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Mujeres en la informalidad, quienes mueven la economía del país

Por la Redacción

El trabajo informal o por cuenta propia es una estrategia de sobrevivencia para las mujeres, sin embargo es un ámbito desvalorizado por las sociedades y por los Estados, afirmó Ileana Alamilla durante la presentación de la investigación “Perspectivas y realidades de las mujeres que trabajan en la economía informal”, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies).
 
Alamilla, la investigadora principal, dijo que el sueño de las mujeres es tener una vida digna, con salarios justos y aspiraciones de jubilación, sin embargo la falta de políticas públicas y las deficiencias en el marco jurídico guatemalteco merman las oportunidades de la población femenina.
 
El estudio cuenta con un marco conceptual y con un análisis de la situación de los derechos laborales en Guatemala, enfocado en las mujeres; además contiene los resultados de un sondeo realizado a 100 personas sobre el ámbito laboral informal y cinco entrevistas a mujeres que trabajan por cuenta propia.
 
Los resultados de la encuesta desmienten el imaginario social de que las mujeres que están en la economía informal no pagan impuestos o generan cierta carga a los Estados, por el contrario, la sociedad reconoce los aportes que realizan al sostenimiento económico del país, aseguró la investigadora.
 
Cifras incluidas en el documento dan cuenta de aproximadamente 2 millones de mujeres indígenas que trabajan en la informalidad y en condiciones precarias; ellas también deben combinar su tiempo para administrar sus hogares, lo que restringe aún más sus posibilidades de acceder a la educación y a la profesionalización, añadió Alamilla.
 
Estas mujeres son quienes mueven la economía del país, sin embargo es una forma de vida llena de sacrificios, expresó Elizabeth Quiroa, secretaria presidencial de la Mujer.
 
Mirna Nij, trabajadora por cuenta propia, sindicalista y representante de la Central de Trabajadoras del Campo (CTC), hizo una fuerte crítica al concepto de trabajadora informal, pues esconde realidades como la precariedad en el ámbito laboral, la violencia institucional, el acoso y los pagos que las mujeres hacen al Estado.
 
Las vendedoras de la calle y tenderas pagan el impuesto de los productos que venden y contribuyen con el desarrollo económico del país, sin embargo carecen de un lugar digno donde laborar, prestaciones, seguro social y de un plan de retiro apropiado; la informalidad no proviene de ellas, sino del Estado que no genera las condiciones mínimas, añadió Nij.
 
María Magdalena Ortiz, vendedora por catálogo y transportista, aseguró que laboró en el ámbito formal pero la empresa nunca le pagó sus prestaciones completas, tampoco su indemnización. Para la madre de cuatro hijos su mayor anhelo es acceder a un plan de retiro digno.
 
Es un problema que debe ser visto por las sociedades y por el Estado guatemalteco de manera integral, concluyó Magalí Quintana, consultora de la Asies.
 
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