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Mujeres en pie de lucha, la mitad del contingente del SME

Por Guadalupe Cruz Jaimes

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México DF, 16 oct 09 (CIMAC).- ¡No queremos dinero, queremos nuestro trabajo!, demandaron más de 150 mil mujeres y hombres ex trabajadores de Luz y Fuerza del Centro (LyFC), quienes marcharon ayer del Ángel de la Independencia al Zócalo de la Ciudad de México con la finalidad de “echar abajo el injusto decreto de Felipe Calderón que nos dejó sin opciones a alrededor de cuatro mil trabajadoras” de esta compañía paraestatal.

Previamente al anuncio de que el gobierno federal aceptó reunirse con Martín Esparza, dirigente del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), para establecer una mesa de negociación en la que estará presente un representante del Gobierno del Distrito Federal, las y los electricistas, de los que las mujeres representaban poco menos de la mitad, gritaban paso a paso: ¡Aquí se ve la fuerza del SME!

En compañía de cerca de cuarenta organizaciones sindicales, campesinas, políticas y civiles, las mujeres del SME, en compañía de sus hijas e hijos, reiteraron con el puño en alto que están dispuestas a resistir hasta el final del conflicto, “porque está en juego el futuro y presente de nuestras hijas e hijos”, refirió Marisela Rodríguez, ex trabajadora de LyFC desde hace diez años.

“¿Calderón, puedes dormir? Nosotros no, dejaste a mi mamá sin trabajo”, decía la consigna estampada en la manta que sostuvieron los hijos de Marisela durante la manifestación. Ella es madre soltera y sus niños, de siete y nueve años de edad, dependen totalmente del ingreso que ella percibía en la extinta compañía paraestatal.

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Ahora, a cinco días de la liquidación de la LyFC, la ex trabajadora vive “de prestado”, pues asegura que su salario, de ocho mil pesos mensuales, lo destinaba “casi por completo para cubrir los gastos de mis hijos y mi casa. No tenía oportunidad de ahorrar”.

La desaparición de su fuente de trabajo representa la “mayor injusticia”, ya que en su hogar su ingreso era el único que percibía la familia. “Tengo que pagar los gastos de la escuela, la despensa, la renta, el gas, en fin, todos los servicios, ¿y de dónde voy a sacar para costearlos?”, se cuestionó la electricista de 39 años de edad, sin obtener respuesta.

No obstante, sostiene: “prefiero vender paletas, chicles, lo que sea, antes que firmar la liquidación, porque al firmar también estamos renunciando a nuestra antigüedad, al escalafón y a tener un trabajo formal”, refirió categórica.

La misma posición expresó Gabriela Ruiz, ama de casa de 45 años de edad, esposa del electricista Germán González. La también madre de tres hijas e hijos, señaló que “muy a pesar” de la crisis económica y de las carencias en casa, “no vamos a permitir que mi esposo firme”. Por ello, ante las necesidades de su hogar, Gabriela ya ingreso al trabajo informal.

“Desde el martes pasado mis hijas y yo comenzamos a vender quesadillas afuera de mi casa”, dijo la señora González, y añadió que, sin importar cuánto dure este conflicto, confía en que su familia hallará el modo de salir adelante mientras su esposo y su hijo mayor recuperan sus trabajos.

En tanto, con los puños en alto y vestidas de rojo y negro, las hermanas Antonia y Delia Monsalvo gritaban: “¡Ni un paso atrás, ni un paso atrás! El SME está en pie de lucha”.

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Antonia llevaba cinco años laborando en LyFC. Con el cierre de la paraestatal, tres personas más de su familia se quedaron sin empleo. Ella, al igual que las miles de mujeres que asistieron a la manifestación, está convencida de que “resistir” sin un salario no es fácil. Sin embargo, señaló: “como trabajadora y sindicalizada estoy convencida de que esta lucha es la única vía de recuperar nuestro trabajo y los derechos de antigüedad y escalafón”.

Ya en el mitin, entusiasmadas por el anuncio de que existe mayoría en la Cámara de Diputados para llevar a cabo la controversia constitucional –llevado a cabo por Francisco Hernández Juárez, presidente de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y diputado federal del Partido de la Revolución Democrática (PRD) – se unieron con voz potente al grito de: ¡Sí se pudo, sí se pudo!, emitido por la multitud que llenó la Plaza de la Constitución.

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