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Mujeres de Bacanuchi siguen en pie, a 2 años de derrame en Río

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A dos años del macro derrame de metales pesados en el Río Sonora, sus habitantes recordaron este fin de semana la tragedia, en Bacanuchi, epicentro del desastre, donde comenzó todo.
 
Ejido perteneciente al municipio de Arizpe, el poblado cuenta con alrededor de 200 habitantes, según contó María Clara, mientras nos convidaba café preparado por ella misma en su casa.
 
Bacanuchi es un lugar en donde las mujeres tienen un lugar preponderante como protagonistas de las decisiones. María Clara López Rodríguez, es comisaria municipal; María Rosa Vázquez, es secretaria del comisariado ejidal.
 
“Mi función es ver que todo esté bien en el pueblo, resolver los problemas y si hay cualquier situación, solucionarla y si es más  grave, llevarla a Arizpe para que allá determinen qué hacer”, dice con firmeza María Clara, poseedora de una decidida voluntad para resolver.
 
Un grupo norteño tocaba para amenizar la comida abundante que prepararon las mujeres para agasajar a quienes les visitaron de Hermosillo, Ures, Baviácora, Arizpe, Aconchi, así como corresponsales de medios nacionales e internacionales, que iban a dar cuenta del estado en que se encuentra una de las poblaciones más afectada por el macro derrame de 40 millones de litros -40 mil metros cúbicos-  de solución de cobre acidulado en el Río Bacanuchi y Río Sonora.
 
“Mataron una vaca para la comida para todo el pueblo y para las visitas”, cuenta la gente con el tono de felicidad de los buenos anfitriones.
 
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Para llegar al poblado, hay que cruzar una brecha que une a Arizpe con Bacanuchi, en donde los deslaves, las piedras a medio camino, y los estragos en el suelo producidos por la época de lluvia, hacen que los carros más que ir por una carretera o camino vecinal, vayan sorteando una suerte de escalones, vados y bancos profundos de fango fresco, donde los vehículos se atascan en medio de la nada.
 
Empezamos a ver la realidad de Bacanuchi, aislado, con señal de teléfono intermitente y eso, de una sola compañía. Nos recuerdan que hay otro camino, igual de terracería, que va de Bacanuchi a Cananea y nos adelantan que para el retorno a nuestros lugares de origen lo debemos hacer por la carretera pavimentada. Ese camino es de Grupo México- así nos lo anuncian- y es el único por donde se puede transitar ese tramo; fue abierto por la empresa que los tiene sumidos en la pobreza al ser la causante del derrame de la mina Buena Vista del cobre.
 
Frente a nosotros están las mujeres, las de Baviácora, las de Ures, las de Aconchi, pero sobre todo, las de Bacanuchi, las menos vistas por ser las más aisladas. Escuchamos a Karen Francisca Peña Laguna, joven madre que ha vivido las afectaciones de la contaminación en sus niños, a quienes ha atendido en forma particular en Cananea, Sonora. “Jugaron con nuestra salud y con la de nuestros niños, y eso no se vale”, lamentó.
 
María Cristina Salinas, de Bacanuchi, expuso que cuando ocurrió el derrame hace 2 años, ella tomó agua contaminada. Desde entonces padece problemas respiratorios y de movilidad.
 
Esperanza García Martínez, también de Bacanuchi, pidió a los medios que ahí se reunieron que realmente digan lo que está sucediendo con la economía del lugar, y que no se callen como lo ha hecho “ese señor  Peña Nieto”. Denunció que no han tenido atención a su salud y que el fideicomiso anunciado para abrir pozos nuevos e instalar plantas potabilizadoras, no lo han cumplido.
 
“Se perdió mucho en agricultura, en ganadería, el dinero que les dieron del fideicomiso, los 15 mil pesos ya se acabó. Hay personas mayores que viven con el programa “70 y más” y cuando les quedan veinte pesos se ven en la disyuntiva de comprar comida o comprar un garrafón de agua”, dijo.
 
Francisca García Enríquez, de La Estancia de Aconchi, refrendó que Bacanuchi no está solo, está apoyado por los siete municipios del río Sonora y sus localidades.
 
“No es posible que el gobierno no pueda obligar a la empresa a instalar las plantas potabilizadoras a 2 años de la conflagración. La mina se lleva toda el agua y las ganancias” y agregó que ni siquiera se puede ir de Bacanuchi a Cananea porque el camino está destrozado.
 
Francisca García Gómez recordó que llegó a Bacanuchi en 1981, provenía de Nogales y se casó con un ejidatario. Recuerda que en ese entonces era un pueblo alegre, pintoresco, con aguas cristalinas y con una gran variedad de animales. “Pero el derrame vino a destruir la salud, el ambiente, la economía, una desgracia”, lamentó.
 

 
Rosa María Vázquez nació y creció en Bacanuchi, donde la vida era tranquila y honesta hasta antes del 6 de agosto de 2014, cuando las aguas del río que antes eran cristalinas y se podían beber, fueron cambiadas por un color marrón, espeso, que todo quemaba a su paso.
 
Recordó cómo hasta dos días después del derrame “gente desconocida” recolectaba muestras. Fue hasta entonces que les avisaron que el agua estaba contaminada.
 
Les prometieron 33 plantas potabilizadoras de agua, sólo existe una y únicamente funciona 3 horas al día porque no está pagada la luz y funciona con un generador de diesel que ellos mismos deben pagar.
 

 
Sin embargo, todas coinciden en que Bacanuchi está en pie, unido y dispuesto a luchar.
 
Ya de regreso, nos fuimos rumbo a Cananea siguiendo el camino de Grupo México (GM), sorteando bancos de fango de los cuales lograron salir todos los carros que iban en caravana encabezada por el Grupo Poder e integrantes de la Red Fronteriza de Salud y Ambiente.
 
Grupo Poder acompaña jurídicamente a los pobladores; recientemente anunció el primer logro jurídico al obtener un amparo en un juzgado de Arizona, que obliga a GM a transparentar la información sobre la verdadera situación del envenenamiento del Río.
 
También ha capacitado a los comités de cuenca de cada pueblo, para que se organicen y utilicen las herramientas ciudadanas para la lucha que esperan ganar contra lo que ya llaman “monstruo”, refiriéndose al Grupo México.
 

Mujeres del Río Sonora
 

16/SNE/LGL

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