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Mujeres con baja escolaridad acceden menos a un empleo

Por Guadalupe Cruz Jaimes

En México la inserción de las mujeres al mercado laboral está condicionada sobre todo a su nivel escolar, muestra de ello es que la participación de quienes cuentan con educación superior es del doble de la alcanzada por quienes tienen nivel básico.
 
Lo anterior pone en evidencia que la educación es uno de los ámbitos que “más está contribuyendo a eliminar las inequidades de género” en el trabajo, sostiene el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en su informe “Mujeres y Hombres en México 2011”.
 
El documento refiere que a mayor escolaridad la tasa de participación en el empleo remunerado es más alta, sobre todo entre las mexicanas.
 
Así, la inserción laboral de las mujeres con nivel de escolaridad básico es de 25.3 por ciento, mientras que entre quienes cuentan con educación superior es de 44.2 por ciento. Por su parte, los hombres apenas pasan de 61.2 a 73 por ciento.
 
Otros factores que limitan la participación de las mujeres están estrechamente ligados a la reproducción de los roles de género, asignados socialmente, tales como el cuidado de las hijas e hijos.
 
Lo anterior se traduce en que las mujeres casadas son las que menos participan en el mercado laboral, a diferencia de los hombres en la misma situación.
 
La ausencia de responsabilidades familiares para los hombres en sus hogares les permite insertarse en el empleo.
 
Además la participación de las mujeres en actividades económicas remuneradas está condicionada por el número de descendientes que tengan.
 
Y es que a medida que aumenta el número de hijas e hijos en las familias, las posibilidades de insertarse o mantenerse en el mercado laboral disminuyen, debido a la mayor carga de trabajo en el hogar.
 
Por ejemplo, mientras 4 de cada 10 mujeres con uno o dos hijos participa en el mundo del trabajo, únicamente participan dos de cada 10 mujeres con seis hijos o más.
 
Otra variable que determina el nivel de participación laboral de las mujeres es si son habitantes de una zona urbana o rural, debido a que la brecha de género sigue siendo más alta en el campo que en la ciudad.
 
El Inegi refiere que en las zonas rurales la participación en el trabajo remunerado es más alta en los hombres que en las mujeres. Mientras que en las urbes las mujeres tienen mayores posibilidades de participación en los espacios públicos y sobre todo en el mercado laboral.
 
El Inegi concluye que aunque el número de trabajadoras ha aumentado (42 por ciento), sigue siendo menor a la masculina que rebasa el 70 por ciento, sin contar que ellas se insertan en condiciones de desigualdad.
 
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