Inicio Mujeres brasileñas, su lucha frente al eucalipto en Espíritu Santo

Mujeres brasileñas, su lucha frente al eucalipto en Espíritu Santo

Por Guadalupe Gómez Quintana

El 8 de marzo de 2006, Día Internacional de la Mujer, 2 mil mujeres de Vía Campesina, movimiento internacional de organizaciones de pequeños y medianos productores y sin tierra de América Latina, Asia y Europa, ocuparon antes de la salida del sol el vivero de eucaliptos de la empresa Aracruz Celulose en el estado de Río Grande do Sul, en Brasil, y desde entonces no han dejado de luchar.

En aquella ocasión, en una acción relámpago, con vendas de color lila sobre sus rostros, destruyeron miles de plantas de eucalipto, con el fin de llamar la atención de la opinión pública brasileña sobre los impactos producidos por los monocultivos de eucaliptos y pinos, propiedad de empresas multinacionales del agronegocio, sobre las personas y los ecosistemas locales, concretamente sobre las mujeres y su forma de vida.

Lo anterior se relata con detalle en el libro Mujeres y eucalipto. Historias de vida y resistencia, escrito por Gilsa Helena Barcillos y Simone Batista, editado por el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales Secretariado Internacional, en Montevideo, en diciembre de 2007.

A esa acción, que fue una batalla histórica entre la fertilidad y la aridez, se le han sumado otras, como la que protagonizaron un año después, el día ocho de marzo de 2007, en las calles de la ciudad de Vitória, capital del estado de Espíritu Santo.

Aproximadamente mil 500 mujeres campesinas y urbanas, blancas y negras, indígenas y quilombolas (descendientes de esclavos africanos fugados y rebeldes), realizaron una marcha por el fin de la violencia, por el derecho de los pueblos indígenas y quilombolas a su territorio tradicional y por la justicia socioambiental. La manifestación fue organizada por el Foro de Mujeres de Espíritu Santo, con fuerte apoyo del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra y de otros movimientos sociales y ONG.

Mujeres de la ciudad se sumaron a la marcha de las campesinas, porque los problemas y los desafíos son muchos y comunes a todas ellas. Mujeres de diferentes lugares denunciaron la degradación ambiental y la miseria producidas por el proyecto agroindustrial de Aracruz Celulose y por el avance del agronegocio en tierras de Espíritu Santo y brasileñas. Levantaron la bandera de la reforma agraria y de la soberanía alimentaria.

El mismo día, São Mateus, ciudad ubicada al norte de Espíritu Santo, fue escenario de otro acto organizado por Vía Campesina: 700 personas, la mayoría mujeres, marcharon sobre las calles de la ciudad hasta la BR 101 (carretera que atraviesa la ciudad), con el objetivo de impedir el tránsito de camiones que transportaban el eucalipto para la fábrica de la empresa, ubicada en el municipio de Aracruz.

Meses después, la mañana del día 11 de septiembre del mismo año, cerca de mil personas integrantes del Movimiento de Mujeres Campesinas (MMC) y de Vía Campesina, en una acción más contra lo que denominan el Desierto Verde, trancaron el portón del vivero de eucaliptos de Votorantim Celulose e Papel, en Capão do Leão, próximo a la ciudad de Pelotas, en Río Grande do Sul.

Esta acción dio continuidad a aquella ocurrida el 8 de marzo de 2006: “El objetivo era denunciar al monocultivo del eucalipto en el estado, la consecuente destrucción ambiental, el desinterés de los gobiernos por la agricultura campesina y la producción de alimentos, y llamar la atención sobre la necesidad de la reforma agraria”.

IMPACTOS

Según las mujeres campesinas, los impactos del monocultivo en Río Grande do Sul ya son visibles: una gran sequía en el sur del estado, que posee la mayor área de producción de eucalipto; alteraciones bruscas de temperatura; desaparición del bioma Pampa, llevando a la pérdida de una biodiversidad extraordinaria; disminución de la producción de alimentos; resecamiento de fuentes hídricas; contaminación y la disminución del flujo de agua en los ríos y la pérdida de fertilidad del suelo.

Algunas ciudades, para compensar la escasez, pasaron a racionalizar el consumo de agua. En las regiones más afectadas por el monocultivo, han surgido varios casos de alergia y enfermedades en la piel, debido al alto uso de agrotóxicos por las empresas. Hay agravamiento de la pobreza y del desempleo y, por eso, esas poblaciones han convivido con el crecimiento de la violencia y del éxodo rural.

Acerca de los impactos más específicos sobre las mujeres, en las áreas donde hay mayor presencia de monocultivos, ellas observan el aumento de la prostitución. Además, muchas familias migran para otros lugares en busca de trabajo.

Mientras tanto, llegan nuevos trabajadores a la región, atraídos por las campañas publicitarias y promesas de generación de empleo hechas por las empresas. Eso ha estimulado la formación de un núcleo de trabajadores sin familia, la mayoría de las veces desempleados, lo que contribuye con la aparición de prostíbulos en el entorno de la actividad agroindustrial.

Vía Campesina cree y lucha por otro tipo de desarrollo y niega el modelo capitalista y patriarcal, que deshumaniza a mujeres y hombres y destruye toda la vida del planeta en nombre de las ganancias, señala la organización.

INICIO DE LA DEVASTACIÓN

El origen de la devastación ambiental, explica el libro de Gilsa Helena Barcillos y Simone Batista, se ubica a partir del comienzo de la década de 1960, cuando el Estado brasileño abrazó fuertemente la propuesta de modernización de su territorio y estimuló el ingreso de proyectos agroindustriales que buscaban abundante materia prima y mano de obra barata.

Fue en 1967, año en que estaba en auge del discurso desarrollista de la Dictadura Militar del Estado brasileño, cuando la empresa Aracruz Florestal SA se implantó en Espíritu Santo y se instaló en el norte del estado, sobre las tierras de los pueblos indígenas Tupiniquim y Guaraní.

En 1975, el territorio indígena de 40 mil hectáreas ya se encontraba devastado y listo para ser transformado en un extenso monocultivo de eucalipto por el emprendimiento agroforestal de gran escala y pionero en Brasil.

El norte del estado concentra gran parte del monocultivo del eucalipto de la empresa Aracruz Celulose, ubicada en los municipios de Conceição da Barra (cerca del 70 por ciento del territorio del municipio), São Mateus (cerca del 50 por ciento) y Aracruz (cerca del 50 por ciento del territorio).

El tema de los hechos ocurridos en Espíritu Santo, se afirma en el texto, fue la misma: el enfrentamiento al agronegocio y a su más fiel representante en territorio de dicho Estado, la empresa Aracruz Celulose.

Acciones como las llevadas a cabo por las mujeres de Río Grande do Sul y de Espíritu Santo explicitan que la problemática ambiental y la privatización de la tierra son también cosas de mujeres, o sea, se transforman en preocupaciones de las mujeres por comprometer, sustancialmente, su calidad de vida y la de sus familias.

En las últimas tres décadas, indica el libro Mujeres y eucalipto, se observa el surgimiento de organizaciones de base de mujeres, en las cuales ellas participan en forma significativa, en especial cuando se refieren a los temas de la violencia, salud y medio ambiente.

“Muchas mujeres no feministas legitiman sus actividades al perseguir el bien común a través de identificarse como madres. En la mayoría de las culturas contemporáneas, eso significa que son responsables de preservar la salud de sus hijos, para lo cual dependen de un ambiente seguro. Si este ambiente comienza a lastimar a sus hijos, muchas mujeres actuarán”, expone.

El agravamiento del problema ambiental en la vida cotidiana de las mujeres y su reacción político-organizativa se han desarrollado a escala global e indican la voracidad de la globalización hegemónica también sobre ellas en diversas partes del planeta. La resistencia de las mujeres indígenas y quilombolas contra el eucalipto es ejemplo claro de ello.

08/GG/CV

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