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Mujeres: más trabajo remunerado, ¿menos bienestar?

Por Cecilia de Paz

Las mujeres siempre han trabajado, sin embargo este trabajo no siempre se ha reconocido como producción económica. Hasta los años 70, la participación de las mujeres decrecía cuando se casaban o iniciaban su vida productiva y aquellas que estaban en el ámbito laboral ?fuera del hogar? eran sobre todo solteras y jóvenes.

De acuerdo con el documento Las mexicanas y el trabajo, de Inmujeres, datos recientes demuestran que esta situación cambió, actualmente trabajan más las mujeres mayores y con hijas e hijos.

No obstante esta nueva situación, la incorporación de las mujeres a la actividad productiva no es suficiente para mejorar su condición social, pues su inserción en la vida económica depende de una distribución más equitativa de las tareas y responsabilidades domésticas entre hombres y mujeres, del acceso a infraestructura y servicios de apoyo y del poder de uso y destino de sus ingresos.

Según el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) la población ocupada femenina en 2004 en el país se concentraba 42.4 por ciento en los servicios y 18.8 por ciento en la industria. En el primer trimestre del 2005, las mujeres que recibían un salario eran el 60.4 por ciento y el 22.1 por ciento trabajaban por su cuenta.

Del total de población de mujeres por sector de actividad, la mayoría se ubican en el terciario (75.5 por ciento) y la actividad económica donde se ubican en primer lugar, en dicho sector, es el comercio (35.9 por ciento). La industria manufacturera es la rama de la economía donde se concentra el mayor número de mujeres ocupadas con el 94.7 por ciento, según esta misma encuesta.

En la política sin embargo hay pocas mujeres, lo mismo en los puestos ejecutivos de las empresas y de los tres poderes del Estado sólo en el Judicial son mayoría las mujeres.

TRABAJO DOMÉSTICO

A nivel nacional, poco más de dos quintas partes de los hogares cuentan con al menos una mujer que percibe ingresos por trabajo extra doméstico, sin embargo el ingreso promedio por trabajo es diferente al de los varones, quienes en términos generales siguen percibiendo un ingreso superior al de las mujeres por el mismo trabajo.

En 21 entidades federativas los hogares que cuentan con la participación femenina en la conformación del ingreso del hogar superan el 40 por ciento, en el Distrito Federal, Aguascalientes, Chihuahua y Baja California, la captación de ingresos por trabajo femenino es superior al 45 por ciento.

El trabajo doméstico no pagado continúa sin ser considerado como riqueza, independientemente de su valor como bien, servicio, actividad y relación establecida para la satisfacción de las necesidades más básicas y relevantes para la existencia y reproducción de las personas, siendo una de las mayores contribuciones de las mujeres a la economía y desarrollo del país.

En 2006, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) señalaba que de los 22.8 millones de mujeres mexicanas que son madres, casi 40 por ciento ?10 millones aproximadamente? trabajan y 22 por ciento son consideradas madres solas, desarrollan actividades económicas, educativas y recreativas, además del convencional cuidado de hijas e hijos, de otros miembros de la familia y de labores domésticas.

CONTRATACIÓN LABORAL

La Encuesta Metropolitana de Remuneraciones (Enrem) de 2003 señala que 64.6 por ciento de las empresas de las zonas metropolitanas de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey prefería contratar a hombres y sólo 34.4 por ciento a mujeres.

Esta situación se acentúa en el sector de electricidad y agua y en la construcción, donde la preferencia por contratar hombres es de 84.3 por ciento y 76.4 por ciento, respectivamente.

“La habilidad específica” para el desempeño del trabajo, es el motivo que se declara como sustento de la preferencia para contratar ya hombres o mujeres, lo cual es particularmente importante para las mujeres en el sector de manufacturas.

La preferencia por contratar varones muchas veces se debe a que el trabajo ofertado no se considera como una labor propia del sexo femenino o bien, requiere de “mayor resistencia física”, particularmente en el sector de la construcción. Otro motivo, en todos los sectores, es el de “mayor adaptabilidad al horario” en todos los sectores. En las mujeres destaca como preferencia “la mayor responsabilidad”.

El incremento de la participación femenina en la actividad económica como consecuencia de la transformación cultural no se ha dado en un contexto económico favorable para el empleo. De hecho, tanto hombres como mujeres han tenido que insertarse en trabajos precarios.

Esto es más marcado entre las trabajadoras, quienes se han venido colocando en empleos de baja calidad, como aquellos de tiempo parcial por razones de mercado, o bien, en puestos que implican largas jornadas laborales y bajos ingresos.

De hecho, las mujeres registran mayores tasas de ocupación en el sector no estructurado de la economía (TOSNE) que los hombres. Esta tasa da cuenta del porcentaje de la población ocupada que labora en micronegocios no agropecuarios, sin nombre o registro, y de aquella ocupada en micronegocios registrados pero que carece de contrato de trabajo y de seguridad social.

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