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Mujeres presas, cárceles insuficientes

Por Lucero Saldaña

La reclusión de mujeres siempre tiene una impacto gravísimo para el tejido social pues son afectadas sus familias, de hecho la mayoría de las cárceles fueron hechas para albergar a varones solamente, de ahí que existan condiciones de hacinamiento ante el creciente número de mujeres presas en México.

Se estima que hay alrededor de ocho mil mujeres en prisión en los 447 centros penitenciarios en todo el país, solamente hay 10 especiales para mujeres, el resto son concentradas en anexos de 220 centros varoniles.

Otro aspecto es la condición de las mujeres reclusas que son madres, por lo que hacen falta centros de reclusión diseñados especialmente para ellas, considerando a sus hijos e hijas, así como las oportunidades de capacitación para el trabajo y de educación ya que del total de reclusas el seis por ciento es analfabeta, el 85 por ciento es madre, y el 70 por ciento de ellas tiene hijos menores de 18 años.

Las mujeres que delinquen son más estigmatizadas que los hombres, se les ve y trata de una forma más degradante, muchas sufren el abandono de sus parejas y familiares. Las visitas tienen un valor invaluable porque ayudan a mantener la frágil conexión familiar y evitan la depresión severa.

Las mujeres continúan siendo juzgadas con más severidad que los hombres por los mismos delitos; además de la carencia de atención pre y posnatal, revisiones periódicas del cáncer cervicouterino y mamario, y de tratamientos de enfermedades infecciosas o trastornos por la menopausia.

La novedad es que con el aumento del número de mujeres en los reclusorios, los problemas de hacinamiento y abusos en las prisiones se han hecho extensivos a todas las entidades federativas.

Las mujeres son rechazadas y abandonadas por sus familias, porque simplemente, “es imperdonable que una mujer cometa un delito”.

Por ello cuando salen, es necesario un proceso de reincorporación a su vida social y afectiva, así como productiva, ya que la mayoría está en edad reproductiva y formaba parte de la población económicamente activa, así, sus familias necesitan de un tratamiento para aceptarlas nuevamente.

Algunas mujeres cometen delitos violentos relacionados con cargas emocionales producto de la infidelidad o bien problemas maritales que pueden conducirlas hasta el homicidio, lo que tiene como consecuencia sentencias largas y de ahí que existan pocas posibilidades de ser liberadas.

El programa de tratamiento en externación, es una modalidad que recientemente se incluyó en el Código Penal del Distrito Federal y a través del cual se permite a las y los presos salir a trabajar durante el día y regresar al reclusorio por la noche.

Si solo reincide el tres por ciento de las mujeres que salen de las cárceles es preciso agilizar sus procesos de preliberación cuando legalmente los casos lo permitan; cuando sean delitos menores, como el robo de medias, o de pañales que constituyen conductas ilícitas que alcanzan el derecho a la libertad bajo fianza.

Aunque imaginamos que si no tenían para los pañales, menos van a tener para pagar la fianza o abogados. Y qué decir de las mujeres indígenas que constantemente son objeto de violaciones a sus garantías individuales y derechos humanos.

Se estima que hay una sobrepoblación en los reclusorios preventivos varoniles y femeniles del 45 por ciento, siendo los femeniles los más sobrepoblados.

En el Distrito Federal el Reclusorio Oriente tiene capacidad para sólo 156 mujeres y en sus instalaciones conviven 479, lo que representa 182 por ciento más con relación a su capacidad instalada. Así el femenil Norte, tiene sobrepoblación del 81 por ciento.

De los 447 Centros con una población de más de 180 mil presos y presas, existen cinco Centros del Gobierno Federal, ocho del Gobierno de la Ciudad de México, 346 de los gobiernos de los estados, y 88 de los gobiernos municipales.

Debido a lo anterior, el estado de Puebla realiza los trámites necesarios para contar con una cárcel de mujeres, lo que significaría una baja de presión a la sobrepoblación, y una mejoría desde el diseño que requiere considerando la condición femenina específica.

* Lucero Saldaña es senadora por el Partido Revolucionario Institucional

lsaldana.spri@senado.gob.mx

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