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Mutilación genital femenina, práctica cotidiana en Holanda

Por la Redacción

Se trata de una grave mutilación y, es por tanto, punible. Pero, ¿cómo evitar en Holanda la aplicación de la ablación del clítoris a niñas? Holanda cuenta con un gran número de refugiadas y refugiados de países como Somalia y Sudán, donde la escisión es una práctica cotidiana. La parlamentaria liberal Ayaan Irsi Ali, es partidaria de controlar anualmente a niñas de estos países.

No todos están de acuerdo con la radical iniciativa de la parlamentaria. Pero, ¿qué medidas se toman actualmente? Si bien la ablación del clítoris ocurre en Holanda, pues es una tradición entre las y los refugiados de países como Sudán, Somalia, Egipto y Eritrea, aún cuando se desconocen sus verdaderas dimensiones.

Según la antropóloga Anke Van der Kwaak, vinculada a la Universidad Libre de Ámsterdam, todos estos grupos saben perfectamente que la ablación está prohibida en Holanda y, por tanto, la aplican en la clandestinidad.

Según investigaciones, la extirpación del clítoris se aplica a unas cuatro mil jovencitas, pero, desde luego, en este tipo de estudios tan sólo participan quienes la rechazan. Por encargo del Ministerio de Asuntos Sociales, Van der Kwaak realizó una investigación sobre el tema y sobre medidas para evitar esta amputación, de acuerdo con información de Mujereshoy.

Posiblemente, la mutilación genital femenina data de la época de los faraones egipcios. La tradición, que no es exclusivamente islamita, aún se practica en regiones africanas y asiáticas, donde las mujeres que no se han sometido a esta práctica, son consideradas impuras y, por tanto, no aptas para el matrimonio.

En Somalia se cree, por ejemplo, que al someterse a la ablación, una niña adquiere la virginidad. Tras contraer matrimonio, se incorpora a la familia de su esposo, y sus hijos son una prolongación exclusiva de la línea masculina.

La ablación del clítoris, mutilación o amputación genital, como también se le conoce, se da en diversas formas, que varían de una pequeña incisión hasta la completa extirpación del órgano sexual femenino.

Según la parlamentaria Ayaan Iris Ali, se roba a niñas de cuatro a 12 años de su sexualidad, y se les extirpa el clítoris y los labios de la vulva. Después, tras suturar, se deja una pequeña abertura para la orina y la menstruación. En Holanda, los somalíes aplican la forma más severa de ablación.

Se ha mencionado el caso de una mujer que, desde Italia, visita Holanda para ejecutar mutilaciones en una mesa de cocina. En su estudio, Van der Kwaak señala que algunas niñas viajan a Gran Bretaña para someterse a la sección, por ejemplo en el seno de la comunidad somalí residente en ese país.

La parlamentaria holandesa, Ayaan Hirsi Ali, menciona casos de niñas que, durante las vacaciones, son conducidas a su país natal para que se les practique la ablación. A veces, la mutilación ocurre bajo condiciones primitivas, es decir, sin anestesia, con tijeras o sencillamente con un trozo de vidrio o una cuchilla de afeitar.

En realidad, los verdaderos problemas comienzan después de la dolorosa extirpación, pues las mujeres sufren hemorragias, problemas con la menstruación, infecciones renales o en las vías urinarias. Además, tanto las relaciones sexuales como el parto son sumamente dolorosas.

Por lo general, ni los médicos ni el personal de organizaciones asistenciales saben cómo deben tratar a mujeres que han sido sometidas a la ablación. Los ginecólogos poseen vagos conocimientos sobre la materia, pues examinan a las mujeres durante el embarazo, pero los médicos de cabecera no están suficientemente enterados.

De tal suerte, Van der Kwaak propone que se conceda más atención a la ablación genital femenina durante los estudios de medicina. En la facultad de medicina, donde ella dicta clases, se brinda información sobre el tema, pero, a su juicio, esto debe hacerse de forma estructural.

Por otra parte, tanto mujeres como jovencitas no saben a quién acudir con sus problemas. La asistente social Kulki Hassan, somalí de origen, brinda información a mujeres que han sido mutiladas. Si bien al comienzo difícilmente hablan sobre el tema, con el paso del tiempo toman conciencia de su situación y reconocen que sus problemas con la menstruación y las relaciones sexuales no son normales, y llegan, por último, a la conclusión de que no es lo que desean para sus hijas.

Según la asistente somalí, esto demuestra que su labor tiene sentido. También la investigadora Van der Kwaak coincide en que la educación es un método más efectivo que el sistema de control propuesto por la parlamentaria Ayaan Hirsi Ali, pues la medida atemorizaría justamente a las mujeres. Por el momento, el Gobierno holandés ha creado una comisión encargada de investigar qué medidas se pueden tomar para combatir esta cruel tradición.

Van der Kwaak se manifiesta optimista, pues, en el marco de una investigación realizada por algunos de sus estudiantes sobre la comunidad somalí en la ciudad de Tilburg, se ha comprobado que algunos jóvenes y jovencitas ni siquiera están enterados de la existencia de la ablación genital femenina. A su juicio, esto demuestra que se está produciendo un cambio.

UN CASO

Kulki Hassan, de 31 años de edad, es originaria de Somalia. La ablación va precedida de una gran fiesta en la que la niña recibe muchos obsequios y atención. Kulki misma fue mutilada a los ocho años de edad. Todas sus amigas se habían sometido a la ablación, y, para no ser la excepción, pidió a su madre que le permitiera seguir su ejemplo. Su padre, en cambio, siempre rechazó la extirpación. Sólo más tarde, cuando ya vivía en Holanda y estudiaba enfermería, Kulki comprendió las razones de su padre, quien opinaba que no era normal mutilar a las mujeres.

Actualmente, imparte información a mujeres somalíes. Además, asegura que, si bien no guarda rencor con su madre, uno de los momentos más emotivos de su vida fue cuando su progenitora reconoció su error y le pidió perdón.

2004/GV/SM

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