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Mujeres reclusas: obstáculos y desinformación para prevenir ITS

Por Gladis Torres Ruiz

Aunque hay mujeres recluidas en cárceles del Distrito Federal que pueden ejercer sus derechos sexuales y reproductivos, las “elecciones” de algunas de ellas han sido coaccionadas por otras personas, ya sean sus parejas, sus familias o, en algunos casos, autoridades penitenciarias o sanitarias, informa la investigadora Martha María López Ramos.

López Ramos, especialista en temas de género y autora de la investigación”El acceso a información y a métodos de prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS) en un reclusorio de mujeres del Distrito Federal”, señala que hay diferencias mínimas respecto a las condiciones en las que las mujeres ejercen las prácticas de prevención de ITS antes de estar recluidas y hoy que viven en prisión.

“En ambas situaciones, afirma, se identifica una escasa prevención de infecciones de transmisión sexual”.

Dicha investigación, realizada en 2005-2007, explora y describe las prácticas sexuales y reproductivas de las mujeres en reclusión, evidencia que mientras que algunos aspectos de su vida sexual las mujeres reflejan que han tomado decisiones sin imposición, pero en otras experiencias se muestra, explícita o implícitamente, que sus “elecciones” han sido impuestas.

En cuanto a la información sobre formas de prevención de ITS, María López Ramos, señala que las mujeres refieren que las principales vías de acceso antes del encierro son: mediante instituciones sanitarias y educativas; la socialización con personas de su misma edad y sus primeras relaciones de noviazgo.

La familia es el medio que menos refieren, hecho que no es casual, detalla López Ramos, ya que existe por medio de las instituciones sociales un tabú en lo que se refiere a la sexualidad, de tal manera que el entramado estructural contribuye a reforzar desde diferentes ámbitos un discurso que sanciona el ejercicio de ésta por sí solo, aunque las prácticas sean contrarias.

“Al interior del reclusorio, la principal vía de acceso a la información es a través de cursos que esporádicamente imparte el personal y en mayor medida los que dan personas que generalmente son externas a la institución”.

El documento, presentado por la investigadora en octubre pasado, durante el Coloquio de Estudios de Género, en el Colegio de México (Colmex) con motivo del XXV aniversario del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM), señala que los testimonios recabados revelan que las instituciones sanitarias o educativas juegan un papel muy importante para acceder a la información.

La especialista afirma que por su condición de mujeres reclusas, las mujeres son excluidas de los servicios públicos de salud. “Si bien en el reclusorio tienen servicio médico y por parte del área de trabajo social les imparten cursos de capacitación sobre temas de salud sexual y reproductiva, las mujeres refieren reiteradamente la deficiencia del primero y la insuficiencia del segundo”.

Precisa que al interior del reclusorio se detectó la influencia de dos tipos de obstáculos tanto en el acceso a la información como en las prácticas de prevención de infecciones: los que ellas mismas reconocen que dependen de su propio interés y los que por su situación de reclusión dependen de la estructura penitenciaria.

En cuanto al acceso a métodos de prevención, se reflejan tres escenarios importantes: el primero, que el reclusorio no cuenta con recursos suficientes para brindárselos y el acceso es escaso; el segundo es consecuencia del anterior y consiste en darles la posibilidad de que sean sus familiares quienes se los lleven.

El tercero es que hay un supuesto de que sólo los necesitan las mujeres que tienen relaciones sexuales con hombres y que además éstas deben ocurrir en la visita de pareja. En este caso, el acceso a métodos de prevención depende de sus propias estrategias establecidas con familiares y amistades externas, o bien, de negociaciones con personas internas del reclusorio.

“Hay un escaso uso del condón, existe mayor uso del preservativo en relaciones que reconocen como ocasionales o no estables, pero hacen la distinción de este tipo de relaciones con las que consideran estables, y este factor determina un uso selectivo del preservativo”, señala la especialista.

En esta práctica, el elemento de confianza con la pareja es crucial, lo que en muchas ocasiones impide la negociación del derecho a usarlo y prevenir ITS, puntualiza Martha María López Ramos.

Para ambas situaciones –entre quienes los usan y en las que no–, existe una mayor asociación de que los métodos de prevención aplican sobre embarazos no deseados y hay una brecha importante entre el uso de métodos anticonceptivos y los que utilizan para prevenir infecciones de transmisión sexual.

La apropiación de los derechos, señala López Ramos, implica “una construcción del sujeto como titular de ellos y una autorización de sí misma para su ejercicio”.

08/GT/GG

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