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Mujeres de tercera edad más vulnerables a depresión y Alzheimer

Por la Redacción

La prolongación de la esperanza de vida y el proceso de envejecimiento en Cuba están cambiando los patrones de morbilidad y mortalidad en la isla, donde se modifica la demanda de los servicios sociales y de salud, alertaron especialistas.

El envejecimiento poblacional es una de los mayores retos demográficos de la isla, donde poco más de 14 por ciento de los 11.2 millones de habitantes cuenta con 60 y más años.

Tras 10 años de investigación sobre el tema, el doctor cubano en Ciencias de la Salud, Héctor Bayarre Vea, estima que las discapacidades físicas y mentales, muy relacionadas con la población senil, se encuentran entre los problemas más graves a enfrentar en un país con una población en proceso de envejecimiento.

Fuentes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) definen las actividades de la vida diaria como el indicador más importante para medir el funcionamiento en las personas mayores y lo define como la capacidad del individuo para llevar a cabo las labores cotidianas esenciales, valerse por sí mismos y mantener una vida independiente.

La salud física y mental es lo que le permite a estas personas realizar actividades básicas como alimentarse solos, vestirse, realizar su aseo personal y necesidades fisiológicas.

También debe existir una integración física y mental para desarrollar otras actividades más complejas como preparar sus alimentos, usar el teléfono, realizar compras, viajar en transporte público y manejar sus finanzas.

Esta tendencia poblacional se debe, fundamentalmente, a la reducción de los niveles de mortalidad y fecundidad, con el consecuente incremento de la expectativa de vida que genera un desplazamiento de gastos hacia los grupos de edades superiores.

Bayarre realizó un estudio de prevalencia y factores de riesgo de discapacidad en ancianos de la capital de la isla y de Las Tunas, provincia situada a 600 kilómetros de La Habana.

Las encuestas aplicadas en la investigación revelaron que, pese a una prevalencia de discapacidad física mayor en la población femenina que en la masculina, el resto de los factores de riesgo no tuvieron diferencias relacionadas con el sexo.

“Esta discapacidad dependió de fracturas de cadera, que limitaron la actividad física y la recuperación de las funciones habituales. La osteoporosis en la mujer después de los 60 años influye directamente en esta frecuencia”, consideró el profesor de la Escuela de Salud Pública.

La tasa de discapacidad en mujeres adultas mayores fue de 40.4 por 100 en Ciudad de La Habana y 39.6 por 100 en Las Tunas. Los hombres, en tanto, reportaron índices de 24.9 en la ciudad capital y 28.5 en la otra provincia estudiada.

El doctor Bayarre concluyó en su investigación que las principales limitaciones para realizar las actividades más complejas de la vida diaria en la ciudad de La Habana fueron la capacidad para el manejo de las finanzas, la utilización del transporte y la preparación de alimentos.

En cuanto a los procesos mentales en las personas mayores, los más afectados fueron el cálculo y la atención, el recuerdo y la orientación.

Desde el punto de vista psicosocial, los factores de riesgo para discapacidad más frecuentes fueron la edad mayor de 80 años, el sexo femenino, la presencia de secuelas por fractura de cadera, la insatisfacción con las actividades cotidianas, la pérdida de rol social y el sentimiento de soledad.

La discapacidad física antecede a la mental y ambas aumentan con la edad. Si bien las funciones fisiológicas se afectan con el proceso de envejecimiento, la mayoría de las y los adultos mayores no presentan alteraciones que influyan en su funcionamiento físico, intelectual o social antes de los 80 años.

La diferencia de discapacidad física por sexo puede deberse a la discreta mejoría alcanzada en la esperanza de vida para el sexo femenino en relación con el masculino. Esto provoca mayor presencia de mujeres en grupos de edades superiores, en las que son más frecuentes las discapacidades señaladas.

Este hallazgo también puede estar relacionado con causas biológicas. Existen enfermedades como el Alzheimer, la depresión, la osteoporosis, la artrosis y la fractura de cadera, a las cuales las mujeres son más vulnerables.

La jubilación influye en el sentimiento de ausencia de rol, de carencia de confidente que es tan importante para exteriorizar los sentimientos, y acelera la pérdida de la capacidad de funcionamiento autónomo. Se ha evidenciado en algunos trabajos que el Alzheimer aparece más temprano cuando no se ejercita la mente.

En las personas de la tercera edad predominan los sentimientos de soledad, los cuales se acentúan con la jubilación, la inactividad y la incomunicación de las jóvenes generaciones con las viejas.

El doctor Bayarre señaló que el ritmo de vida de la ciudad, las limitaciones en el transporte y el carácter cosmopolita hacen que las personas mayores pierdan la comunicación con el mundo exterior y se encierren en sus casas con mayor frecuencia que los habitantes de alguna provincia.

A juicio del especialista, “las y los adultos mayores que se mantienen activos y participativos tienen una mejor percepción de su vejez, se sienten útiles, se relacionan con sus congéneres y disminuyen el deterioro de sus capacidades”.

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