Muerte materna: el silencio institucional mata

Mortalidad Materna
    Embarazo adolescente y aborto clandestino: los otros asesinos
Muerte materna: el silencio institucional mata
Por: Miriam Ruiz
Cimac | México, DF.- 27/01/2006

Una cuarta parte de todos los abortos realizados en malas condiciones en el mundo cada año son practicados sobre jóvenes de entre 15 y 19 años de edad, lo que suma cerca de 20 millones de abortos anuales de acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP, por sus siglas en inglés).

Así cerca de 78 mil mujeres mueren por abortos inseguros cada año en el orbe, siendo ésta, junto con el embarazo y el parto, la primera causa de defunción en la población femenina adolescente.

En la Ciudad de México se calcula que aproximadamente cada año hay 500 mil adolescentes embarazadas, lo que equivale al 25 por ciento del total de embarazos que registra el país, según información del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal (Inmujeres-DF)

Asimismo, cifras del Consejo Nacional de Población (Conapo) indican que el aborto es la cuarta causa de muerte materna entre mujeres en edad reproductiva.

EMBARAZO ADOLESCENTE

El embarazo en la adolescencia es considerado un problema desde diferentes ópticas, ya que implica mayor riesgo de mortalidad materna, menores oportunidades de educación y, en ocasiones, el abandono total de los estudios, así como el fortalecimiento del círculo de la pobreza y un mayor riesgo de daño y mortalidad infantil.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera como embarazo adolescente o temprano aquél que ocurre entre los 15 y los 19 años de edad.

Diversos estudios indican que más del 50 por ciento de las y los jóvenes menores de 17 años son sexualmente activos. Este fenómeno es denominado sexualidad temprana en numerosos documentos, e implica riesgos de un embarazo, deseado o indeseado, con consecuencias negativas a corto y largo plazo para las mujeres adolescentes.

En nuestro país ocurren más de 25 mil nacimientos anuales de madres menores de 19 años; cerca de 10 por ciento de esa cifra termina en interrupciones del embarazo; en muchos casos, en condiciones inadecuadas de higiene que ponen en riesgo la salud e incluso la vida de las adolescentes señala Inmujeres-DF.

De esta forma, las adolescentes que deciden ser madres tienen que hacer frente a la resistencia del entorno social, la cual puede traducirse en el rechazo de la familia, la expulsión de la escuela y la pérdida o disminución de su red social de amistades.

Los efectos sociales en las jóvenes madres son importantes, sobre todo si se considera que la mayoría de los embarazos adolescentes se gestan en jóvenes en situación de pobreza y de escasa escolaridad, quienes tienen que asumir la responsabilidad de la crianza de la hija o e hijo. Muchas de ellas se convierten en jefas de un hogar con bajos ingresos.

Para aquéllas que desean poner término al embarazo, las posibilidades de hacerlo son frenadas por las leyes que penalizan el aborto, el temor de una intervención insegura, el sentimiento de culpabilidad y el alto costo de la cirugía, entre otros factores.

SOLO QUEDO LA AUTOPSIA VERBAL

Tenía 16 años cuando murió, pocas semanas antes de tener a su primer hijo. Aunque tuvo atención médica en Lelenchij, Oxchuc, nadie le hizo caso cuando sus pies se empezaron a hinchar. El primer síntoma claro de la segunda causa nacional de muerte materna: preclampsia.

Juana Guzmán Santiz es recordada apenas por su viudo, Marcos Sántiz Gómez, campesino tzeltal. El único registro de la vida de Juana quedó en su autopsia verbal.

El ya olvidó la fecha y el año. "No, no lo sé cuánto tiempo estaba con nosotros, sólo un año, un año nada más". Era el 25 de mayo del 2001.

A los cinco meses de embarazo la llevaron a revisión al cercano hospital de Tracoma, dependencia de la Secretaría de Salud. Y acudieron a más citas.

"La última vez que llegué, que me dijeron, es que me citaron porque se le empezaron a hinchar sus pies. Se le hincharon estas dos partes. De ahí la volví a llevar, entonces la vacunaron del tétanos. Que me dijeron que con eso se iba a componer. Ni por más, ya no se compuso. Casi duró una semana o tres días que faltaban para que la llevara a que la revisara otra vez el doctor; empezó su enfermedad más fuerte y fue que se agravó hasta que la mató", cuenta Marcos.

En la familia no se detuvieron a pensar que ella pudiera morir, pues la consideraban fuerte. Le faltaban tres semanas para el parto y estaban tranquilos "porque la hinchazón que tenía decía el doctor que era por el niño o por el bebé que estaba esperando, que no tenía otra enfermedad; que era por el mismo embarazo, que ella estaba así por eso. Estaba contento, no pensamos que esto fuera grave."

Así que en el último día de su vida, Juana "estaba tranquila y se levantó temprano y me dio mi ropa, porque era el último día de ir a trabajar allá arriba; entonces, mi papá dijo que como era el último día de trabajo allá arriba que nos llevaran refrescos, que nos llevaran pozol, y que mi mamá llevara a su nuera que fuera allá arriba," rememora Marcos.

-Ta bueno, entonces, vas a poder ir, nuera, vamos allá -parafraseó el viudo a su madre.

-Sí, porque soy una fuerte, pues sí puedo ir -habría respondido Juana.

-Entonces vas a poder, ¿sí?

-Sí puedo.

-Entonces ahí nos vas a dejar nuestro pozol para que tomemos allá -celebró el suegro.

De regreso, ella sintió algo que tenía en la cabeza y que se le pasó al otro lado. Pensaron que podían ser piojos. Luego "empezó a doblarse haz de cuenta cuando matamos pollo, como cuando matamos pollo y lo ahorcamos de la nuca; igual le pasó y ella ya no habló. Fue muy fuerte lo que le tocó; lo único, que sí se le dobló el cuello y estiró un brazo y se le tapó el habla, ya no podía hablar."

Alcanzó a llegar al hospital de Tracoma. El personal médico le dio medicamentos para la presión "y luego dijo el doctor que ya no se iba a poder, ahí nomás. Ya no se va a poder curarla, aquí es mejor que la lleven al hospital regional". Pagaron un carro, pero Juana murió en el camino a San Cristóbal de las Casas.

06/GT/MR/YT