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Mujeres del CGH, flama impresionante en la oscuridad

Por Gladis Torres Ruiz

En el momento que nace el Consejo General de Huelga (CGH) en 1999 en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “las mujeres que eran una especie de velas prendidas, en una oscuridad total, se unieron en una flama impresionante y empezaron a tomar decisiones y acciones a partir de la represión, en la que a pesar de ser universitarias, muchas de ellas vivían”, aseguró Claudia Silvestre ex integrante del CGH.

“La UNAM les dio a estas mujeres la base social y cultural para poder defender sus derechos, en este caso ejercer su ciudadanía a través del CGH, donde cómo a través de todos los años y las revoluciones ellas son mayoría”.

La Huelga en la UNAM de 1999-2000 fue un movimiento estudiantil que se inició el 20 de abril de 1999 en contra de la modificación del Reglamento General de Pagos (RGP) de la más importante institución de educación media-superior, superior y de postgrado del país, ese día en la explanada de la torre de Rectoría, y en 36 escuelas, colegios y facultades, la bandera rojinegra simbolizó el inicio de la huelga más larga que haya vivido la Máxima Casa de Estudios.

El movimiento estudiantil de 1999-2000, en la UNAM, a decir de Luis Javier Garrido, doctor en ciencias Políticas por la Universidad de Paris, desnudó el sistema político mexicano, puso de relieve el papel de los medios masivos de comunicación en el país, evidenció la subordinación de los partidos políticos de oposición alas directrices de Washington y mostró el oportunismo y complicidad de las y los intelectuales mexicanos con el poder.

Claudia Silvestre señaló en entrevista con Cimacnoticias, que el movimiento en la Facultad de Estudios Profesionales Aragón, donde ella estudió la licenciatura en pedagogía, inició días antes con un paro de 48 horas, siendo Aragón la única escuela de estudios profesionales que cerro sus puertas por completo.

“En esta ocasión la mayoría éramos mujeres, cuando en ese paro las autoridades quieren entrar todas las mujeres nos tomamos de las manos formando una gran cadena, es en ese momento que tenemos voz y voto y nos hacemos presentes al no permitir que entren”.

De igual manera, cuando se hace la asamblea con todas las escuelas para ver cuándo íbamos a cerrar –en el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras conocido como “El Che”– la mayoría de las personas que estábamos ahí y votamos a favor de la huelga éramos mujeres, que comprendimos que existían las condiciones para cerrar, afirma la ex integrante del CGH.

Posteriormente se empezaron a integrar las comisiones de finanzas, de difusión, y muchas otras pero una muy representativa, agrega, fue la comisión que se encargaba de la comida, ya que empezaron ha llegar más mujeres, es decir las madres de familia las integrantes de los sindicatos, de los trabajadores de la UNAM, de los electricistas. “nos empiezan a llegar las cazuelas de comida para apoyarnos desde el primer paro”.

En el caso de Aragón, mujeres integrantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI) se organizan empiezan a llevar despensa, de igual manera un grupo de comerciantes de la central de abastos abastece a las y los estudiantes en huelga de despensa.

Claudia subraya que conseguir el apoyo de los comerciantes no fue nada fácil, ya que al grupo de brigadistas, entre los que se encontraba ella, al solicitar el apoyo fuero agredidos, sin embargo, cuando les explicaron que esta huelga no sólo era por ellos sino por el futro de las nuevas generaciones del país, entre las que se encontraban sus hijos, las y los apoyaron hasta el último día.

LA REPRESIÓN EN PREPA 3

La también licenciada en Danza contemporánea por la Escuela Nacional de Danza recuerda con tristeza lo ocurrido en la Preparatoria Nacional número 3, el 1 de febrero de 2000, cuando minutos después de las 2 de la tarde estudiantes huelguistas de la preparatoria avisaron por radio que varios camiones con porros e individuos contratados en la calle y gente de Auxilio UNAM desalojaron con violencia a cerca de 30 universitarios que se encontraban en el plantel.

“Con lujo de violencia sacaron a las chavas y chavos, que para Aragón eran una especie de hijas e hijos, ya que como nos encontrábamos tan alejados del Ciudad Universitaria siempre estábamos al pendiente de lo que ocurría en la prepa. Si preparábamos camiones para una movilización, obviamente los preparábamos para ellos, estábamos comunicados con radios de larga distancia y siempre sabíamos que pasaba con ellas y ellos, este es un momento muy fuerte para el CGH”.

Subraya que sobre esto hay que tener memoria histórica, ya que jóvenes de entre 14 y 19 años fueron golpeados y encañonados para sacarlos de la escuela. Posesionados de las instalaciones, sus agresores se dedicaron a lanzar piedras, botellas, tubos, palos, petardos y bombas molotov a las y los estudiantes, padres de familia y vecinos del lugar que se iban concentrando en las afueras de la Preparatoria, puntualiza Claudia.

En esa ocasión las mujeres seguimos siendo mayoría y las más fuertemente agredidas, tanto física como psicológicamente, nos amenazaban de que nos iban a violar si entrábamos, insultos verbales muy fuertes, todo un montaje para la provocación, preparado por el Gobierno federal y la Rectoría.

El CGH se organiza y comienza a avanzar, después de varios intentos entramos al plantel, huyen los porros, sólo alguno hombres contratados en la calle se quedan y confiesan que los llevaron para “madrear estudiantes, para lo cual les pagaron cincuenta pesos”.

Los granaderos se colocan frente a las instalaciones de la preparatoria y los militares de la PFP forman un círculo y van envolviendo al CGH en la explanada de la prepa.

“Algunas y algunos salimos y otros se quedaron cantando el himno nacional, la mayoría de las voces eran de mujeres y niñas estudiantes de secundaria de la preparatoria 2, las cuales no se echaron para atrás nunca”.

El montaje por parte de las autoridades y los medios masivos de comunicación fue aparatoso, los victimarios fueron presentados “como víctimas de la violencia estudiantil”.

Ese día 86 universitarias y universitarios fueron acusados de los delitos de daño en propiedad ajena, seis más de los delitos de terrorismo y motín, fueron trasladados de inmediato al Reclusorio Norte. Se efectúa una marcha afuera del reclusorio. Los padres de familia se organizan para llevar la batuta de la lucha por la liberación de todas y todos los detenidos. La entrada de los soldados a las demás escuelas se considera cosa de poco tiempo.

Después de esto la también terapeuta en psicodanza afirma que para muchas mujeres integrantes del CGH la situación al interior de sus hogares se recrudeció, “en mi caso mi papá ya no quería que saliera ni me acercara a la escuela, mi mamá y mi papá no me apoyan ya”.

Con al entrada de la PFP, las madres y padres de familia ya no las quieren dejar salir a las mujeres, sin contar lo vivido por las compañeras que estuvieron presas ya que como vivimos en una sociedad machista entrar a un reclusorio era lo peor, además de que en las calles las mujeres del CGH, siempre fuimos denostadas por el simple hecho de ser mujeres, puntualiza Claudia Silvestre.

09/GTR/GG

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