último, gritaban a Lot:
?¿Dónde están los hombres (ángeles) que han entrado en tu casa esta noche? Sácalos para que nos acostemos con ellos?. Lot se asomó a la entrada, cerrando la puerta al salir, y les dijo: ?Hermanos míos, no seáis malvados. Mirad, tengo dos hijas que no han tenido que ver con hombres; os las sacaré para que las tratéis como queráis, pero no hagáis nada a estos hombres que se han cobijado bajo mi techo?”. (Génesis 19, 4-8).

Y yo me pregunto: ¿Con este tipo de discursos, que siguen predicando los de las faldas largas y negras, pretenden que sigamos negando a Lilith? Más bien al contrario.

Hay que comenzar a reivindicarnos cada una de nosotras como una Lilith potencial que pretende pararles los pies en cada uno de los espacios que ocupan y que pretenden imponernos. De los tres modelos simbólicos, me quedo con la que se reivindicaba como libre e igual, con Lilith.

tmolla@teremolla.net

*Corresponsal, España. Periodista de Ontinyent.

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