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Mujeres mexiquenses, atrapadas en el círculo de la violencia

Por Gladis Torres Ruiz, enviada

Las mujeres del Estado de México viven en un círculo de discriminación al que nadie pone atención; son violentadas de manera cotidiana desde niñas en sus hogares y en sus comunidades, pero también cuando se animan a denunciar, señaló Esperanza Arias Velázquez, líder estatal de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos (Ddeser-Edomex).

En entrevista, la activista señaló que en la entidad gobernada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), la discriminación en sus diferentes formas se magnifica en las mujeres indígenas, las jóvenes y las de escasos recursos.

Ddeser-Edomex ha encontrado en todo el estado un alto índice de violencia familiar: las mujeres son golpeadas, maltratadas humilladas, llegando hasta el feminicidio, sin que las autoridades den una respuesta clara, simplemente “son negligentes, no le dan importancia (al tema)”.

Arias Velázquez agregó que en los casos en que las mujeres logran denunciar, no se aplican las medidas de protección como es debido, a pesar de que la entidad cuenta desde agosto de 2008 con su Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la cual los propios funcionarios desconocen, según la dirigente.

“Cuando van las mujeres a denunciar un acto violento dentro de la familia, lo único que hacen es enviar el caso a asuntos de lo familiar; van las dos partes involucradas, hablan y con ello lo resuelven. No existe ningún caso en que se meta a la cárcel a un papá que ha sido agresor durante 10 años. Las mujeres van a denunciar y ahí queda porque no hay procedimiento legal”.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2011 (Endireh) indica que 56.9 por ciento de las mexiquenses de 15 años o más sufrió violencia de pareja.

Esperanza Arias apuntó que las víctimas de violencia tienen que solicitar el apoyo que necesiten, sin embargo es lento y no lo dan tan fácilmente si tú no lo solicitas, “tienes que estar detrás de la o el funcionario para que te den apoyo y respuesta”.

Si no tienes apoyo de una organización civil o alguien que conozca la ley, no hay posibilidad de tener servicios como los albergues, es decir, las mujeres que no tienen resguardo ciudadano o de una abogada o abogado se quedan sin resolver sus casos, abundó.

La activista dijo que las víctimas no denuncian por miedo e ignorancia, ya que no hay información adecuada para ellas.

Temen también que las autoridades las culpen de la violencia sexual en su contra, ya que las cuestionan de por qué salieron a medianoche o por su forma de vestir. Hay un modelo de atención a víctimas del delito que no se aplica, acusó.

AGRESIONES SEXUALES

Según un monitoreo de Ddeser-Edomex, cada día ocho mujeres buscaron asistencia médica en dependencias de salud públicas de la entidad por agresiones sexuales.

La falta de denuncia del delito de violencia sexual es todavía más alta en comunidades marginadas, rurales e indígenas, toda vez que en ocasiones las violaciones sexuales las cometen los mismos parientes o vecinos; es decir se conocen y es difícil salir de ese círculo de violencia en el que viven.

Arias Velázquez mencionó el caso de Jessica Lucero. Ella tenía 14 años cuando tras haber sido violada el pasado 12 de junio por Carlos García Sanjuán, alias “El Quico”, de 22, Jessica y sus padres denunciaron el hecho ante el Ministerio Público (MP) de San Cristóbal, Ecatepec.

Sin embargo las autoridades nada hicieron, y el 14 de julio el cuerpo de la joven apareció en un lote baldío de la colonia El Parque, con golpes en todo el cuerpo y el rostro irreconocible, pues fue atacada a pedradas.

La dirigente de Ddeser-Edomex observó que en los casos de violencia de género las autoridades son muy negligentes y “patanes”, lo que deja a la vista la falta de capacitación.

Añadió que otra de las razones por las que no se denuncia es la ignorancia, ya que las mujeres desconocen las leyes y cómo acceder a un MP, lo que se incrementa en las comunidades rurales e indígenas.

“Hay mujeres que reportan haber vivido violencia desde que eran niñas en su círculo de vida: sus amigos, su familia, y cuando empiezan a trabajar se repite el patrón. Hemos encontrado niñas que a los 13 años ya se tienen que casar y no terminan sus estudios; eso pasa en Zinacantepec: las mujeres que empiezan a menstruar ya se deben casar”.

En procuración de justicia, Esperanza Arias señaló que es nula: “No vemos resultados, la procuraduría no ha hecho algo para apoyar a las mujeres que deciden denunciar, ni siquiera reciben apoyo psicológico”.

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